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viernes, 14 de diciembre de 2018

Una primera impresión de Antología sin descanso de María Alejandra Rendon







Antología sin descanso


Si existe alguna palabra que pueda describir mi primer acercamiento a "Antología sin descanso" de nuestra querida y celebrada poeta María Alejandra Rendón, de seguro es conmoción. Lo segundo y no menos importante la posibilidad de revivir mi capacidad de asombro, desde su voz y su entereza.

En los poemas de este libro publicado  por Ediciones Madriguera, (2018), y presentado en los espacios de Chocolate con cariño, durante la Filven 2018,  existe una fuerza poética de la mujer que ejerce su papel como constructora de un universo forjado en mil batallas, y el lenguaje le da la altura que alcanza en un trabajo comprometido con su tiempo histórico. 

La denuncia desde sus versos se arma de imágenes que logran dibujar una estética de la resistencia desde la condición de mujer. 

María Alejandra se arma de lenguaje para decirle al mundo: 

"sepan bien a quién entierran

no toda boca que se cierra

hace silencio" 

Nuestra poeta  está dispuesta a gritar, cantar, orar, para librar a la mujer, al ser humano, de la injusticia. 

Celebró este libro, esta edición, estos poemas. Celebró a María Alejandra Rendón









martes, 23 de agosto de 2016

Mi hermano Gilberto




Mi hermano

Mi hermano Gilberto Castañeda Sánchez
voló como un condor
este domingo en la noche
con dignidad
no perdió la batalla en la máquina
ni en los cuidados intensivos
anoche cenó como un ángel
se sintió un poco mal
y se fue en presencia de mi madre y
de kike su escudero
los seres que más lo quisieron
Hermano gracias por enseñarme la fortaleza de ser gente
de ser hombre
gracias por enseñarme las infinitas formas que tiene el hombre de reinventarse de sobreponerse de revivir
esta mañana aún te veía respirando
tu calor no se fue con la muerte
gracias por ser mas que un padre cuando fuimos niños y por permitirnos la conversa ya hombres
nos quedó pendiente volver a la playa cuando salieras del negocio de la maquina
Saludame a los primos y a los abuelos. AbRaZaMe a Isola
Dile que aún no me espere
Sabes que nos quisimos

  1. y que estas en mí

miércoles, 25 de mayo de 2016

Me llaman calle









ME LLAMAN CALLE *



Por Jesús Ernesto Parra



Si nos viéramos en la obligación de realizar un juego de preguntas y respuestas para un libro de poemas, asumiendo las incógnitas como hitos de identidad en un mapa de significados fundamentales para el autor, bien podríamos comenzar de la siguiente manera: ¿Quién soy? Soy lo que escribo ¿Qué escribo? Escribo lo que veo ¿Qué veo? Veo lo que habito: escribo sobre el hábito del ser. Y si aplicáramos esa matriz arbitraria pero reveladora a un libro llegado a nuestras manos; atajo de aullidos nocturnos de José Javier Sánchez, entenderíamos desde su título que el hábitat y el hábito del poeta pocas veces han llevado la homonimia a los límites de la unidad. Leeríamos atónitos Código Postal 1010, así tiene por nombre el poemario, como exploradores de una cartografía de la memoria colectiva de la que Sánchez se hace caja de resonancia en un ejercicio de identidades superpuestas y estruendo de salsa brava en escaleras interminables de la noche de Caracas, barrio adentro.

Sánchez renuncia a su identidad como ciudadano de Caracas –cuyo índice postal es el 1010- para declararse recipiente de la memoria y el dolor de una ciudad en llamas. Tiene la valentía y el mismo tiempo la candidez de gritarnos:

“Yo no soy José Javier Sánchez/
Soy un altar rural en rancho desdoblado/
Ensalmo de ruda/
Novenario de nueve escaleras y velitas/
Borrachera a los siete, franela rota y mugre”

como su manifesto arrabalero y trasnochado. Hace del ejercicio poético recuento de un mundo que no necesita traducción, ni figuras poéticas, e incluso escuelas literarias que le mistifiquen. La calle, las balas, la miseria, el goce, la violencia, la esperanza, la revolución, las caras lindas de mi gente bella como reza la canción, hablan y bailan en las páginas de Código Postal 1010.

