lunes, 10 de diciembre de 2012

Cuentos Venezolanos de Navidad


  





 RETABLILLO DE NAVIDAD   
 

Aquiles Nazoa


De su esposo en compañía,
soñolienta y fatigada,
por ver si les dan posada
toca en las puertas María.
El le dice: -Esposa mía,
ten calma, vamos a ver...
Nos abrirán al saber
que te encuentras en estado
y un lecho busca prestado
tu niño para nacer.

Pues tiembla la Virgen bella,
él se quita en el camino
su paltocito de lino
para ofrecérselo a ella.
-Vaya mi linda doncella
con este manto abrigada
-dice con gracia forzada
mientras siente las diabluras
que hace el frío en las roturas
de su franela rayada.

De portón van en portón
suplicando humildemente
y en todos les da la gente
la misma contestación:
«Esta casa no es pensión»,
o «¿Cuánto van a pagar?...»
Y en uno que en otro lugar
hay quien al ver a María
dice alguna picardía
para hacerla sonrojar.

¡Qué pobrecitos que son!
¡Qué pena tan sin alivio!
Todos tienen lecho tibio,
¡nadie tiene corazón!
De cansancio y aflicción
la Virgen se echa a llorar
y torna triste a mirar
que en la noche, alta y desierta,
la luna es como una puerta
que se abre de par en par.

A la casa de un pastor
van por fin José y María;
sólo piden hostería
para que nazca el Señor.
Pero hay allí tanto amor
por los buenos peregrinos,
que la pastora sus linos
abandona en el telar
y al punto les va a buscar
cuajadas, panes y vino.

Ya la Virgen tiende el manto
sobre la hierba olorosa;
ya como delgada rosa
se dobla su cuerpo santo;
ya a través de un claro llanto
los ojos del buey la ven;
llora el burrito también.
Y la historia nos relata
que una estrella de hojalata
brilló esa noche en Belén.




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JESUS, JOSE Y MARIA

 OSCAR GUARAMATO

        Al llegar a la cuesta, el asno apresuró la marcha. María buscó acomodo en la montura y miró hacia el hombre. El polvo y el sudor pintaban duros rasgos en el rostro de José. La barba ensortijada parecía ahora un atado de hierbas resecas. María bostezó y el ruido leve al aspirar hizo que el hombre la mirase.
        - ¿Cansada?.
        - No.
        - ¿Sueño, entonces?.
        - No. No siento sueño.
        El hombre cambió de una a otra mano el rugoso bordón. El asno había terminado de subir y ya en la meseta condicionó el trotecillo al hilo del camino.
        - Sí -murmuro el hombre-. Debes estar cansada. Hemos dejado atrás un pueblo y tres aldeas. También un rio. María comentó:
        - Suerte tuvimos en encontrar el río. Estaba sedienta. También tu. Y este -palmoteó sobre el lomo del asno- este no hubiera resistido mi carga, así como estaba... ¿Observaste cuanta agua bebió?. Bueno, ahora es noche y el aire es fresco. Esta mañana casi me ahogo con tanto polvo y tanto sol.
        - El pueblo no esta lejos.
        En los ojos de María hubo un parpadear de inquietud:
        - ¿Encontraremos posada?. En el otro pueblo y en las aldeas por donde pasamos, no encontramos.
        José no respondió. Registró el interior de una bolsa de fibras y sacó un trozo de pan. Mordió un pedazo. Miró a María -blanda de luna, húmeda de frio. Ella sintió el masticar del hombre y preguntó, sin mirarle:
        - ¿Qué comes?. Parece que comieras hojas secas, o cortezas de árboles, ¿qué comes, Jose?.
        - Estoy comiendo pan. ¿Recuerdas, cuando salimos, al hombre que cargaba la ovejita?.
        - ¿La ovejita con la pata quebrada?.
        - Sí. Ese. El mismo que me dijo: "|Que bonita correa, señor!. ¿La cortó usted?".
        - Ah...
        - Comprendí que seria feliz llevándosela y se la di. Al despedirnos, el me dijo: "¿Quiére una de mis ovejas?".
          Pero no podíamos llevar también una oveja con nosotros al lugar donde vamos, y le respondí: "Mucho le agradezco,señor, su ofrecimiento, pero he aquí a María, mi mujer, que pronto tendrá un hijo, y piénsela cuidando a un tiempo a su niño y al asno y a la oveja". Y el sin desmayar en su empeño por retribuirme el regalo, respondió: "Entonces les daré un pedazo de queso y un pan". Queso de oveja y pan de pastor, ¿quieres?.
        En ese instante el asno tropezó un pedrusco  y María estuvo a punto de caer. José alzo el bordón para castigar al animal, pero María -plumón de brisa, rama de rocío- le había mirado y el hombre apagó su ira y solo fustigó con palabras:
        - |Vamos, burrito, vamos!.
        Adelante, bajo la claridad lunar, emergían las primeras
casuchas del pueblo.
        Y por todas las callejas deambuló José en busca de albergue.
Y en todos los sitios le negaron posada. Y sucedió que en la casa del viejo Tobías, había festejos por la boda de su hija. Y cuando llegó José y suplicó cobijo, el viejo se enterneció y ofreció a los forasteros la parte trasera de la casa. Y era aquel lugar donde amontonaban los toneles inútiles, las sillas rotas y el pienso de las bestias. Y en el pesebre nació el niño. Y el niño se llamó Jesús.
        Era ya neblina de madrugada cuando uno de los invitados salio al patio y oyó el llanto del niño. Y llevó la nueva a los que festejaban.
Y todos desfilaron ante el niño. Y todos preguntaban su nombre. Y hubo una mujer que obsequió a María con un racimo de uvas y otra que trajo carne de cabra asada para Jose. Y cuando todos regresaron a la fiesta y María quiso dormir, llegaron tres hombres: rubio uno; moreno el otro;
y negro el tercero.
        Y dijo el negro:
        - Toma, para tu niño.
        Y dio a María un pomo de ungüentos olorosos.
        Y dijo el moreno:
        - Toma, para tu niño.
        Y dio a María un pájaro de siete colores.
        Y entonces el blanco llamó aparte a José y le dijo:
        - Tu vienes de un pueblo lejano. Yo voy hacia un pueblo lejano.
          Tu no posees ni una misera pieza de plata para dar lecho limpio a tu mujer. Yo te daré oro.
        - ¿Oro? -balbuceo' Jose-. ¿Me darás oro?.
        - Sí. Te daré oro reluciente. Oro que nunca has tocado
          con tus manos.
        José miraba al blanco -los ojos de añil, el cabello amarillo, el pecho de gladiador-.
        - ¿En verdad me darás oro? -pregunto' de nuevo-.
        - Ya lo has oído.
        Jesús, el niño, lloraba junto a la lumbre del amanecer.
El hombre blanco sonreía en la bruma. Jose preguntó, una vez mas:
        - Y... ¿a cambio de que me darás tu oro?.
        La sonrisa del blanco llenaba toda su faz.
        - He dicho que voy hacia un pueblo lejano. He caminado durante dias. Mis pies ya no resisten. Yo te doy mi oro y tu me das tu asno...
        En los brazos de María goteaba el llanto del niño. "Es el frio del amanecer" -pensó Jose. El hombre blanco se impacientaba. Jose miró a María -gacela de ámbar, tamborín de miel- y dijo de repente:
        - Trato hecho.
        - Toma tu oro.
        La pieza brillaba en sus manos como un pequeño sol. Y en una de sus caras había un ave con el cuello torcido. Y José observó: "Es un ave de presa".
        El blanco montó sobre el asno y los otros le siguieron.
Sobre el pesebre correteaba el alba.
        Una semana después, Jose Calcurian y María Cumare llegaron a Cabimas. Y era Cabimas lugar donde reuníanse mercaderes de extrañas latitudes. Y uno de ellos, un sirio jorobado, trocó el dolar de oro por monedas de plata. Y, en las manos de Jose y de María, eran las piezas como pequeñas lunas, donde un potrillo blanco corría sin descansar.
Y entraron en la tienda de un liencero árabe y compraron a Jesús un venado de estambre y cuatro camisitas de seda artificial.




