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jueves, 25 de agosto de 2016

El juego desde la Poesía y su capacidad de aleatoriedad

El juego desde la Poesía y su capacidad de aleatoriedad

                                                        a Gilberto Castañeda




Les propongo un Juego poético conocido por todos, incluso con la variante que les ofrezco y que consiste en escribir a partir de las frases o versos de otros poetas, escribir desde los poemas de otros poetas nuevos versos , nuevos poemas.

Someter los versos del poeta al juego surrelista, es la invitación que hago para aproximarnos, desde la forma lúdica e irreverente, a cinco poetas latinoamericanos

El juego lo inicié como pretexto, para publicar en mi blog algo que homenajeara el Premio Leon de Greiff que acaba de ganar, en la Ciudad de Medellín, nuestro gran poeta, Joven de todos los tiempos, rockero latinoamericano, mochilero, motociclista, herrero, relojero, filósofo, entre otros, Juan Calzadilla.

Tomé los libros: Formas en Fuga. Antología Poética (2010) de Juan Calzadilla, Publicado por Biblioteca Ayacucho; El silencio de las constelaciones. Edición Bilingue (2011) de Ledo Ivo, publicado por Monte Ávila Editores; Poesía y Prosa (2013) de Gustavo Pereira publicado por Biblioteca Ayacucho; Botellas de Náufrago. Antología poética 1973-2008 (2008)  de Juan Manuel Roca, publicado por Monte Ávila Editores; y Vuelta a casa (2007) de Ramón Palomares, publicado por Biblioteca Ayacucho  y realicé con cada libro, el cadaver exquisito de cada poeta, el resultado, para mí en lo personal, fue altamanete satisfactorio, juro ante la certeza de la poesía, que no trampié, ni alteré cada juego, aunque pude permitirmelo en nombre de la belleza, pero estos versos son tan fuertes que se valen por si sólos para hacerse sentir.


Para homenajear a mi Hermano Gilberto Castañeda, gran conversador, ludópata, diligencioso, que supo armarse de palabras orales, de mundos imaginarios, de números, de cábalas, de apuestas, para combatir la adversidad, la contrariedad, la soledad y la pena y que a su vez supo asirse de la aleatoriedad del lenguaje oral, para desarrollar conversas infinitas, y que hoy fisicamente se ha transformado en polvo y espiritualmente en memoria, brindó los resultados de este juego.

La invitación posterior es para los lectores a que puedan llegar a reconocer los poemas donde se oculta cada verso expuesto en estos cadáveres exquisitos. A su vez invitarlos tambien a auto-demostrarse a si mismos como lectores, sus capacidades sibaristas, gastronomicas, o tal vez químicas, tautologicas, seleccionando poetas de su admiración, gusto o/y empatía y desarrollar ejercicios similares, para fortalecimiento de la poesía como escenario para el crecimiento infinito de la imaginación.
















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Cadáver exquisito de Juan Calzadilla

Tratar de cambiar el carácter a una persona
Es la mejor forma de exprimirlo
Que se nos viene encima
De la versificación pura

¿Serémos nosotros?

Olvidando todo recato
Todo poeta actúa convencido de
Que todo lo que descubro se reduce a ellos
Por mas empeño que puse en construirle paso a paso

 























Juan Calzadilla
Altagracia de Orituco, Estado Guárico, 1931.

Poeta, artista plástico, ensayista y traductor. Estudio letras y filosofía en el IPC y en la UCV. Cofundador del grupo El techo de la ballena (1961). Actualmente preside la Galería de Arte Nacional. Recibio el Premio de Poesía, CONAC, 1994. y el Premio Nacional de Artes Plásticas 1997. Su obra poética incluye: Dictado por la jauría (1962), Malos modales (1965), Ciudadano sin fin (1969), Oh smog (1978), Minimales (1993), Principios de Urbanidad (1997), Diario sin sujeto (1999), Aforemas (2004), Libro de poéticas (2006), Formas en Fuga. Antología Poética (2010)






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Cadáver exquisito de Ledo Ivo

El oficio de quien ama es ver dentro de espejismos
Como dos mundos gemelos en un solo astro
En mí, tu espíritu presente
Lo que soñé de niño hoy es verdad
Blancura de la noche
De tu vida oscura entre las calles de Delft
Lo que existió una vez existirá para siempre
Cualquiera que sea el día será.


