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miércoles, 25 de mayo de 2016

Me llaman calle









ME LLAMAN CALLE *



Por Jesús Ernesto Parra



Si nos viéramos en la obligación de realizar un juego de preguntas y respuestas para un libro de poemas, asumiendo las incógnitas como hitos de identidad en un mapa de significados fundamentales para el autor, bien podríamos comenzar de la siguiente manera: ¿Quién soy? Soy lo que escribo ¿Qué escribo? Escribo lo que veo ¿Qué veo? Veo lo que habito: escribo sobre el hábito del ser. Y si aplicáramos esa matriz arbitraria pero reveladora a un libro llegado a nuestras manos; atajo de aullidos nocturnos de José Javier Sánchez, entenderíamos desde su título que el hábitat y el hábito del poeta pocas veces han llevado la homonimia a los límites de la unidad. Leeríamos atónitos Código Postal 1010, así tiene por nombre el poemario, como exploradores de una cartografía de la memoria colectiva de la que Sánchez se hace caja de resonancia en un ejercicio de identidades superpuestas y estruendo de salsa brava en escaleras interminables de la noche de Caracas, barrio adentro.

Sánchez renuncia a su identidad como ciudadano de Caracas –cuyo índice postal es el 1010- para declararse recipiente de la memoria y el dolor de una ciudad en llamas. Tiene la valentía y el mismo tiempo la candidez de gritarnos:

“Yo no soy José Javier Sánchez/
Soy un altar rural en rancho desdoblado/
Ensalmo de ruda/
Novenario de nueve escaleras y velitas/
Borrachera a los siete, franela rota y mugre”

como su manifesto arrabalero y trasnochado. Hace del ejercicio poético recuento de un mundo que no necesita traducción, ni figuras poéticas, e incluso escuelas literarias que le mistifiquen. La calle, las balas, la miseria, el goce, la violencia, la esperanza, la revolución, las caras lindas de mi gente bella como reza la canción, hablan y bailan en las páginas de Código Postal 1010.

Es por lo diáfano y directo del lenguaje que encontramos al leerlo, que no podemos exigirle a Sánchez construcciones poéticas de alto registro e incluso someterlo al tamiz de las influencias literarias. No hay más literatura en su libro que la calle misma, y su deseo y memoria colectiva, como en el caso de las referencias al Caracazo. Allí Sánchez no es un cronista, incluso un testigo, sino una víctima, un poeta postmoderno que ya no goza la ciudad como el espacio de la nueva sensibilidad sino que lamenta habitar un lugar que ha sido escenario de una masacre. Código postal 1010 es el paisaje dibujado por el grito del autor, es la página en blanco ahora llena de vértigos, es la soledad con nombre de urbe, es ese país donde viven los poetas.

En su ejercicio de identidades y mascaradas, de un carnaval igual terrible que lleno de cervezas, cigarrillos y gritos de embriaguez, José Javier Sánchez se pone del lado de los trasnochados, de los maridos olvidados, de los perdedores, de las putas, de los gatos, de los vampiros, de los feos, de los bastardos, de los maricos, de los extraños, de lo drogos, de los muertos, de los perdidos. José Javier Sánchez deja de ser el para ser la Calle, la Calle Caracas y Calle Ciudad que el mismo convierte en madre de todos los infortunios:

 “Ciudad Madre Matriarca/
Tus hijos apostamos a ti /
Para ser cada uno/
mejor persona o delincuente/
ratero o ladrón de cuello blanco”.

En algún momento el libro el poeta se pregunta ¿Qué es la Patria?, en un verso solitario que queda sin respuesta.

Si nos atenemos a nuestras preguntas de identidad, esas con las que abrimos esta reflexión, deberíamos decir que la Patria de Sánchez –Patria, viene de la raíz latina Pater- tal vez no exista. Que su camino sin retorno a través de las escaleras en los cerros de Caracas, o los objetos que adornan los ranchos de las barriadas de la urbe, o el cancionero interminable de los domingos de salsa y ron, no encontrarán respuesta sino en el eco de la calle. La calle que nunca deja de recorrer, y que al mismo tiempo no dejará de cobijarlo. Una Ciudad Calle que nunca nos responde, pero siempre nos regala nuevos goces y tristezas. La Calle Caracas de José Javier Sánchez. La Calle que lo parió.






