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miércoles, 4 de marzo de 2020

Aquiles Nazoa está en el imaginario de su pueblo

Luis Alberto Montenegro: Aquiles Nazoa está en el imaginario de su pueblo




publicada el 27-02.20 en el Semanario Ciudadccs 
La fiesta por el centenario de Aquiles Nazoa irradia a todo el país.
Militantes de su poesía, trabajadores culturales, desde sus trincheras impulsan la obra de este creador.
Luis Alberto Montenegro, quien se define como un artesano de la imagen y la palabra, un defensor y seguidor de la obra de Aquiles Nazoa, nos recibió en su casa para darnos a conocer su relación espiritual y poética con nuestro Aquiles y saber por qué rutas anda en su centenario.

— Yo no jugué palito mantequillero, ni pepa y palmo con Aquiles Nazoa. No subí a su Volkswagen, cosa que me hubiese gustado mucho y no puedo considerar que fui su amigo entrañable.
Así comienza Montenegro su conversa con nosotros:

— Lo conocí, cuando fuimos compañeros de trabajo en el Inciba, donde él era parte de la Coordinación de Literatura y yo profesor de arte y nos tocaba cobrar el cheque juntos. Allí me encontraba con Aquiles y le buscaba conversación, porque yo sabía que había elementos que nos unían, sobre todo Villa de Cura.
— Villa de Cura, mi tierra natal –continúa Montenegro–, fue uno de los refugios donde estuvo confinado un tiempo por sus opiniones y escritos. Él fue Amigo de la familia Jaén, de Inocencio Utrera y Angelina Bolívar de Utrera, que le hacía las muñecas de trapo. Inocencio era primo de mi mamá y entre nosotros había un vinculo grato.

— ¿Puedes recordar una anécdota de ese tiempo?

— Cuando a Aquiles le pidieron la declaración jurada de bienes, él, con su verbo dulce y fuerte como guarapo de piña, declaró que uno de los pocos bienes materiales que poseía era su cédula de identidad. Amor, cuando yo muera, Despedida del Duelo y su declaración jurada de bienes considero son textos que hablan de su dimensión humana.

— ¿Cómo llegas a la obra de Aquiles?

— Hace años viví en Buenos Aires, allí declamé poesía en la Casa de la Cultura, leí a Guillén, Neruda, Vallejo, Andrés Eloy y, por supuesto, a Aquiles Nazoa. Luego, cuando regreso a Venezuela, me acerca a su obra su hijo Claudio, quien me obsequia Caracas Física y espiritual, por él también agradezco haber conocido a su familia.
A partir del encuentro con este libro comienzo a revisar atentamente su obra. Puedo decir que la vida no nos alcanza a nosotros para llegar hasta donde llegó Aquiles. Él fue un ser humano que no nos deja de sorprender a través del tiempo con su infinita obra.

— ¿Tienes alguna referencia familiar de Aquiles que quisieras compartir con nosotros?

— Debo destacar la influencia de su abuela paterna, su madre Micaela González, y Rafael Nazoa, su padre, quienes sembraron en Aquiles desde su temprana niñez el amor y el humor. Humor no complaciente, filosófico, emotivo. Hay un misterio indescifrable en Aquiles: cómo un autodidacta de múltiples oficios, saberes y sabores; maltratado, perseguido, encarcelado y exiliado y con tan escasos recursos económicos llegó a producir una obra fundamental. Cómo abordó el arte, lo popular, lo clásico, distintas disciplinas como la música, la danza, la arquitectura y la pintura. Aquiles es un ejemplo, en su centenario, de la fuerza irresistible del amor, no hay manera de detener al ser humano cuando hay ganas y pasión para hacer las cosas.

— ¿Qué acciones has desarrollado por preservar la obra de Aquiles en este tiempo?

— Junto a Nunzia, Jesús Sanoja, Ricardo Bolívar, Deisa Tremarias, Caneo Arguinzones(+), es decir, “Las fulanas esas”, hemos celebrado la vida de Aquiles desde hace mucho tiempo. Todo comenzó por un lugar de encuentro en las afueras de la UCV, de allí fuimos al Cementerio General del Sur el día de su cumpleaños y de su fallecimiento. Hace 15 años compramos flores y llegamos hasta el panteón familiar de los Nazoa, a honrarlo junto a los restos de su madre Micaela y de su hijo Sergio. Limpiamos su lápida y los alrededores, llevamos libros de Aquiles, muñecas de trapo y juguetes, adornamos su lápida y hacemos rondas de lectura. Cantamos, declamamos y conversamos desde y sobre Aquiles, y finalmente rezamos el Credo en colectivo y, si hay condiciones, vamos a El Guarataro y preparamos un sancocho colectivo en casa de Nunzia.