 
























Ledo Ivo
Brasil 1924 – España 2012

Poeta, Novelista, Ensayista, Traductor, Periodista y Abogado. Su primer libro se publicó en 1944, una colección de poemas titulada As imaginações. El siguiente año publicó Oda e elegia, que fue galardonado con el Premio Olavo Bilac de la Academia Brasileña de Letras y es un punto de inflexión en la historia de la poesía brasileña. La muerte de Mário de Andrade en 1945 dio lugar a un cambio generacional en la poesía brasileña cuya regla era "una invitación a la transgresión",2 con el triunfo de estructuras puramente poéticas.3 Su obra literaria se verá reforzada en las siguientes décadas por libros de poesía, novela y cuentos o reportajes y ensayos. En 1947 aparece su primera novela, As alianças, que tuvo varias ediciones y le valió el premio de novela Fundación Graça Aranha. Continuó con O caminho sem aventura (1948), O sobrinho do general (1964) y Ninho de cobras (1973), uno de sus mayores éxitos, alegoría del totalitarismo de la dictadura militar de Getúlio Vargas. Su última novela fue A morte do Brasil (1984).
En 1949 pronunció en el Museo de Arte Moderno de São Paulo una conferencia titulada La Generación de 1945. Ese mismo año recibió el título de abogado, profesión que nunca ejercería, prefiriendo dedicarse al periodismo. En 1953 visitó varios países europeos durante largas temporadas. En 1986 fue elegido miembro de la Academia Brasileña de Letras.
Publicó dos libros de memorias, Confissões de um Poeta (1979), galardonada con el premio de la Fundación Cultural del Distrito Federal, y O Aluno Relapso (1991).





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Cadáver exquisito de 
Gustavo Pereira


Saqué los ojos al aire y descubrí el día
Tenía razón Buda 
                 La carne es la carne
Su única embriaguez era la de la vida
Y toda la casa queda iluminada
El olvido puede ser saludable
Hacia otros puertos van los años lejanos
perdidos
Para perderse o salvarse
Otra vez en la misma casa
Conversando con las mismas gentes
























Gustavo Pereira
(Punta de Piedra, Isla de Margarita, Venezuela, 1940).

Poeta y crítico literario, abogado  Doctor en Estudios Literarios en la Universidad de París. Fundador del Departamento de Humanidades y Ciencias Sociales y del Centro de Investigaciones Socio-Humanísticas de la Universidad de Oriente. Uno de los poetas venezolanos más importantes de su generación y de la historia literaria venezolana, latinoamericana. Formó parte del grupo “Símbolo” (1958). Fue director  fundador de la Revista Trópico Uno.
Ha publicado: Preparativos del viaje (1964); En plena estación (1966); Hasta reventar (1966);El interior de las sombras (1968); Los cuatro horizontes del cielo (1970); Poesía de qué (1971). Libro de los Somaris (1974); Segundo libro de los somaris (1979); Vivir contra morir (1988); El peor de los oficios (1990); La fiesta sigue (1992); Escrito Salvaje (1993); Antología poética (1994); Historias del Paraíso (1999); Dama de niebla (1999); Oficio de partir (1999) y Costado indio (2001). Recibió el Premio Joven Poesía de las Universidades Nacionales (1965), el Premio Universidad del Zulia (1965 y 1966), el Premio Latinoamericano de Poesía de la Revista Imagen (1970), el Premio Municipal de Poesía de Caracas (1987), Mención al Premio Internacional Pérez Bonalde de la Casa de la Poesía (1992), el Premio Fundarte de Poesía (1993), el Premio de la XII Bienal Literaria José Antonio Ramos Sucre (1997) el Premio Nacional de Literatura (2001) y Premio III Edición del Premio Internacional de Poesía “Victor Valera Mora (2011)”






