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“Ecos breves” el segundo libro de Poesía de Efraín Valenzuela, editado por la editorial "Hoja de la calle", parece emerger de la esencia del Haiku, de los mitos primigenios y de la memoria, para hacerse palabra y perpetuarse en múltiples silencios que se quedan haciendo bulla entre nosotros.
En este libro el poeta se plantea hacer del lenguaje, no un discurso sino una fugaz esencia, que dibuja mil formas, talla rostros, funda ciudades desde la contemplación, y las exalta transformándolas en poesía; es la confirmación de que el lenguaje es fuerza interior que se abre paso aun en el silencio y nos invita a descifrar el lenguaje oculto en él: “Solo el silencio sabe decir sus ecos con gran algarabía”.
Una vez que se comienza a leer Ecos Breves, sus poemas quedan resonando en nosotros y pasamos de simples espectadores de la palabra a protagonistas esenciales de los ecos que se suceden. El poeta reafirma sus afectos a las cosas sencillas, a los seres, a las verdades de la memoria, al amor y el desamor, al compromiso del hombre como socializador y deja en claro que aquello que no tiene eco no vuelve a pensarse.
Desde su sensibilidad con la palabra, su trajinar diario por ciudades como San Juan de los Morros Cumana y Caracas, su cercanía con poetas y su compromiso social, hace resonar las cosas mas sencillas como milagro de la existencia. Ecos sueltos en la cotidianidad son rescatados por el poeta y toman vida propia.
Este no es un libro romántico, no es un panfleto, no esta escrito sólo para lectores afrancesados, ni burdos parias, no es una elegía, ni las odas elementales del poeta, pero todos lo que busquen algo de ello podrán encontrarlo de una u otra manera envueltos entre sus lineas Este libro dibuja a un poeta sensible que ha sabido escucharse y escuchar sus distintos entornos. Valenzuela extiende sus horizontes mas alla de su ciudad y se acerca a otras latitudes de la geografía y el espíritu, construyendo su poética desde una voz añejada por su experiencia de vida. La apuesta por el poema breve es conquistada en este libro y a su vez el poeta es conquistado por su propia memoria que emerge de forma testimonial y termina dibujandolo entre líneas.
Después de leer Ecos breves provoca detenerse a escuchar los multiples ecos que habitan nuestra existencia. No me queda mas que invitarlos a disfrutar de cada una de sus páginas y a escuchar todo aquello que resuene en nuestra memoria.
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miércoles, 3 de agosto de 2011
lunes, 6 de septiembre de 2010
lunes, 25 de mayo de 2009
Una abuela es una casa
Una abuela es una casa
a la memoria de Isola Linares de Sánchez,
mi abuela
Yo también tuve una casa como las que obsequia el poeta Luis Alberto
pero jamás un padre como el Inmigrante de Gerbasi.
Mi Infancia transcurrió junto a mi abuela
que llevaba consigo una inmensa biblioteca adherida a la memoria.
Mi casa era un jardín encerrado en ruinas marginales de techos de zinc repletos de goteras...
Mi abuela trajo al mundo diez lumbreras
que en el transcurso de la vida se le fueron convirtiendo
en cosas inferiores a mecheros de kerosén,
de los que he visto en algunos caseríos de Lara.
En esa casa el sol se llamaba mi abuela.
Lo más hermoso de mi casa era el jardín, el altar de los santos y su cuarto,
los cuales edificó a fuerza de ilusiones.
Ella me dio a probar el algarrobo
y me enseñó a desenterrar lombrices y misterios de la tierra;
me presentó al Ángel de la guarda
y aprendí a amar a las mujeres a través de María,
a convertir cristianos con el agua bendita,
y a luego en un novenario expulsarlos de la tierra.
Con ella construí pesebres
y lloré por más de cinco años la muerte de Cristo.
Ella me enseñó que el marxismo
era el cristianismo sin Jesús y sus apóstoles.
Mi abuela era mi casa.
Mi casa era mi abuela.
Cuando ella murió, supe también que ella era el hogar;
el techo, el piso, las paredes,
las ventanas y hasta las mismas cuerdas
donde colgaba mi espíritu cuando era derrotado.
Y con su brisa me secaba los dolores.
Y me reanimaba con la gran oración de sus abrazos.
En mi casa
con mi abuela.
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