— ¿Cómo te ves en el Centenario de Aquiles?

— Yo me veo en este centenario al lado de “Las fulanas esas”, de poetas, músicos, promotores, de mi gente del 23 de Enero, de mis paisanos de Villa de Cura, apoyando en lo que gusten mandar, como trabajador cultural al servicio de quien me llame, en Catia, El Guarataro, San José o La Pastora.

— Si te tocara definir a Aquiles en una sola palabra…

— Indudablemente para mí es amor. En toda la obra de Aquiles está presente el amor, por su pueblo, su amor especial por el desvalido, su amor por Caracas, por la gente, por los animales, por las cosas más sencillas. Lo puedo ver en su canto a la sencillez, su canto a la hormiga, a la mosca, a las lombricitas, al cochino. Su amor a los amigos, a la mujer, al padre, a su pueblo.

— ¿Cómo te defines hoy en el Centenario de Aquiles?

— Como un artesano de la palabra y de la imagen. Yo no soy artista, ni poeta –nos expresa Montenegro–, tengo un solo poema escrito Creo en Aquiles Nazoa, el cual escribí a 5 años de su muerte, y que es mi más humilde homenaje a su obra, a su imaginario, a su lenguaje y a su dimensión humana.
— Puedo decir a todos que en este camino de la literatura, gracias a Aquiles –nos confiesa–, he escrito odas y por eso también soy odedor.
Permanecer en la casa de Montenegro es encontrarse con un trozo del corazón de Aquiles: muñecas de trapo, libros y un pequeño altar, donde, sin tendencias fanáticas ni religiosas, honra la memoria de Aquiles y da fe de su entrega a la vida y obra de este artista.
En relación con este espacio, Montenegro nos comenta:
— Atesoro muchos de sus libros, sus audios, sus retratos y ese espíritu de él, que vive en la gente que quiere, respeta y celebra a este genio y para quienes hoy abro las puertas de mi casa.

— ¿Formas parte de la comisión centenaria en este momento?

— No formo parte de ninguna comisión centenaria. Sólo pertenezco a los colectivos Las fulanas esas y al Movimiento de los poderes creadores del pueblo, y estaré donde la gente me convoque, un barrio, una escuela, una biblioteca, una plaza, para conversar y compartir mis conocimientos, los materiales y libros de Aquiles. Esa es mi tarea.

— ¿Cómo hacer una celebración que se parezca al Aquiles que valoró las cosas más sencillas?

— Para comenzar, quisiera definir a Aquiles tal como lo definió su hijo Claudio: amorosamente subversivo. Él lo precisa como un anarquista al que no le gustaba que le dictaran líneas políticas ni artísticas.
— Por eso –prosigue Montenegro–, quiero, desde esta tribuna, convocar a majaderos y majaderas, libres de pensamiento y acción, para que cada uno, desde su trinchera personal y colectiva, celebre la vida de Aquiles Nazoa en su centenario, desde la sencillez de la calle, del parque, de la relación con el otro.
— En este año debemos leer a Aquiles y reflexionar sobre qué estaría pensando él en este momento. Cada persona, poeta, músico, maestro, debería hacerse la pregunta de cómo quisieras que celebráramos su centenario, y quizá respondernos como él: “Dejarme ir por los propios pasos que manda mi corazón”.

— Por su tiempo de fallecido, por su centenario y por su figura, seguro no faltan propuestas de exaltarlo al Panteón Nacional, ¿cuál es tu opinión?

— Hay gente que no se ha enterado de esto: Aquiles estuvo, está y estará, en el panteón que le ha construido su gente, en el propio corazón de su pueblo. Desde ese lugar de los afectos lo celebramos cada año. Desde allí defendemos su espacio en el imaginario de los venezolanos y seguimos difundiendo sus libros, sus versos, sus muñecas, su obra.
Textos José Javier Sánchez | Foto Américo Morillo




miércoles, 5 de febrero de 2020

Aquiles Nazoa. Los Apagones


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Los Apagones 
                                                      Aquiles Nazoa


Hoy quiero, en un galerón,  
relatarles lo que pasa
cada vez que en una casa
se produce un apagón.