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Cadáver exquisito de 

Juan Manuel Roca


De sus viajes llegaba primero la sombra que su cuerpo
Ahora que el día de muerto es todos los días
Como su sombrero que siempre estuvo alumbrado por el rojo candil de su cabello
Algunos ciegos recorren como un piano los libros blancos libros que describen
Crecen tulipanes en el parque donde mujeres pasean con levedad de nube

























Juan Manuel Roca
Colombia Medellín 1946.
Poeta, cuentista, Docente y Editor. Transcurre su infancia en México y posteriormente en París. Durante los años 1988 a 1999 coordinó el Magazín Dominical de El Espectador, separata cultural con la que se formó prácticamente una generación, pues en ésta se publicaron un buen número de poemas, reseñas y comentarios sobre los principales poetas modernos y contemporáneos. Fue además cofundador de la revista “Clave de Sol” y del periódico cultural “La Sangrada Escritura”. Además, desde 1986 ha realizado talleres de apreciación poética en la Casa de Poesía Silva de Bogotá. En 1993 recibió el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolivar y en 1997, la Universidad del Valle le otorgó el doctorado Honoris Causa en literatura. Ha participado como jurado en certámenes literarios nacionales e internacionales. Con el libro Las Plagas secretas y otros cuentos ganó el concurso de cuento de la Universidad de Antioquia. Su primera y única novela se titula Esa maldita costumbre de morir, publicada en el año 2003. Es uno de los poetas más leídos en Colombia, con gran recepción en España y Latinoamérica y su obra ha sido traducida entre otros idiomas al francés, sueco, alemán, inglés, neerlandés e italiano





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Cadáver exquisito de 

Ramón Palomares

Desde los elevados sitios del alma se parte el cielo
Yo tenía tanto ganado que se veía como un pueblo
Como a las siete
Entró sacudiendo la lluvia
Después que pasaron las rosas después que pasaron
Me dijo mi padre el Dr Ángel
- ¿Qué haces Romulo?
Echando candela, metiéndose en los oídos, bebiendo sangre
Pues a veces, que el corazón esta lejos de amor y que tus actos
Y algún día serás muro
Decí dónde están los cobritos, dónde pusiste la busaca
Pero el era de un material duro y seco
Deciles que me voy por la noche, por la medianoche me voy






















Ramón Palomares
Escuque, Trujillo (1935) -  Mérida (2015)

Poeta, maestro y licenciado en lenguas clásicas. ha sido traducida al italiano. Fundador del Grupo Sardio y El techo de la ballena. Premio Municipal de Literatura Distrito Federal, Premio Nacional de Literatura; Premio Municipal de Literatura de Mérida, Doctorado Honoris Causa de la ULA. Premio Internacional de Poesía “Victor Valera Mora” 2007. Su obra mas destacada: El Reino (1958), Paisano (1965), Honras fúnebres (1965), Santiago de León de Caracas (1967) y El vientecito suave del amanecer con los primeros aromas (1969).












miércoles, 7 de mayo de 2014

A los 79 años de Ramón Palomares. Brevísima selección

 
Fotografía: Enrique Hernández de Jesús

  

 

Ramón Palomares

(Escuque, Venezuela. 7/mayo/1935)



Hace 79 años vió la luz del mundo el lenguaje andino hecho hombre, el paisaje andino hecho palabra, la palabra andina hecha aliento.

 

Ramón Palomares resemantizó la voz de la humildad, del campo, de la sierra. Revivió los ancestros y trajo de regreso el habla de los Cuicas, la cadencia del labrador, el misterio que se oculta en la mirada de los difuntos de la sierra andina. 