Es por lo diáfano y directo del lenguaje que encontramos al leerlo, que no podemos exigirle a Sánchez construcciones poéticas de alto registro e incluso someterlo al tamiz de las influencias literarias. No hay más literatura en su libro que la calle misma, y su deseo y memoria colectiva, como en el caso de las referencias al Caracazo. Allí Sánchez no es un cronista, incluso un testigo, sino una víctima, un poeta postmoderno que ya no goza la ciudad como el espacio de la nueva sensibilidad sino que lamenta habitar un lugar que ha sido escenario de una masacre. Código postal 1010 es el paisaje dibujado por el grito del autor, es la página en blanco ahora llena de vértigos, es la soledad con nombre de urbe, es ese país donde viven los poetas.

En su ejercicio de identidades y mascaradas, de un carnaval igual terrible que lleno de cervezas, cigarrillos y gritos de embriaguez, José Javier Sánchez se pone del lado de los trasnochados, de los maridos olvidados, de los perdedores, de las putas, de los gatos, de los vampiros, de los feos, de los bastardos, de los maricos, de los extraños, de lo drogos, de los muertos, de los perdidos. José Javier Sánchez deja de ser el para ser la Calle, la Calle Caracas y Calle Ciudad que el mismo convierte en madre de todos los infortunios:

 “Ciudad Madre Matriarca/
Tus hijos apostamos a ti /
Para ser cada uno/
mejor persona o delincuente/
ratero o ladrón de cuello blanco”.

En algún momento el libro el poeta se pregunta ¿Qué es la Patria?, en un verso solitario que queda sin respuesta.

Si nos atenemos a nuestras preguntas de identidad, esas con las que abrimos esta reflexión, deberíamos decir que la Patria de Sánchez –Patria, viene de la raíz latina Pater- tal vez no exista. Que su camino sin retorno a través de las escaleras en los cerros de Caracas, o los objetos que adornan los ranchos de las barriadas de la urbe, o el cancionero interminable de los domingos de salsa y ron, no encontrarán respuesta sino en el eco de la calle. La calle que nunca deja de recorrer, y que al mismo tiempo no dejará de cobijarlo. Una Ciudad Calle que nunca nos responde, pero siempre nos regala nuevos goces y tristezas. La Calle Caracas de José Javier Sánchez. La Calle que lo parió.






* texto publicado en el libro: Primer coloquio sobre poesía venezolana contemporánea. Poesía y poéticas de autores nacidos a partir de 1970. Casa de Bello 2015



jueves, 26 de noviembre de 2015

Sofía vuelve a nacer multiplicada. Aquarela del Sol Padilla y su libro Acordes del mañana A diez años de su publicación









Sofía vuelve a nacer multiplicada

Aquarela del Sol Padilla y su libro Acordes del mañana

A diez años de  su publicación



Por José Javier Sánchez


Porque hoy no podemos dejar de cantarle a la vida
Porque hoy no dejamos de alzar nuestra voz colectiva
rompemos la tristeza con golpes de alegría,
Cantata a Fabricio Ojeda
Gloría Martín


Aquarela del Sol Padilla, logra con su libro Acordes del mañana posicionar en los lectores venezolanos una voz que romperá el canon tradicional de la novísima poesía venezolana. En la primera edición del Certamen Mayor de las Artes y las Letras, también conocido como “Cada día un libro” organizado por el Vice Ministerio de Cultura, a través de la Dirección de Literatura del desaparecido Conac, en el año 2005, sobresale con una obra que dará mucho de qué hablar entre los amantes y seguidores de la joven poesía venezolana.