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¿Cenan los tigres la noche de Navidad?

Laura Antillano

Era domingo. Mi mamá se puso su falda nueva, se peinó con cuidado, y me dijo: - Sergio, hoy hacemos un paseo al acuario y al zoológico. Yo no iba a ver las toninas del acuario desde hace Uff!, muchísimo, como dos años.
Entonces me puse contento, y nos fuimos a tomar el autobús.
Al llegar ví, en la entrada, a un señor con un burrito de esos de mentira, para que uno se suba y te hacen fotos, también tenía un sombrero grande, si tú quieres te subes al burrito, te pones el sombrero y él te hace la foto, y la saca rápido porque es de esas instantáneas.
Mi mamá me dijo para tomarme una, pero... Yo no quise, tenía tantas ganas de ver los peces que me parecía que iba a quitarme tiempo eso de la foto.
Entramos y ya estaba en el estanque de las toninas el señor que les da de comer. êl se coloca cerquita de ellas y les ofrece la comida pero primero las pone a hacer trucos, levanta un aro rojo muy grande, y a la que salte por el aro le da una sardinita.
Después le tira la pelota y ellas juegan, la hacen rebotar, la atajan, y entonces el señor les da sardinitas, y el público aplaude.
Uno sigue caminando por el pasillo y se encuentra con las peceras, me cansé de mirar peces distintos allí!, de río y de mar.
Había unos planitos pero grandísimos que mi mamá dice que comen carne, tienen los ojos como bolitas de vidrio, nadan lentamente, y parece que nos vigilaran a los que estamos allí mirando.
También hay anguilas, ésas tienen electricidad, y les ponen unos bombillos afuera para que uno vea cómo se encienden cuando ellas descargan.
Vi tantos niños y muchachos ese día, mi mamá se echó a reír porque en un pasillo donde nadie los veía, estaban unos muchachos con uniforme de la escuela enseñándose pasos de baile, uno escogió uno muy complicado y cuando lo hizo se cayó y siguió en el piso dando vueltas.
Mi mamá dijo que le parecía raro que escogieran el acuario para aprender a bailar, pero a lo mejor es que no quieren que las muchachas los vean... digo yo.
Salimos del acuario y atrás está el zoológico, es muy complicado pasar porque hay escalones y escalones, hay que mirar primero la jaula grande de los pájaros, donde lo que más hay son turpiales, unos amarillos con las alas negras.
Hay un estanque grande, y a los lados quedan los caminitos para ir a las jaulas de los animales, me llamó mucho la atención lo chiquitos que son, quiero decir, todos son cachorros, raro, ¿verdad?
Bueno, uno veía un cartel que decía: Tigres, y subes las escaleras y hay: cachorritos de tigre!, tres caminando de un lado para el otro.
Después dice: Gato montés, y uno va a verlo y es igual: me pareció tan chiquitico y delgado, echado junto a un pote de agua y unos cambures, ¿comen cambures?
Mi mamá ya estaba cansada de caminar y se sentó en un banco, yo seguí viendo las otras jaulas, caminito arriba, y encontré hasta leones, pero también parecían gaticos y además... estaban tristes!
Cuando bajé a encontrarme con mi mamá ella estaba mirando el garzón soldado, él es blanco en la parte de abajo de su cuerpo, la cabeza es oscura y tiene un pico muy largo, se mantiene recto, erguido, y es como serio.
Mi mamá había sacado de la cartera su camarita fotográfica y estaba enfocando al garzón.
Cuando me vio venir me dijo:
-Sergio, ponte allí cerca del garzón soldado, para tomarte una foto-. Yo lo miré con un poco de preocupación, porque él estaba allí cerca del estanque, de pie en una sola pata, y no me gustó la mirada que me dio, pero... me puse cerca y traté de hacer una sonrisa con mi boca para la foto de mi mamá, y cuando ya casi estábamos en "pose" el garzón alargó su cuello y me agarró la barriga con su pico! Uyyyyyyyy! Yo pegué un grito tan grande que el garzón me soltó rápido y corrí a la falda de mi mamá, ella primero puso cara de susto, blanca como la leche!, se quedó con la boca abierta como los muñequitos en los dibujos animados, pero después empezó a reírse conmigo, y los dos salimos pura risa y risa del susto que habíamos pasado.
Esa tarde, mientras mamá envolvía los regalos de Navidad para mi abuelo, mi tío y mis tías, y Catia, Josefina y Francisquito, que son mis primos, y yo la ayudaba a cortar la cinta y a escoger los papeles con dibujitos que se parecieran a la gente, yo pensaba y pensaba, ¿saben en qué?, pues en los felinos.
Mi mamá que casi todos los animales que vimos en el zoológico se llaman felinos.
Desde los gatos hasta los leones, pasando por el puma y el leopardo, todos son felinos, y entre ellos deben ser tíos y primos y abuelos, se parecen tanto!
Les decía pues, que no hice más que pensar en los felinos del zoológico porque me parecieron tan tristes, tan chiquiticos, cerraba mis ojos y los veía, dando vueltas en esas jaulas y como mirando hacia un lugar lejano, pensé:
¿Los traerían del Safari Carabobo? ¿Sus papás estarán allá?
Le pregunté a mi mamá y ella se quedó pensando mientras le echaba las fruticas confitadas a la mezcla de la torta negra, y me dijo:
-No sé, Sergio, en Margarita también había un Safari y se acabó, a lo mejor estos cachorritos nacieron allí...
¿ Por qué no me ayudas a ponerle mantequilla al molde de la torta?
Mientras busqué la mantequilla se me ocurrió una idea, pero no podía decírsela a mi mamá todavía, porque era una idea un poco... como les diré, un poquito rara.
Ella puso la torta y me invitó a que sacáramos de las cajas las piezas del pesebre, esas figuritas están en la casa hace muchos años, uffff!, desde mucho antes de que yo naciera, mamá las saca todas las navidades y arregla con tela y papel periódico las montañas, para colocar la casa grande, donde va el niño y todo eso, y luego las colinas, donde pone espejitos que hacen de lagos, pastores con ovejas y casitas con papel de seda y escarcha en las ventanas, a mí me gusta ver cómo salen de las cajas todas esas cosas, cómo se va armando el pueblo, y cómo las ramas de los árboles que son de papel rizado duermen dentro de las cajas, pero al sacarlas y abrirlas con cuidado, ellas vuelven a estar despiertas y frondosas otra vez, una vez cada año.
Me puse a ordenar en el piso todos los animalitos que encontré, tenemos sobre todo gallinas y patos, ovejas mínimas que hizo Patricia, una prima de mamá, y un pavo real con la cola llena de colores.
Pero... no vi felinos.
Mamá, ¿por qué no hay tigres en el pesebre?
¿Tigres?!
Y a mi mamá se le cayó la guirnalda de papel de seda que estaba intentando colocar arriba en el techo, para colgar de ella la estrella de Belén, y ella misma casi se cae también.
Pues, tigres... ¿y para qué tigres?
Mira porque...
Hay caballos y gallinas, y hasta un elefante. ¿por qué no tigres?
Mamá se bajó de la escalera, se sentó en un escalón, puso cara de pensar y dijo: Verdad, ¿por qué no?
Mamá, yo tengo entre mis juguetes unos tigres pequeños, ¿puedo traerlos y ponerlos aquí?
Sí, sí. Tráelos.
Cuando terminamos, el pesebre era todo un esplendor, tenía lucecitas que se prendían y se apagaban, casas en las laderas y gente conversando en todas partes, y a los tigres los pusimos en algunos patios jugando con niños o mirando a los patos en un lago de espejito.
Mi mamá hizo muchas bromas sobre lo que cenarían los tigres la noche de Navidad pero yo le contesté, que como era noche de Navidad seguro que los tigres se portaban bien y hasta jugaban con los patos y los demás.
Y yo creo que si son tigres domesticados... bueno.
Pero aproveché que mi mamá hablaba de tigres y de cena para explicarle mi plan.
Mamá había hecho un rico queso relleno de gallina que le enseñó a hacer mi tía Lucía y que además a ella se lo enseñó la abuela, y mamá dice que ese plato se comía siempre en su casa el día de Navidad.
Entonces tenemos ese queso rico, tenemos jamón, que ella mandó a cocinar en el horno de la panadería, tenemos una rica torta negra, y bueno... resulta que mi abuelo, mis tíos y mis primas están en Maracaibo y no pueden venir, y nosotros no vamos a ir, y en este barrio somos nuevos,... mamá prepara los regalos y las tarjetas y lo envía todo; pero la cena, bueno la cena es para nosotros dos...
Entonces... seguro que ustedes ya saben lo que yo pensé... bueno, eso fue lo que le propuse a mamá...
Ella se me quedó mirando como me mira siempre que necesita buscar una respuesta y tiene dudas, y dijo:
Pero, la noche de Navidad debe estar cerrado el zoológico..
Sí mamá, pero alguien debe cuidar los animales, seguro que a algunos de los guardias les toca turno esta noche.
-Verdad que sí, y habrá luces también.
Sí, y los felinos no se van a sentir tan solitos, y si no sabían lo que era eso de Navidad se enteran.
Y... Aquí estamos, mi mamá arregló todo en una cesta grande, dividió el queso en porciones, buscó platos de cartón, cubiertos, servilletas, preparó el ponche crema, que también le enseñó a hacer tía Lucía, jugo de parchita, un termo con agua, los dulces, el pan de jamón, y con eso nos vinimos aquí.
Mamá arregló todo sobre un mantel en la grama, y aquí están los señores que cuidan los animales y limpian de hojitas secas los caminos, sentados con nosotros, hay uno que hasta a cantado canciones esta noche, y yo estoy contento porque me gusta como mi mamá se ríe y porque, ustedes no lo creerán, pero, a estos felinos sí que les gusta el queso relleno de gallina que preparó mi mamá, además, estoy seguro de que ahora ellos saben lo que es esto de Navidad.