La primera precaución
es ver si hay luz en la calle,
y observado ese detalle
lo segundo es dar un grito
diciéndole al muchachito
que se acueste y que se calle.



Y aquí comienza un trajín
de policíaca novela
por encontrar una vela
que nadie encuentra por fin.

-¡Voy por ella al botiquín!,
dice usted desafiador,
y sale con tal furor
que en su ceguedad de fiera
no ve que al pasar lo espera
la pata de un mecedor.




-¿Qué te sucede, Gaspar?
...(Un pugido es la respuesta).

-¿Qué te sucede? ¡Contesta!,
le vuelven a preguntar.

Y entonces, vuelto un jaguar,
un caimán, un jabalí,
responde usted:- ¡Me caí!,
y añade luego despacio
lo que por falta de espacio
no consignamos aquí.





En tan triste situación
oye usted que alguien revela:
-¿Qué estas buscando? ¿La vela?
Pues yo la vi en el fogón...

Como en una procesión
el viejo, el grande, el chiquito,
corren al sitio descrito
y en jubilosa algarada
sacan la vela pegada
del fondo de un perolito.




Ya puesta en el comedor
o en algún cuarto la vela,
lo que sigue es una pela
de las de marca mayor.

Pues el niño un tenedor
pone en ella a calentar,
simulando no escuchar
la voz que dice impaciente:

-Deje la vela, Vicente,
porque lo voy a pelar...





Cesa al fin el apagón
y al prenderse los bombillos,
un ¡viva! dan los chiquillos
(y algún que otro grandulón...)

Y usted, que aunque cuarentón
es ingenuo todavía,
mientras acuesta a la cría
le adelanta a su mujer:

-¡Mañana al amanecer
demando a la compañía!




viernes, 31 de enero de 2020

REZO EL CREDO O CREDO DE AQUILES NAZOA

REZO EL CREDO 

O

CREDO DE AQUILES NAZOA









Creo en Pablo Picasso, todopoderoso, creador del cielo y de la tierra; 
 
Creo en Charlie Chaplin, hijo de las violetas y de los ratones, que fue crucificado, muerto y sepultado por el tiempo, pero que cada día resucita en el corazón de los hombres; 
 
Creo en el amor y en el arte como vías  hacia el disfrute de la vida perdurable; 
 
Creo en los grillos que pueblan la noche de mágicos cristales; 
 
Creo en el amolador que vive de fabricar estrellas de oro con su rueda maravillosa; 
 
Creo en la cualidad aérea del ser humano configurada en el recuerdo de Isadora Duncan abatiéndose como una purísima paloma bajo el cielo del Mediterráneo; 
 
Creo en las monedas de chocolate que atesoro secretamente debajo de la almohada de mi niña; 
 
Creo en la fábula de Orfeo; 
 
Creo en el sortilegio de la música, yo que en las horas de mi angustia, vi el conjuro de la Pavana de Fauré, salir liberada y radiante a la dulce Eurídice del infierno de mi alma; 
 
Creo en Rainer Maria Rilke, héroe de la lucha del hombre por la belleza, que sacrificó su vida al acto de cortar una rosa para una mujer; 
 
Creo en las flores que brotaron del cadáver adolescente de Ofelia; 
 
Creo en el llanto silencioso de Aquiles frente al mar, 
 
Creo en un barco esbelto y distintísimo que salió hace un siglo al encuentro de la aurora; su capitán Lord Byron, al cinto la espada de los arcángeles, y junto sus sienes un resplandor  de estrellas; 
 
Creo en el perro de Ulises; en el gato risueño de Alicia en el País de las Maravillas, en el loro de Robinson Crusoe, en los ratoncitos que tiraron del coche de la Cenicienta, en Baralfino caballo de Rolando y en las abejas que labraron su colmena dentro del corazón de Martín Tinajero; 
 
Creo en la amistad como el invento más bello del hombre; 
 
Creo en los poderes creadores del pueblo; 
 
Creo en la poesía y en fin, creo en mi mismo, puesto que sé que hay alguien que me ama.
 