 

Los licores tienen otro sabor en su poema, caliz de los pájaros, sudor del que cultiva en un frailejón todos los dialectos. 

 

En los territorios de su poesía, los difuntos están más vivos que los hombres. 

 

Su poesía es la poesía del lenguaje, del dialecto, del habla.

 

Ramón Palomares logró y logra en sus poemas, al igual que Juan Rulfo en sus relatos, registrar toda una poética del campo, con la intensión de hacer registro de la grandeza oral de nuestros pueblos.

 

El imaginario es creado, asumido y ejercido por los hombres que fundan con el habla un territorio y Ramón Palomares es protagonista como creador y como poeta del lenguaje de los pueblos andinos.

 

Salve Maestro, tu humildad y tu palabra, en estos 79 años, la cual se ha eternizado en nuestra poesía venezolana y latinoamericana.

 

 

 

 


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MÁSCARAS

 
He aquí que existimos en el límite de la mentira
Que nuestra vida es impalpable
Que estas personas representadas pertenecen
A un dueño de otro orden
Cumplimos cabalmente en escena
Ante el gran público. Así recreamos bajo los astros
Y acudimos a una cita en los vientos
Saliendo al paso de nuestras fiestas.
Nuestro corazón está prestado a otros personajes,
Murmuramos un sueño y nuestros labios no son responsables,
Somos bellos o nobles según la circunstancia.
Nos asalta un delirio azaroso
Y caemos en los escenarios bajo una voluntad extraña.
Y no tenemos vida,
Pues andamos sobre ruedas en un país desconocido
Cuyas flores nos interesan de manera frívola
Y cuyas mujeres nos aman en alcobas de falsedad.
Producimos un fuego y su corazón azul
Crepita con más fuerza que el nuestro
En tanto arden los leños a la manera de sangre.
Nos permitimos ser extraños. Falsos.
Llevar una emoción no sincera.
Mientras andamos, desterramos de nuestro cuerpo
En un interminable paseo

 

 

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ELEGÍA A LA MUERTE DE MI PADRE

 