  
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DE CÓMO PANCHITO MANDEFUÁ 
CENÓ CON EL NIÑO JESÚS. 

                                                   José Rafael Pocaterra


I
 
A tí que esta noche irás a sentarte a la mesa de los tuyos, rodeado de tus hijos, sanos y gordos, al lado de tu mujer que se siente feliz de tenerte en casa para la cena de navidad; a ti que tendrás a las doce de esta noche un puesto en el banquete familiar, y un pedazo de pastel y una hallaca y una copa de excelente vino y una taza de café y un hermoso “Hoyo de Monterrey”, regalo especial de tu excelente vicio; a ti que eres relativamente feliz durante esta velada, bien instalado en el almacén y en la vida, te dedico este cuento de Navidad, este cuento feo e insignificante, de Panchito Mandefuá, granuja billetero, nacido de cualquiera con cualquiera en plena alcabala, chiquillo astroso a quien el Niño Dios invitó a cenar.

II
 
Como una flor de callejón, por gracia de Dios no fue palúdico, ni zambo, ni triste; abrióse a correr un buen día calle abajo, calle arriba, con una desvergüenza fuerte de nueve años, un fajo de billetes aceitosos y paltó de casimir indefinible que le daba por las corvas y que era su magnífico macferland de profundos bolsillos profundos, con bolsillito un pequeño para los cigarrillos, que era su orgullo, y que le abrigaba en las noches del enero frío y en los días de lluvia hasta cerca de la madrugada, cuando los puestos de los tostaderos son como faros bienhechores en el mar de niebla, de frío y de hambre que rodea por todas partes en la soledad de las calles, al pobre hamponcillo caraqueño. Hasta cerca de media noche, después de hacer por la mañana la correría de San Jacinto y del Pasaje y el lance de doce a una en las puertas de los hoteles, frente a los teatros o por el boulevard del Capitolio, gritaba chillón, desvergonzado, optimista:

-Aquí lo cargooo…El tres mil seiscientos setenta y cuatro, el que no falla nunca ni fallando, ¡archipetaquiremandefuá…!

El día bueno, de tres mil billetes y décimos, Panchito se daba una hartada de frutas; pero cuando sonaban las doce y sólo- después de soportar empellones, palabras soeces, agrios rechazos de hombres fornidos que toman ron- contaban en la mugre del bolsillo catorce o dieciséis centavos por pedacitos vendidos, Panchito metíase a socialista, le ponía letra escandalosa a “La maquinita” y aprovechaba el ruido de una carreta o el estruendo de un auto para gritar obscenidades graciosísimas contra los transeúntes o el carruaje del General Matos o de cualquiera de esos potentados que invaden la calle con un automóvil enorme entre una alarido de cornetas y una hediondez de gasolina…; y terminaba desahogándose con un tremendo “Mandefuá” donde el muy granuja encerraba como en una fórmula anarquista todas sus protestas al ver, como él decía, las caraotas en aeroplano.
Quiso vender periódicos, pero no resultaba; los encargados le quitaron la venta: le ponía el “mandefuá” a las más graves noticias de la guerra, a las necrologías, a los pesares públicos:

-Mira hijito- le dijeron- mejor es que no saques el periódico, tú eres muy “Mandefuá”.

III

Tuvo, pues, Panchito su hermoso apellido Mandefuá, obra de él mismo, cosa esta última que desdichadamente no todos son capaces de obtener, y él llevaba aquel Mandefuá con tanto orgullo como Felipe, Duque de Orleans, usaba el apelativo de Igualdad en los días un poco turbios de la Convención, cuando el exceso de apellidos podía traer consecuencias desagradables.