 
 
 
 
 
 
Aquiles Autobiográfico
Inicio

Nací en la barriada El Guarataro, de Caracas, el 17 mayo de  1920.
He estudiado muchas cosas, entre ellas un atropellado bachillerato, sin llegar a graduarme en ninguna.
He ejercido diversos oficios, algunos muy desagradables, otros muy pintorescos y curiosos, pero ninguno muy productivo, para ganarme la vida. A los doce años fui aprendiz en una carpintería; a los trece, telefonista y botones del Hotel Majestic; y luego domiciliero en una bodega de la esquina de San Juan, cuando esta esquina, que ya no existe, era el foco de la prostitución más importante de la ciudad.
Más tarde fui mandadero y barrendero del diario El Universal, cicerone de turistas, profesor de inglés, oficial en una pequeña repostería, y director de El Verbo Democrático, diario de Puerto Cabello. Durante los últimos diez años me he compartido entre las redacciones de Ultimas Noticias, El Morrocoy Azul, El Nacional, Elite y Fantoches, del que fui director.
Alguna vez fui encarcelado por escribir cosas inconvenientes, pero esto no tiene ninguna importancia. A cambio de ese pequeño disgusto, el oficio me ha deparado grandes satisfacciones materiales y espirituales.
Mi mujer y yo somos los dueños del único tándem o bicicleta de dos pasajeros que existe en Caracas. Muchos de los comentarios que este extraño vehículo suscita al pasar junto a los grupos de echadores, me sirven a las mil maravillas para sazonar lo que escribo.

Aquiles
Obras
Bio
Entrevista
Prensa
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1950
El Ruiseñor de Catuche
 
 
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jueves, 25 de abril de 2013

Aquiles Nazoa. Tres poemas a 37 años de su partida

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Aquiles Nazoa
El Guarataro 17 de mayo de 1920 - entre Caracas y Valencia  26 de abril de 1976
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Este 26 de abril se cumplen 37 años de la partida trágica de Aquiles Nazóa. Un hombre que dedicó su vida a hacer valer las cosas mas sencillas y los valores mas profundos del sentimiento humano. Nacido en la zona populosa de caracas, El Gurarataro, no renego su condición humilde y desde ella exaltó una poética de la sencillez y la belleza, del humor afinado, y la ternura infinita, que sublima la condición humana. Este Inmenso creador con su Rezo el Credo nos brinda una gama de universos literarios que hablan de la literatura universal, nos aproxima a los clásicos de la dramaturgia, de la poesía y la prosa, Un excelente cronista y un fabulador de la supervivencia humana, Aquiles Nazóa, nos acerca desde el Cochino como personaje asume mil rostros, su maravilloso mundo de las muñecas de trapo, la exaltación del campesino como hombre poseedor del saber humano, al corpus de un escritor extraordinario.
Hoy presento tres textos, conocidos y merecidos, a los lectores venezolanos y del mundo para que sigamos bebiendo de la sencillez y belleza de su literatura

Aquiles

Que Vivas

por siempre







Rezo el Credo o Credo de Aquiles Nazóa

Creo en Pablo Picasso,Todopoderoso, Creador del Cielo y de la Tierra;
creo en Charlie Chaplin, hijo de las violetas y de los ratones,
que fué crucificado, muerto y sepultado por el tiempo ,
pero que cada día resucita en el corazón de los hombres,
creo en el amor y en el arte como vías hacia el disfrute de la vida perdurable,
creo en el amolador que vive de fabricar estrellas de oro con su rueda maravillosa,
creo en la cualidad aérea del ser humano,
configurada en el recuerdo de Isadora Duncan abatíendose
como una purísima paloma herida bajo el cielo del mediterráneo;
creo en las monedas de chocolate que atesoro secretamente
debajo de la almohada de mi niñez;
creo en la fábula de Orfeo, creo en el sortilegio de la música,
yo que en las horas de mi angustia ví al conjuro de la Pavana de Fauré,
salir liberada y radiante de la dulce Eurídice del infierno de mi alma,
creo en Rainer María Rilken héroe de la lucha del hombre por la belleza,
que sacrificó su vida por el acto de cortar una rosa para una mujer,
creo en las flores que brotaron del cadaver adolescente de Ofelia,
creo en el llanto silencioso de Aquiles frente al mar;
creo en un barco esbelto y distantísimo
que salió hace un siglo al encuentro de la aurora;
su capitán Lord Byron, al cinto la espada de los arcángeles,
junto a sus cienes un resplandor de estrellas,
creo en el perro de Ulises,
en el gato risueño de Alicia en el país de las maravillas,
en el loro de Robinson Crusoe,
creo en los ratoncitos que tiraron del coche de la Cenicienta,
el beralfiro el caballo de Rolando,
y en las abejas que laboran en su colmena dentro del corazón de Martín Tinajero,
creo en la amistad como el invento más bello del hombre,
creo en los poderes creadores del pueblo,
creo en la poesía y en fín,
creo en mí mismo, puesto que sé que alguien me ama...