* texto publicado en el libro: Primer coloquio sobre poesía venezolana contemporánea. Poesía y poéticas de autores nacidos a partir de 1970. Casa de Bello 2015



viernes, 25 de enero de 2013

Código postal 1010: La gran ciudad como albergue de un alma solitaria


Código postal 1010: La gran ciudad como albergue de un alma solitaria

Publicado por: http://www.avn.info.ve/contenido/c%C3%B3digo-postal-1010-gran-ciudad-como-albergue-alma-solitaria




Caracas, 03 Jul. AVN.- Destemplo mi derrota mi nostalgia. La arrincono contra las paredes del desengaño. Le apunto justo al cerebro y le disparo una sonrisa. Agonizante cae, me condena, me grita. Abro la puerto. Respiro suavemente. Salgo a la calle y marcho a otras conquistas.

Con este fragmento del poema Muerte súbita se describe la soledad, melancolía e intimismo que el literato José Javier Sánchez plasmó en su obra Código postal 1010, donde los escritos se impregnan de vivencias y querencias que dejan al descubierto los sentimientos más sublimes de una vida inmersa en el olvido.

Una gran ciudad como fondo sirve de escenario para que los poemas den rienda suelta a la simpleza de los recuerdos, que, visionados por el autor, presentan los matices de un verbo directo y sereno, sin más pretensiones que dibujar un mundo contrariado que anhela su reconstrucción.

"Este es un libro mucho más sentimental que mis obras anteriores. Me ayudó a liberar algunos fantasmas, a celebrar la ciudad como algo que va más allá de una plaza mayor, a verla desde una dimensión mucha más amplia, más allá de los mal llamados márgenes de la ciudad. Es un libro que quiero muchísimo porque el va cerrando esa etapa donde visioné la ciudad desde la calle. Me permite cerrarla para abrirme a otros temas, otras miradas", comentó Sánchez.

La obra, editada en 2010 por Monte Ávila Editores Latinoamericana, se pasea por poemas como Guayaba de mi niñez, Compañero desde el silencio, Morir en medio de la tarde, Con el río a cuestas, Este no es un poema surrealista, así como, Primero fue el verbo, Premonición, Despecho y Como decirte adiós a esta hora, entre otros.

También se desprende Postal para Gabriela, escrito que el autor dedica a su única hija y donde plasma:  


El aire deja de ser espeso cuando tú me sonríes. Cuando llenas mi cara de melaza. Cuando me pides que no pare de contarte cosas y es posible escucharte...

Tú sigue sonriendo y no temas por el lobo que juntos podremos darle caza y encerrarlo en un final feliz...


Amores y desamores, tradiciones, recuerdos y ciudad forman parte de esta obra que con el pasar de las páginas se interna en los pensamientos más nobles de una pluma reflexiva, contestataria y taciturna.

La segunda parte del libro recoge los escritos de otra de las obras de Sánchez titulada Hasta que el recuerdo lo permita, editada en 2009 y cargada de fragmentos que le escriben a la vida, a lo común y a lo real como parte de un todo.

Al respecto, Sánchez agrega: "En mis libros hay estados emocionales, es experimentar también la soledad, dibujarla y dibujarme en ella. Este libro lo escribí mucho más rápido, pero también plasmé que por muy mal que te pudieras sentir en algún momento, ese sentimiento no te mata sino te fortalece y te permite seguir para que te encuentres a ti mismo y así te abras a otros espacios".

Nacido en 1970 José Javier Sánchez es un destacado poeta y docente caraqueño que que ha publicado Fragmentos para una memoria (2007), Antología de decimistas caraqueños (2008), Hasta que el recuerdo lo permita (2009) y Código Postal 1010 (2010). También prepara Antología de los poetas caraqueñas.
Es coordinador de Atención al Escritor de la Fundación Editorial El Perro y la Rana, así como promotor de lectura en la sede la Librería del Sur, ubicada en el Teatro Teresa Carreño, en Caracas
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AVN 03/07/2012 13:20