Pero Panchito era menos ambicioso que el Duque y bastábale su “medio real podrido”- como gritaba desdeñosamente tirándoles a los demás de la blusa o pellizcándoles los fondillos en las gazaperas del Metropolitano.

-Una grada para muchacho, bien ¡Mandefuá!

De sus placeres más refinados era el irse a la una del día, rasero con la estrecha sombra de las fachadas, y situarse perfectamente bajo la oreja de un transeúnte gordo, acompasado, pacífico; uno de esos directores de ministerio que llevan muchos paqueticos, un aguacate y que bajan a almorzar en el sopor bovino del aperitivo:

- El mil setecientos cuarenta y siete ¡mandefuá!
- Granuja ¡atrevido!

Y Panchito, escapando por la próxima bocacalle, impertérrito:

-Ese es premiado, ¡no se caliente mayoral!

El título de Mayoral lo empleaba ora en estilo epigramático, ora en estilo
Elevado, ora como honrosa designación para los doctores y generales del interior a quienes les metía su numeroso archipetaquiremandefuá.
Y con su vocablo favorito, que era panegírico, ironía, apelativo –todo a su tiempo-, una locha de frito y un centavo de cigarros de a puño comprado en los kioscos del mercado, Panchito iba a terminar la velada en el Metro con “Los misterios de Nueva York”, chillando como un condenado cuando la banda apresaba a Gamesson advirtiéndole a un descuidado personaje que por detrás le estaba apuntando un apache con una pistola o que el leal perro del comandante Patouche tenía el documento escondido en el collar. Indudablemente era una autoridad en materia de cinematógrafo y tenía orgullo de expresarlo entre sus compañeros, los otros granujas:

-Mira, vale, para que a mí me guste una película tiene que ser muy crema.

IV
 
Panchito iba una tarde calle arriba pregonando un número “premiado” como si lo estuviese viendo en la bolita… Detúvose en una rueda de chicos después de haber tirado de la pata a un oso de dril que estaba en una tienda del pasaje y contemplando una vidriera donde se exhibían aeroplanos, barcos, una caja de soldados, algunos diávolos, un automóvil y un velocípedo de “ir parado”… Y, de paso rayó con el dedo y se lo chupó, un cristal de la India a través del cual se exhibían pirámides de bombones, pastelillos y unos higos abrillantados como unas estrellas.
En medio del corro malvado, vio una muchachita sucia que lloraba mientras contemplaba regada por la acera una bandeja de dulces; y como moscas, cinco o seis granujas, se habían lanzado a la provocación de los ponqués y de los fragmentos de quesillo llenos de polvo. La niña lloraba desesperada, temiendo el castigo.
Panchito estaba de humor; cinco números enteros y seis décimos ¡ochenta y seis centavos! La sola tarde después de haber comido y “chuchado”… Poderoso. Iría al Circo que daba un estreno, comería hallacas y podría fumarse hasta una cajetilla. Todavía le quedaban dos bolívares con que irse por ahí, del Maderero abajo para él sabía qué… ¡Una noche buena crema!
Seguía llorando la chiquilla y seguían los granujas mojando en el suelo y chupándose los dedos…
Llegó un agente. Todos corrieron, menos ellos dos.
-¿Qué fue? ¿Qué pasó?
Y ella sollozando:
Que yo levaba para la casa donde sirvo esta bandeja, que hay cena para esta noche y me tropecé y se me cayó y me van a echar látigo…
Todo esto rompiendo a sollozar.
Algunos transeúntes detenidos encogiéronse de hombros y continuaron.
-Sigan, pues- les ordenó el gendarme.
Panchito siguió detrás de loa llorosa.
-Oye, ¿cómo te llamas tú?
La niña se detuvo a su vez, secándose el llanto.
-¿Yo? Margarita
-¿Y ese dulce era de tu mamá?
-Yo no tengo mamá.
-¿Y papá?
-Tampoco
-¿Con quién vives tú?
-Vivía con una tía que me “concertó” en la casa en que estoy.
-¿Te pagan?
-¿Me pagan qué?
Panchito sonrío con ironía, con superioridad:
-Guá, tu trabajo: al que trabaja se le paga, ¿no lo sabías?
Margarita entonces protestó vivamente:
-Me dan la comida, la ropa y una de las niñas me enseña, pero es muy brava.
-¿Qué te enseña?
-A leer… Yo sé leer, ¿tú no sabes?
Y Panchito, embustero y grave:
-¡Puah! Como un clavo… Y sé vender billetes, y gano para ir al cine y comer frutas y fumar de a caja…
-Dicho y hecho, encendió un cigarrillo… Luego, sosegado:
-¿Y ahora qué dices allá?
-Diga lo que diga, me pegan…- repuso con tristeza, bajando la cabecita enmarañada.
-¿Y cuánto botaste?
-Seis y cuartillo, aquí está lista- y le alargó un papelito sucio.
-¡Espérate, espérate!- le quitó la bandeja y echó a correr.
Un cuarto de hora después volvió:
-Mira, eso era lo que se te cayó, ¿nojerdá?
Feliz, sus ojillos brillaron y una sonrisa le iluminó la carita sucia.
-Sí… eso.
Fue a tomarla, pero él la detuvo:
- ¡No, yo tengo más fuerza, yo te la llevo!
-Es que es lejos- expuso tímida.
-¡No importa!
Por el camino él le contó, también que no tenía familia, que las mejores películas eran en las que trabajaba Gamesson y que podían comerse un gofio…
-Yo tengo plata, ¿sabes?- y sacudió el bolsillo de su chaquetón tintineante de centavos.
Y los dos granujas echaron a andar.
Los hociquillos llenos de borona, seguían charlando de todo. Apenas si se dieron que llegaban.
-Aquí es… dame.
Y le entregó la bandeja.
Quedarónse viendo ambos los ojos:
-¿Cómo te pago yo?- le preguntó con tristeza tímida.
Panchito se puso colorado y balbuceó:
-Si me das un beso.
-¡No, no! ¡Es malo!
-¿Por qué…?
-Guá, porque sí…
Pero no era Panchito Mandefuá a quien se convencía con razones como ésta; y la sujetó por los hombros y le pegó un para de besos llenos de gofio y de travesura.
-Grito…, que grito…
Estaba como una amapola y por poco tira otra vez la dichos dulcera.
-Ya está, pues, ya está.
De repente se abrió en ante portón. Un rostro de garduña, de solterona fea y vieja apareció:
¡Muy bonito el par de vagabunditos estos!- gritó.
El chico echó a correr. Le pareció escuchar a la vieja mientras metía dentro a la chica de un empellón.
-Pero, Dios mío, ¡qué criaturas tan corrompidas éstas desde que no tienen edad! ¡Qué horror!