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Balada de Hans y Jenny



Verdaderamente, nunca fue tan claro el amor como cuando Hans Christian Andersen amó a Jenny Lind, el Ruiseñor de Suecia.

Hans y Jenny eran soñadores y hermosos, y su amor compartían como dos colegiales comparten sus almendras.

Amar a Jenny era como ir comiéndose una manzana bajo la lluvia. Era estar en el campo y descubrir que hoy amanecieron maduras las cerezas.

Hans solía cantarle fantásticas historias del tiempo en que los témpanos eran los grandes osos del mar. Y cuando venía la primavera, la cubría con silvestres tusilagos las trenzas.

La mirada de Jenny poblaba de dominicales colores el paisaje. Bien pudo Jenny Lind haber nacido en una caja de acuarelas.

Hans tenía una caja de música en el corazón, y una pipa de espuma de mar, que Jenny le diera.

A veces los dos salían de viaje por rumbos distintos. Pero seguían amándose en el encuentro de las cosas menudas de la tierra.

Por ejemplo, Hans reconocía y amaba a Jenny en la transparencia de las fuentes y en la mirada de los niños y en las hojas secas.

Jenny reconocía y amaba a Hans en las barbas de los mendigos, y en el perfume de pan tierno y en las más humildes monedas.

Porque el amor de Hans y Jenny era íntimo y dulce como el primer día de invierno en la escuela.

Jenny cantaba las antiguas baladas nórdicas con infinita tristeza.

Una vez la escucharon unos estudiantes americanos, y por la noche todos lloraron de ternura sobre un mapa de Suecia.

Y es que cuando Jenny cantaba, era el amor de Hans lo que cantaba ella.

Una vez hizo Hans un largo viaje y a los cinco años estuvo de vuelta.

Y fue a ver a su Jenny y la encontró sentada, juntas las manos, en la actitud tranquila de una muchacha ciega.

Jenny estaba casada y tenía dos niños sencillamente hermosos como ella.

Pero Hans siguió amándola hasta la muerte, en su pipa de espuma y en la llegada del otoño y en el color de las frambuesas.

Y siguió Jenny amando a Hans en los ojos de los mendigos y en las más humildes monedas.

Porque verdaderamente, nunca fue tan claro el amor como cuando Hans Christian Andersen amó a Jenny Lind, el Ruiseñor de Suecia.




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La historia de un caballo que era bien bonito