Esto dijéronme:
Tu padre ha muerto, más nunca habrás de verlo.
Ábrele los ojos por última vez
Y huélelo y tócalo por última vez.
Con la terrible mano tuya recórrelo
Y huélelo como siguiendo el rastro de su muerte
Y entreábrele los ojos por si pudieras
Mirar adonde ahora se encuentra.
Ya los gavilanes han dejado su garra en la cumbre
Y en el aire dejaron pedazos de sus alas,
Con una sombra triste y dura se perdieron
Como amenazando la noche con sus picos rojos.
Las potentes mandíbulas del jaguar se han abandonado
A la noche se han abandonado como corderos
O como mansos puercos pintados de arroyos;
Vélos abrirse paso en el fondo del bosque
Junto a los ríos que buscan su lecho subterráneo.
Y de esos mirtos y de esas rosas blancas
Toma el perfume entre las manos y échalo lejos,
Lejos, donde haya un hacha y un árbol derribado.
Ya entró la terrible oscuridad
Y con sus inexorables potencias cubre las bahías
Y hunde las aldeas en su vientre peludo.
Toma ahora el jarro de dulce leche
Y tíralo al viento para que al regarse
Salpique de estrellas la tiniebla.
Pero aquel cuerpo que como una piedra descansa
Húndelo en la tierra y cúbrelo
Y profundízalo hasta hacerlo de fuego
Y que el vapor se hunda con sus exánimes miembros
Y que su fuerza descoyuntada desaparezca
Como en el mes de mayo desaparecen algunas aves
Que se van, errantes, y nadie las distinguirá jamás.
La joven vestida de primavera,
La habitante en colinas más verdes,
La del jardín más bello de la comarca,
La del amante de las lluvias;
La joven vestida de primavera se ha marchado,
Inconstante, como los aires, como las palomas,
Como el fuego triste que ilumina las noches.
Así pues:
Que tus manos no muevan más esos cabellos,
Que tus ojos no escudriñen más esos ojos,
Pues se cansa el caminante que en la cumbre se detuvo
Y que el camino no pudo determinar su fin.
Pon sobre los lechos tela limpia,
Arrójate como el vencido por el sueño
Y como si fueras sobre los campos, sobre los mares,
Sobre los cielos, y más, y más aún:
Duérmete, como se duerme todo,
Pues el limpio sueño nos levanta las manos y nos independiza
De esta intemperie, de esta soledad,
De esta enorme superficie sin salida.
Dijéronme:
Tu padre ha muerto, más nunca habrás de verlo.
Abréle por última vez los ojos
Y huélelo y tócalo por última vez:
Como se toca la flor para la amada, así tócalo;
Como se miran los extraños mundos de un crepúsculo, así míralo;
Como se huelan las casas que habitamos un tiempo, así huélelo.
Ya los zamuros se retiraron a las viejas montañas
Y también los lobos, las serpientes,
Y no saldrán hacia los claros bellos de la luna
Y no escucharán el canto de las estrellas silvestres
Y no detendrán el suave viento que mueve las hojas.
Voltearon y se fueron y ya no quieren más las claridades,
Las claridades que bailan serenamente en las copas.
Ya las flores nacidas anoche,
Como el lirio, como la amapola, como la orquídea blanca;
Las flores nacidas anoche han desaparecido
Y sólo cuelgan con olores tristes de los gajos.
No mires más a los arroyos que se llevaron las aguas,
Las de ayer, las de hoy, las de ahora mismo,
Y por la lejanía no dejes vagar tu mirada
Acuciada por el dolor de los pájaros presos,
Por el dolor de quienes dejaron partir a la amada,
Por el dolor de quien no puede marchar más nunca a su país.
Hace poco tiempo han pasado ante tus ojos
Sobre la tarde gris, por el cielo inhóspito,
Ciertas aves migratorias llenas de tristeza. 






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DICE QUE YA NO LE HACEN FALTA FLORES

                                                    A Baica
 

Dice que ya no le hacen falta flores que paqué 
Que se las guarden pa la fosa —dice
Que se las lleven a la Inmaculada —dice
 —Yo No 
     A mí no 
 
 Por eso está cortando todo
                                          Por allí por allá
 
 No deja nada con cabeza
                Los almendrones se pusieron blancos cuando
                                                        pring!
 
                comenzó a darles encaramado en la escalera                 
                                               El que vive envenenado 

 —A las gallinas 
     Al perro 
     A las matas de rosa 
     A todo A todo lo voy a fregar —dice 
 
 —Paqué flores 
     Paqué tanto animal  
     Pa puro echar jaretas! 
 
     Y Pring,
 
     Suena el machete en la ramita
 
     Corta el filo y en el tronco 
 
 —Que se friegue todo 
     Que se fuña
 
     Y ya en la casa no es más que afanar 
     Y corta que te corta
                                      Y "¡Bajemeeso!"
 Y "¡Tumbemeeso!"
 
 "Qué caray"


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Pajarito que venis tan cansado 


Pajarito que venís tan cansado
y que te arrecostás en la piedra a beber, decíme:
¿no sos Polimnia?
Toda la tarde estuvo mirándome desde no sé donde

Toda la tarde

Y ahora que te veo caigo en cuenta:
venís a consolarme.
Vos que siempre estuviste para consolar
Te figuras ahora un pájaro ¡ah pájaro esponjadito!
Mansamente en la tierra y por la hierbita te acercás:
"yo soy Polimnia" y con razón que una luz de resucitados
ha caido aquí mismo.
Polimnia riéndote,
Polimnia echándote la bendición.
Corazón purísimo.
Pajarito que llegas del cielo,
figuración de un alma.
Ya quisiera yo meterte aquí en el pecho,
darte de comer, meterte aquí en pecho,
Y que te quedaras allí
Lo más del corazón