V
 
¡Era un botarate! No le quedaban sino veintiséis centavos, día de Noche Buena… Quien lo mandaba a estar protegiendo a nadie…
Y sentía en su desconsuelo de chiquillo una especie de loca alegría interior… No olvidaba en medio de su desastre financiero, los dos ojos, mansos y tristes de Margarita. ¡Qué diablos! El día de gastar se gasta “archipetaquiremandefuá…
A las once salió del circo. Iba pensando en el menú: hallacas de “a medio”, un guarapo, café con leche, tostadas de chicharrón y dos “pavos rellenos” de postre. ¡Su cena famosa! Cuando cruzaba hacia San Pablo, un cornetazo brusco, un soplo poderoso y Panchito Mandefuá apenas quedó, contra la acera de la calzada, entre los rieles del eléctrico, un harapo sangriento, un cuerpecito destrozado, cubierto con un paltó de hombre, arrollado, desgarrado, lleno de tierra y de sangre..
Se arremolinó la gente, los gendarmes abriéndose paso…
-¿Qué es? ¿Qué sucede allí?
-¡Nada hombre! Que un auto mató a un muchacho “DE LA CALLE”
-¿Quién…? ¿Cómo se llama…?
-¡No sé sabe! Un muchacho billetero, un granuja de esos que están bailándole a uno delante de los parafangos…- informó, indignado, el dueño del auto que guiaba un “trueno”.

VII
 
Y así fue a cenar en el Cielo, invitado por el Niño Jesús esa Noche Buena, Panchito Mandefuá….


jueves, 6 de diciembre de 2012

Diablos Danzantes declarados como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad

Tomado de avn.

Diablos Danzantes declarados como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad 

 



06/12/12.- La declaración de los Diablos danzantes de Corpus Christi como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por parte de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco, por sus siglas en inglés), anunciada este jueves, reconoce la condición multiétnica y pluricultural consagrada en la Constitución venezolana, destacó el viceministro de Identidad y Diversidad Cultural, Benito Irady.

“Es un hecho excepcional. Se reconoce una de las más significativas manifestaciones de nuestras tradiciones populares y se destaca una historia que del siglo XVII al XXI suma una constante transmisión de generación en generación”, destacó desde la ciudad de París, Francia.

Resaltó el interés y esfuerzo del gobierno venezolano por proteger y realzar los valores culturales de la nación.

“A partir de la Constitución de 1999 se han realizado esfuerzos inmensos por proteger el patrimonio y crear valores culturales”, enfatizó Irady.

Al referirse al fortalecimiento que han realizados los gobiernos de la región, al aplicar mecanismos de intercambio cultural entre los pueblos, expresó: ”Venezuela y América Latina Unida”.

Este jueves, durante el segundo día de la VII reunión del Comité Intergubernamental para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, que se realiza en París, se aprobó el ingreso de esta manifestación venezolana compartida por 11 cofradías en el país que rinden culto al Santísimo Sacramento nueve jueves después del Jueves Santo.


AVN/ FOTO ARCHIVO

domingo, 18 de noviembre de 2012

El Techo de la Ballena. Vanguardia de la poesía venezolana

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Elegía a El Techo de la Ballena 

 

De las profundidades de esta tierra
que acumula sus aguas
época de sequía
una ballena rompe su techo

surgen letras desnudas
que tejen amores en un poema
bestias que sonríen decapitadas
difuntos que vuelven de la muerte a hablar del mediodía
con tonadas andinas
sin máscaras

Memoria Portátil del Libro de Héroes
el Ojo D'Jesús la grabó en su daguerrotipo

Desde el tanatorio o la sala de juegos
fluye la mar de las entrañas

todo la tierra es un océano

En la intemperie el agua es menos densa
en las profundidades mas opaca
clarol de verdes ocres
reverberando algas silvestres

cuando la tiranía fingió dormir su siesta
y despierta se soñó
asesinando gacelas
arponeando delfines
desollando alcaravanes
ella se multiplicó como los sueños

todos los ballenatos cantaron
su grito como fino licor servido en copa de hueso
y la tiranía se vio intimidada
y quiso ahogarles en alcohol

pero el universo de sus mares es extenso
y no pactan no entregan
no olvidan

su canto evoluciona

y nuevos tonos se hicieron a la mar
no hay vicio posible que detenga su vuelo
aún no es tiempo de embarrancar
ni de morir varada
en cualquier triste orilla

Todos los Ballenatos
se hacen a la mar cada segundo
y lo que fue aridez recibe su humedad
y lo que fue silencio entona su canción
y lo que estuvo detenido
se mueve en las corrientes
y se abre a nuevos mundos.


José Javier Sánchez



lunes, 15 de octubre de 2012

LA ESQUINA DEL CALLEJON


  

 
La Esquina del Callejón




A los movimientos sociales y culturales que florecieron en Venezuela en la década de los ochenta y los noventa del Siglo XX, les tocó, desde la resistencia cultural, dibujar la utopía en un escenario que ofrecía, decadencia, depresión, violencia asentada, surgimiento de la delincuencia como escenario mediático de las comunidades, donde el poder económico y político pretendió sustituir la insurgencia popular, revolucionaria, por la delincuencia juvenil. Algunos jóvenes del movimiento popular terminaron siendo delincuentes, asesinados por bandas entre si, y esto lo quisieron vender como  estética urbana.  Y pretendieron sembrarnos desde su hegemonía mediática la estética del barrio, como estética de la delincuencia, de la violencia desquiciada y del consumismo, de la marginalidad y la ignorancia. Y pretendieron vender ese país e inundarlo con las drogas y con necesidades inmediatas prefabricadas en laboratorios de mercadeo.
Otros Jóvenes fueron asesinados en las represiones al movimiento estudiantil, donde el aparato de gobierno imponía su violencia a través de los casco blanco de la hoy extinta Policia Metropolitana.
La resistencia surgió como flor silvestre en nuestros pueblos y barriadas, y nos hicimos gente de teatro, trovadores, poetas, juglares y artesanos. Y nuestras calles y nuestras casas y nuestras ciudades, alcanzaron la dimensión de nuestros sueños.
Así en Catia, 23 de Enero, Caricuao, La Vega, San Agustín, El Valle, La Pastora, el Cementerio, Macarao y Antimano, por nombrar parroquias emblemáticas de caracas, surgieron movimientos populares de calle, que protestaban por el aumento del pasaje, por la falta de agua, por la represión estudiantil, por la imposibilidad de ser oficialmente reconocidos como ciudadanos.
La Esquina del Callejón es una agrupación que nació en la Parroquia Antimano, sus integrantes son seres surgidos de la crónica de nuestra ciudad. Que apostaron a la utopía, que no se conformaron con la cuarta república, que visualizaron la posibilidad de hacer del barrio y de la ciudad un espacio de revoluciones.
Y desde la palabra confrontaron al Estado Burgués, a su ideología y sus estéticas y apoyaron los movimientos populares. 
Sus integrantes Alejandrina Reyes, Aracelis García, Carlos Zerpa Villalta, Lilia Esther Borjas, Gilberto Gutirrez,  Ivan Villamizar, Oscar Rodríguez,  y Miguel Rivera(+) hoy siguen haciendo al país, lo construyen, desde la  responsabilidad de hacer ciudades mágicas, donde el hombre, deje de ser espectador y cada vez con mas fuerza, se convierta en protagonista de su historia,
Todos los que los conocemos, de una u otra forma, nos convertimos en poetas de esquina, parte de ese colectivo, y atizamos sus leños para que su presencia siga haciendo historia entre nosotros. Para que quede claro, que sus poemas son parte de la historia de nuestra poesía
Aquí ofrezco una breve selección, tomadas de otra selección que hiciera el perro y la rana, a través del Sistema Nacional de Imprentas y con ello pretendo rendir un pequeño homenaje a tan grandes amigos, en la palabra, la acción y sobretodo,  los sueños y a su vez reproduzco el texto literal de Oscar Rodríguez que sirvió de Presentación a tan valiosa publicación








 Alejandrina Reyes
 

Melancolía 

A un duende que sigue junto a nosotros: 
Miguel Rivera





La melancolía brota de tus ojos
cuando regresas de aquel viaje corto,
rumbo al pensamiento que se va de prisa
por un laberinto de olvido, de quejas
de quejas, de risas.


aquí estoy, presa del tiempo
en un presente, casi ausente de tus pasos.
a mi lado caminas muy quedo
tu mirada perdida en el ocaso.


la melancolía
la melancolía
la melancolía no se ha alejado
transita por tus días grises
tu melancolía, es de color tenue
porque no la acercas a la mía verde.