Yo conocí un caballo que se alimentaba de jardines.
Todos estábamos muy contentos con esa costumbre del caballo; y el caballo también porque como se alimentaba de jardines, cuando uno le miraba los ojos las cosas se veían de todos los colores en los ojos del caballo.
Al caballo también le gustaba mirarlo a uno con sus ojos de colores, y lo mejor del asunto es que con los ojos de ese caballo que comía jardines se veían todas las cosas que el caballo veía, pero claro que más bonitas, porque se veían como si tuvieran siete años. Yo a veces esperaba que el caballo estuviera viendo para donde estaba mi escuela. El entendía la cosa y miraba para allá, y entonces mi hermana Elba y yo nos íbamos para la escuela a través de los ojos del caballo.
¡Qué caballo tan agradable!
A nosotros cuando más nos gustaba verlos era aquellos domingos por la mañana que estaban tocando la retreta y ese caballo de colores llegaba por ahi vistiéndose de alfombra por todas partes que pasaba.
Yo creo que ese caballo era muy cariñoso. Ese caballo tenía cara de que le hubiera gustado darle un paseíto a uno, pero quien se iba a montar en aquel pueblo en un caballo como ese, pues a la gente de ahí le daba pena; ahí nadie tenía ropa aparente.
Como sería de bonito ese caballo que con ese caballo se alzó Miranda contra el gobierno porque se inspiró en el tricolor de sus labios y en el rubio de sus ojos.
Ese caballo si se veía bonito cuando estaban tocando ahí esa retreta y el Señor Presidente de la Sociedad de Jardineros lo traía para que se desayunara en la plaza pública.
Que caballo tan considerado. Ese caballo podía estar muy hambriento, pero cuando los jardineros lo traían para que se comiera la plaza, el sabia que en el pueblo había mucha gente necesitada de todo lo que alli le servían, y no se comía sino a los músicos.
Y los músicos encantados. Como el caballo estaba lleno de flores por dentro, ellos ahí se sentían inspirados y se la pasaban tocando música dentro del caballo.
Bueno, y como el caballo se alimentaba de jardines y tenía todos los colores de las flores que se comía, la gente que pasaba por ahí y lo veía esperando que los jardineros le echaran su comida decían: míreme ese caballo tan bonito que está ahí espantándose las mariposas con el rabo.
Como sería de bonito ese caballo que con ese caballo se alzó Miranda contra el gobierno porque se inspiró en el tricolor de sus labios y en el rubio de sus ojos.
Y el caballo sabía que decían todo eso, y se quedaba ahí quietecito sin moverse para que también dijeran que aquel caballo era demasiado bonito para vivir en un pueblo tan feo, y unos doctores que pasaron lo que dijeron es que lo que parecía ese caballo es que estaba pintado en el pueblo.
¡Así era de bonito ese caballo!
Todo el mundo era muy cariñoso con ese caballo tan bonito, y más las señoras y señoritas del pueblo, que estaban muy contentas con aquel caballo que se alimentaba de jardines. ¿No ve que como consecuencia de aquella alimentación lo que el caballo echaba por el culito eran rosas?
Así, cuando las damas querían adornar su casa o poner un matrimonio, no tenían más que salir al medio de la calle y recoger algunas de las magníficas rosas con que el caballo le devolvía sus jardines al pueblo.
Una vez en ese pueblo se declaró la guerra mundial, y viendo un general el hermoso caballo que comía jardines, se montó en él y se lo llevó para esa guerra mundial que había ahí, diciéndole: mira caballo, déjate de jardines y de maricadas de esas y ponte al servicio de tal y cual cosa, que yo voy a defender los principios y tal, y las instituciones y tal, y el legado de yo no se quien, y bueno, caballo, todas esas lavativas que tu sabes que uno defiende.
Apenas llegaron ahí a la guerra mundial, otro general que defendía el patrimonio y otras cosas así, le tiró un tiro al general que estaba de este lado de la alcabala, y al que mató fue al caballo que se alimentaba de jardines, que cayo a tierra echando una gran cantidad de pájaros por la herida porque el general lo había herido en el corazón.
La guerra por fin tuvo que terminarse porque si no hubiera quedado a quien venderle el campo de batalla.
Después que terminó la guerra, en ese punto que cayó muerto el caballo que comía jardines, la tierra se cubrió de flores.
Una vez venía de regreso para su pueblo uno que no tenía nombre y estaba muy solo y había ido a recorrer mundo buscando novia porque se sentía bastante triste, ¿no ve que le mataron hasta el perro con eso de la defensa de los principios y tal?, y no había encontrado novia alguna porque era muy pobre y no tenia ninguna gracia.
Al ver ese reguero de flores que había ahí donde había muerto el caballo que comía jardines, el hombre cogió una de su gusto y se la puso en el pecho. Cuando llegó al pueblo encontró a su paso una muchacha que al verlo con su flor en el pecho, dijo para ella misma: que joven tan delicado que se pone en el pecho esa flor tan bonita. Hay cosas bonitas que son tristes también, como esa flor que se puso en el pecho ese joven que viene ahí. Ese debe ser una persona muy decente y a lo mejor es un poeta.
Lo que ella estaba diciendo dentro de ella con ese asunto, el hombre no lo escuchó con el oído, sino como lo oyó fue con esa flor que tenía en el pecho.
Eso no es gracia; cualquiera pude oír cosas por medio de una flor que se ha puesto en el pecho. La cuestión es que uno sea un hombre bueno y que reconozca que no hay mayores diferencias entre una flor colocada en el pecho de un hombre y la herida de que se muere inocentemente en el campo un pobre caballo.
Qué iba a hacer, le regaló a aquella bonita muchacha la única cosa que había tenido en su vida, le regaló a la muchacha aquella flor que le servía a uno para oír cosas: ¿quién con un regalo tan bueno no enamora inmediatamente a una muchacha?
El día que se casaron, como el papá de ella era un señor muy rico porque tenía una venta de raspado, le regaló como veinticinco tablas viejas, dos ruedas de carreta y una moneda de oro.
Con las veinticinco tablas el hombre de la flor se fabricó una carreta y a la carreta le pintó un caballo, y con la moneda de oro compro una cesta de flores y se las dio de comer al caballo que pinto en la carreta, y ese fue el origen de un cuento que creo haber contado yo alguna vez y que empezaba: "Yo conocí un caballo que se alimentaba de jardines".