Quiero compartir la sabia de tu piel junto a la mía,
si también me dejaras
tu melancolía





María Cándida


María Cándida me dice
crió 53 retazos, de los cuales ni uno solo
hoy está a su lado
Una legión canina le acompaña
los sapitos le cantan cada mañana
su larga cabellera
le cobija
una vieja esperanza es María Cándida

María Cándida recorre
la acequia en la nochecita
llevando como estandarte, su sonrisa
la oscuridad predice su destino
sus ojitos le alumbran el camino
el rocío de la noche cubre sus vestidos
una esperanza en vuelo es María Cándida.
 



...............................



 Aracelys García


Aunque quisiéramos 



no estamos de moda
los azarosos de la vida
los leales constantes al amor
los arremangados en autobuses piratas
visitadores de taguaras y cervezas
compartidas a medio sorbo cada dos 



no estamos de moda
aunque quisiéramos a tono
ser la moda bien puesta de quienes amamos
ser la consigna
la marcha
bandera
nadie nos sigue línea
porque los poetas somos una especie en extinción
aunque cada uno de todos
se levanta metafóricamente
a cepillarse el pelo
los dientes
trenzas
café
y a trabajar



no estamos de moda
los almacenes están llenos de animales
domesticadamente salvajes
queremos ser nobles — cultos
hombres con ciertos instintos
para reconocer a los amigos
tener más corazón que pulmones
alma que genio
por eso y más, mucho más
no estamos de moda.






Autorretrato

...si muerdo de cerca la vida asusto



Cecilia Ortiz

a veces me encojo de hombros
cuando algún personaje
me pregunta cómo estoy
o respondo muy cordialmente
que no estoy
suelo dejar que el veredicto del cuerpo
responda
o alzar una sonrisa vertical
que es mueca del + ó –
aunque no diga nada
que ya es bastante
acumulo los pesares del día
y en un paquete abstracto
los lanzo al viento
para ser más específica
me gusta caminar cuando llueve
me sorprendo saltando charquitos
para mojar al próximo
de mis acompañantes cotidianos
y hacerme la loca
cuando el aludido
suelta una sonora y mojada bien madre
que seguro no es la mía
escribo de mis logros y tragedias
cuando el común dedica sus neuronas
para conseguir algún jornal
porque el estómago no entiende
las dolencias ajenas
canto canto y canto
hasta ensordecer a mis vecinos
que algunas veces cansados
de retóricas letras sobre las vivencias humanas
me lanzan rosas metidas en botellas de pepsi-cola
a gran velocidad
tengo sueños tan reveladores
que al despertarme no recuerdo
me gusta el olor de la tierra húmeda
pisar las hojas secas que crujen con delicia
bajo mis pies
los ojos de un niño cuando juega metras
echo tierrita y no juego más
para luego correr despavorido
a refugiarse en los brazos de su madre
la mirada desorbitada
de los que quisieran irse volando
con al papagayo lleno de veradas
y colores celofán.
 




 


....................................




 Carlos Zerpa Villalta




Cenizas

cuando la noche regrese
iré a buscar
tu mirada
vestido
con la imagen de tu pensamiento
y al amanecer
pensaré
en soledad
colmando mi ausencia
entrometido en tu ayer
invocando el péndulo
de tu descarriado espacio
transitando este domingo
que rompe mi destino
alejando la agonía
de este impulsivo destierro ...





Rostro

llegaste a mis días
como danza del destino
encontré tu rostro
en el laberinto de las sombras
He escrito tu nombre
en mis labios
He visto tu cabello
navegar en mis sueños
He recorrido la senda
de tu encanto
tejiendo las horas
He viajado a través de tu mirada
prisionero de tu sombra...







Ausencia

Alguien
muerde
el silencio
recostado
al precipicio
alguien
pierde la muerte
incrustado
en la esperanza...
 





..............................






 Lilia Esther Borjas


I
Invoco
al espejo despeinado que amamanta cicatrices
con la humedad de sus caminos
invoco
la tinta interminable de este lápiz encarnado
de entresueños apoderándose de lo escrito
invoco
a esta vida para no olvidar su importancia
invoco
pensamiento–puño–letra–musa
Vacío las palabras sobre la espalda
no las vendo
no las regalo
Jamás renunciaré a ellas
Jamás renunciaré

II
Hay algo en la vida peor que la muerte
la disputa de un niño
con un animal por la carroña del basurero
se revelan las palabras
la erosión de la moral asesina las ideas
ese ruido ensordecedor
lastima el hueso minúsculo del oído 

III
La brisa
desata las bestias
cabalgan
sobre la blanca llanura del lino
un huracán
arremete
ante las colinas de este mundo
delirante se unen las caricias
húmeda puerta al placer
Riega las semillas
cobíjame
tengo frío

IV
Aún no recuerdo
cuántas miradas se posaron
sobre tu abstracta figura
y no te vieron
oyeron tu voz
sin escuchar la melodía sinfónica
que de ella brotaba
tocaron la forma áspera
sin sentir la suavidad de tu alma
un bostezo de fastidio
hiere el color púrpura de tu boca 

V
Soy letra
canción
poema
no suplico
exijo deshagas la maraña
tejida en el cuerpo.
cansado desierto
en el medio del mar
agolpadas las venas
beberán la sangre
del área despensa.


VI
Hoy el miedo me ha hecho presa
llegará el momento
la respiración se agita
imagino tu ausencia
cercana a un concierto de Rock
mientras un llanto de vida
reclama tu presencia

..................................





 Gilberto Gutiérrez




Sólo asómate a mirar dentro de un corazón



Si se pudiera llevar el amor en maletas


cuánta gente andaría en el mundo con ellas repletas


pero sería traficar un cariño portátil y frío


y así me vieras llegar


y a tu puerta tocar


con el corazón vacío



Y si comprendes que el ser 
no precisa un lugar para ser


nos quedan cosas 
que ninguna ausencia podrá deshacer


que desde aquí yo soy de ti aunque esté allá


para extrañarte no necesito más


pues como el pasajero


llevo el paso del viajero


y al color de fogatas lejanas no me siento extranjero



Soy de aquí también de allá y de más allá


y de mucho más allá


de donde quiera que cabalguen juntas


la sonrisa y la canción


y para ser del mundo me falta justo un pasaje


un boleto para el viaje


como el amor no se lleva en maletas


¿Qué importa el equipaje?



Si me perdiera el eco en el rumbo lejano de una canción


y juzgando un silencio te dieras una incierta razón


un pasaporte de amistad siempre te doy


y te invito a pasar 
pues yo tengo un estar donde quiera


que voy



Ven asómate al llegar


Ven asómate a escuchar


Ven asómate a mirar dentro de un corazón



Soy de aquí también de allá y de más allá


y de mucho más allá


de donde quiera que cabalguen juntas


la sonrisa y la canción


y para ser del mundo me falta justo un pasaje


un boleto para el viaje


como el amor no se lleva en maletas


¿Qué importa el equipaje?



Si es que pierdes mi canción


Sólo asómate a mirar dentro de un corazón





Un Quijote del año 2000



de un libro viejo se ha escapado un personaje


las telarañas le descuelgan en su traje


antiguo polvo va dejando en el camino


tomando atajos en el tiempo y los destinos


se filtra y toma por asalto un existir


andante


va tras un sueño que siempre corre adelante


evoca amigos, amores y rocinantes


es un Quijote del año 2000


pues de la nada


desenvaina una espada oxidada


la esgrime al viento


la hace brillar



Al suelo dragones


molinos de viento


viejas concepciones


falsos monumentos


es un osado


un renegado


enamorado del amor



Se dormitaba allá en el exilio del sueño


y al despertar encuentra al mundo más pequeño


y la aventura se agiganta ante el asombro


pues aún las flores se abren paso a los escombros


que hasta lo incierto se desvive por vivir


y siente


que reconoce al mismo enemigo de siempre


su alucinada terquedad de hacerle frente


la hace un Quijote del año 2000


un caballero


que echó adelante su verdad primero


que se ha negado a que el lado oscuro del mundo


pueda adueñarse también de la claridad



al suelo dragones


molinos de viento


viejas concepciones


falsos monumentos


es un osado


un renegado


enamorado del amor



Y en cualquier plaza


con extrañeza mira la gente que pasa


va cautivado presintiendo que algún día


su dulce dulcinea llegará.





 .........................


 Ivan Villamizar


Presencia,

a Fanny

Hoy amanecí siendo Yo
terriblemente Yo
sin engaños
sin ninguna palabra nueva
con muchos bostezos amargos
con errores concluidos
solo
acompañado
con cobija y almohada
tosco
adormecido
muy cansado
hoy me siento hombre
o alquimia de hombres
hoy me interrogo sin espejo
las respuestas son mudas
la desazón se vuelve póstuma
la mirada triste
aguda
me sonrojo con vergüenza
sembrado de notables dudas
y al mismo tiempo firme
descubierto sin cómplices
pues no hay peor complicidad
que la de uno mismo
u otros mismos

Hoy amanecí desaliñado Yo
horrorosamente Yo
qué vértigo enmudecido
y simple
hacerme de pronto un sueño
y deshacerme
en el instante al soñar
asombrado me dejo sorprender
y de pronto el Yo se sonríe
o sea me río
saco la lengua y la examino
todo el Yo
como una burla estricta
claro
la mofa es en serio
aunque con mezcla de cinismo
y belleza humorística
pues no hay alegría
ni angustia
sin una esperanza acompañando
todo presente
cuerpo
sentidos
razón
todo
como el complemento ensimismado
uniendo
y desuniendo
hoy me descompongo
perezosamente ante mis formas
no duermo y me levanto
no atino
pero soy feliz
o algo parecido por lo menos
hoy me desprendo de mi mismo
como único responsable
como una catástrofe solitaria
todo tan cerca y no me acerco

Hoy amanecí blasfemo Yo
pesimistamente Yo
dispuesto a no creer en el mundo
hacerme el sordo ante la gente
vivir sin palabras
y sin rostro
no quiero
apaciguarme en la calle
ni trabajar
ni ser responsable
simplemente
contemplar los recuerdos
llorar en un momento
sonreír en otro si me animo
extrañar mi infancia jugando
sobresaltarme con alguna queja
detenerme en lo que debí hacer
soportar que no lo hice
burlarme si estoy solo
hacerme el serio
ante la gente
todo lo del día
sin mi presencia
sin remordimientos
ausentarme
simplemente
quedarme en la cama
tomar el café sin pararme
cerrar los ojos sin dormirme
hoy amanecí
terriblemente Yo
desaliñado
horrorosamente Yo
blasfemo
pesimistamente Yo
qué lástima amanecer así
para los otros
los que esperan
hoy amanecí simplemente
si mañana no amanezco
volveré al mundo.





Poema enajenado

I
Hoy
como siempre
las rutinas le atornillan
al nuevo día
la responsabilidad
plácida
le desdobla el alma
adornándole el pecho
con flores negras
y blancas
su felicidad maquillada
calcula
y le habla
con pretexto clasificado
de qué le sirve el amor
si no le renta el 100%
total
las palabras casi nunca
enseñan el alma
aunque los hechos
muestren la conciencia

II
Al levantarse
cambia la piyama
por el atuendo de gala
para presumir
que usted es afortunado
por la etiqueta del traje
que usa
así va
de la casa
a la oficina
desboronándose
elegantemente
así llega
de la oficina
a la casa
orgulloso
de haber elaborado
la trama perfecta
perdiéndose
en las miradas ajenas
su sonrisa se distrae
en cualquier complacencia
usted no se detiene
hay que satisfacer a todos
SU alegría es tan hueca
como el abismo

III
Al recordar
que es usted feliz
hay desespero
retrocede el pasado
maldice el pensamiento
se abandona
para no horrorizarse
se inventa una sonrisa
embriagándose de sombras
en la sombra
simplemente usted es así
dependiendo
de los otros
torturándose
con otros
entregándose
a otros
asegurándose
ante otros
echando culpas
a otros
su felicidad es un espejo
reflejando
la imagen de los otros

iV
Es preferible aceptar
sin aceptarse
está prohibida la tristeza
usted se alegra
está prohibida la ira
usted se ríe
está prohibido sufrir
usted se embriaga
está prohibido el amor
usted se odia
está prohibido
todo lo subversivo
contra
la felicidad standard
y usted lo acepta

V
La felicidad que usted
adquiere a crédito
no es más que la máscara
inconclusa
de los que venden
la dignidad al contado



................................



 Oscar Rodríguez



Al Revés 

                                                      despierta mundo
                                        que vamos a estremecerte

                                                         Aracelys García




Un día de éstos el mundo se voltea
el sol de los banqueros
se quedarán durmiendo en la quiebra de una noche para siempre


ellos saldrán llorando
la alegría de perder la última limosna ofrecida a los mendigos
en el grito patibulario de la avaricia decapitada


el sur se llenará de polos llameantes
corceles coloridos patearán las aceras con melodías de brujas
de las ventanas terráqueas chillarán de vida los cristales
una nube de aborígenes saldrá de las montañas agrietadas
como torrentes arrasarán las miserias con ternura
se quedaran eternos en las plazas
leyendo el futuro a los incrédulos


¡ay de ti norte glamuroso!
pillado está tu ombligo
te sacaremos la alfombra de los pies
caerás con tu frac de dólares y napalm


sobre el océano pacífico
te comerán los peces graciosamente la barriga
para sanar tus cuentos con gnomos y gigantes


¡cuánto te alegraremos los bares y mercados
trayéndote vasijas de todos los amores que perdiste!


encontraremos ebrios a Rosa Luxemburgo y Espartaco
cantándose el secreto abrazo de la libertad


Un día de éstos el mundo se voltea
todos los desiertos se irán al infinito
Tupac Amarú salvará los animales de Noé
de la venta de su barca en el overnight de Wall Street
Un niño gobernara el universo
desde las cuerdas de un charango










Mientras te escucho en la radio




a Janis Joplin




De aquel viejo blues surge un te amo
amarro cariños con las cuerdas de evocaciones mudas
todo se me hace días neblinosos y tu cuerpo


la memoria sólo sirve para radicalizar visiones


quiero que todo sea vago
tus cabellos inundando mis ojos
el dibujo de mi cuerpo en tus manos de arcilla
algún calor de cierta palabra indescifrable2 La esquina del callejón
esas cenizas que dejastes en mis lienzos


Si el gua — gua eléctrico de esta guitarra me tejiera horizontes
acudiría sin equipaje hasta tu cadencia
entonces
depositaria esta tristeza a consignación
como limosna a cuanto silencio vaporoso se dé por entendido
llevo tus labios en mis bolsillos
para besarme el alma

 ......................................



Miguel Rivera(+)


I
Es absurdo pensar que la literatura es un simple entretenimiento de la razón, un vino que el alma culta paladea.


La literatura tiene que darme claves para entender
por qué un niño no tiene donde dormir.
De lo contrario no sirve para nada, o no me sirve, que es lo mismo.


La literatura no arreglará al mundo, 
pero tampoco lo dañara,
que un poema o cuento estremezcan
el profundo egoísmo que encierra la conformidad.


Si la literatura es un signo de libertad,
entonces uno puede escoger el sentido que le plazca, sin reñirse con la estética.


creo que toda literatura honesta,
aquella que sale del corazón, es bella.





II


Espero
No repetir la imagen que ayer...
apenas persistía


M R.





Sólo existen dos leyes en la penumbra
me encuentras o te encuentro
un débil rayo pasea los cuerpos
traspasados, vehementes,
regados sobre la almohada


Quiero levantarme y peso más que de costumbre
Quieres levantarme pero tienes que cargarme
o caeré al suelo impúdico y frío.


Si muevo un pie, otros dedos se alteran
busco una mano y encuentro un nido
en el centro de la espalda.


el sudor circula presuroso por dos avenidas
en donde antes sólo una había
cierta desnudez declina, cubriendo el espejo
y un rostro de aliento entrecortado flota en el ambiente.


el vacío somete las carnes
obligándolas a girar sobre sí mismas.


Brilla, apenas, la ausencia de cualquier tiempo
cuando el tic tac impone su ritmo.
las ropas exiladas al borde de la cama
recuerdan las siluetas que alguna vez habitaron.


Qué sera de la noche y de su hermana mañana
a dónde irán sus angustias y sus transeúntes
la ventana no está cerrada, simplemente no existe


Habitamos la cueva de altamira
y yo dentro de otra, tantas veces imaginada
en ella dibujo tu rostro a pinceladas desconcertantes


Furibundo ritmo que tus uñas dirigen
Rostros de animales heridos por la brisa
Rostros cercenados de placer.





III


Nuevamente es juez
el silencio
las amigas son hojas
carne olvidada
el último estertor
de una reunión
esclavos somos de las sorpresas
la esperanza es el potro
desaparecer
es algo más que un concepto
no estar
es desaparecer antes de tiempo
la duda
una pequeña compañía
Seguir la pista
el conocimiento


Una hoja
es un formato más
entre los astros
la coma, los signos más
puntos suspensivos
en el infinito




IV


Reconozco en las monedas
la efigie
de la unidad
me desvanezco en multitudes
en mares de señales
Sólo entiendo la ciudad
cuando se detiene
a mirarme
después de tantos años
de yo hacerlo





V


ahora
el vuelo es un camino
retornando
la sangre caliente... sujetada
es tan alto
lo que dejas
no mantengas
una ala en la tierra y otra más allá
del horizonte
porque estrellas hay muchas
pero hay una
que golpea sin piedad
nuestros temores
la promesa
presume con nosotros
que ese nido
no es adiós
si no partida





VI


desoladas pieles
cuelgan
las hojas brotan en luz y un tallo sujeta
el silencio


Surcos dorados conducen
a la esquina
ligeras colmenas...
universo
de un tajo se es feliz





VII


Quiero escribir sobre la soledad
en la soledad
con la soledad
por la soledad
pero nunca...
sin ella.





VIII


Hurga el propósito
hazme de nuevo
con tus manos
invéntame...

 


..................
NOTA DE OSCAR RODRÍGUEZ 
A "LA ESQUINA DEL CALLEJON"
ANTOLOGIA.
EDICION DEL SISTEMA NACIONAL DE iMPRENTAS. CARACAS. 
EL PERRO Y LA RANA.


Como todos los proyectos de nuestro pueblo, el movimiento artístico la esquina del callejón nace porque sí. Un 20 de julio de 1988 se reunieron Iván Villamizar y Oscar Rodríguez Pérez en la Biblioteca Pública Carapita para motivar actividades con la literatura a través de un taller, y de allí se desplegó una dinámica inédita que dio como parte del resultado esta manifestación escrita para la posteridad. Como en toda manifestación escrita, la precariedad no dice todo lo importante que fue este movimiento, pero como la imaginación es fecunda, cualquiera podrá adentrarse en algunos de sus logros con sólo contextualizar su actividad. 

Recordemos que la esquina nace siete meses antes de los sucesos del 27 de febrero de 1989 que conmovieron al mundo, año y tanto antes de la caída del muro de Berlín, tres años antes de la asonada militar del 4 de febrero del 92, y justo veinte años antes de la publicación de este libro. 

La esquina siempre estuvo a favor del barrio, de su gente, de las cayenas que crecen en el bulevar de Antímano, de la marcha alternativa del primero de mayo (contra la fenecida CTV), de la memoria del Che Guevara, del cerro que nos tapa la Parroquia la Vega, de la guitarra (siempre que la abracen unos tonos), de la pedrada contra la represión, de la sonrisa de nuestro hermano Miguel Rivera, de los recitales en las plazas públicas, de las cotufas en las plazas Bolívar, del credo de Aquiles Nazoa, del beso con amapuche, de las mentadas de madre contra los politiqueros, del comunismo más recalcitrante, de los cuadros de César Rengifo, de los antiimperialistas consejos de Fidel Castro, de los poemas cantados por Alí Primera, de Manuel Marulanda Vélez, de Cantinflas, de las partidas de dominó en los callejones (con sancocho incorporado), de las mujeres que venden conservas de coco en las playas públicas, de las cruces de mayo, de los papagayos de Nicolás Agüero, de los matinée para jubilarse del autoritario liceo y bailar “las caras lindas” con maelo, de los poemas escritos a escondidas en los rincones. 

Si la lectura de este libro le provoca hacer peso para que el capitalismo se siga derrumbando como merece, entonces aquellos sábados por la tarde en los cuales La Esquina del Callejón intentó forjar pueblo, valieron la pena.

Oscar Rodríguez Pérez