Aquarella del Sol Padilla joven y profunda poeta, nacida en Caracas en 1988, se abre paso en las letras venezolanas con su ópera prima Acordes del mañana, para de una manera sensible y estremecedora empoderarse del sentimiento de un país y de una sociedad, tantas veces fracturada por la opresión, por el abuso del poder político y económico, por el silencio sitiado para los que soñaban, pretendían, apostaban y/o construían un mundo mejor


De niña, fue músico, intérprete de violín en el conservatorio de Música Vicente Emilio Sojo, pero decidió abrirse paso a otros universos menos fragmentarios para el aprendizaje, para el saber. La música es algo que jamás ha abandonado, es algo que ama, que sigue, que cultiva en distintos escenarios. Hay música en sus fotografías y en sus poemas, sobretodo en su estructura donde innovan en la rítmica y en la sonoridad.


Pero su música no milita con la academia sobre todo con la estructura y rigidez de las grandes academias, de las grandes orquestas, la música de sus poemas milita con la nueva canción latinoamericana. Su música germina con el canto que se gesta en los movimientos sociales, en la movida cultural, en las nuevas propuestas, en el sueño por inventar, en el poema renovado a través de cada uno de los acordes que componen este libro


Desde su libro Acordes del mañana podemos establecer un diálogo no intencionado entre la poeta y autores vanguardistas como Miguel Hernández y César Vallejo quienes colocaron su pluma al servicio de las causas justas, de las causas sociales, de los desfavorecidos, atropellados, desaparecidos por los sistemas oligarcas, y que fueron movidos por la valoración y el reimpulso de los sueños de hombres y mujeres que dieron su vida, libertad y aliento al servicio de la Gran Poesía.


Miguel Hernández el gran poeta español apuntaló su pluma a exaltar el valor de los humildes, de los que no formaban parte de la tiranía, de los que resistieron desde el trabajo, desde la humildad, desde el afecto distinto, para ellos cantó:

“Mi vida es una herida de juventud dichosa.
¡Ay de quien no esté herido, de quien jamás se siente
Herido por la vida, ni en la vida reposa
Herido alegremente!
(…)
Para la libertad sangro, lucho, pervivo
Para libertad, mis ojos y mis manos,
Como un árbol carnal, generoso y cautivo,
Doy a los cirujanos”[1]


En este libro la poeta transita con la herida hecha a su pasado, herida alimentada por los sueños, por la esperanza, pero sobre todo por la conciencia que se gesta un futuro mejor con ella como corresponsable. Este libro moverá en el lector los cantos de Miguel Hernández no como eco sino como inconsciente colectivo que circula por la sangre de Aquarela y que se cuela en sus acordes:


“Entonces me invento mis soles,
                                                   mis nubes
me recreo en los jardines
sobrevuelo la esperanza malgastada
busco rostros apacibles
en el ir y venir sobre los rieles”[2]



La poeta peruana Rocío Silva Santisteban, a quien respeto altísimamente por su trabajo poético, por su trabajo social y su sensibilidad, y quien nos visitó en la 4ta edición del Festival Mundial de Poesía de Venezuela le responde en una entrevista escrita al gran Julio Ortega  algo con lo que me permito aproximar esa sensación  de Aquarela al escribir:


“…una a veces escribe por un pálpito; otra veces para sacarse algo de encima. Como profilaxis. A veces el ritmo esta martillando antes que la imagen, otras la imagen se come todo tipo de posibilidad de ritmo… A veces una tiene como motor una idea, abstracta absolutamente, no vinculada a imagen o tropo poético alguno, y entonces el camino de la escritura es el parsimonioso ejercicio de darle alguna forma… “  [3]


Y cito a Rocío Silva Santisteban porque en estas dos poetas siento una movida social avasallante contra los sistemas opresivos.


Aquarela es la voz de los que han tenido voz desde el fusil, desde la protesta de calle, desde la sensibilidad social, desde el poema leído en voz alta, desde el gesto y el acto de escuchar las canciones de Gloria Martín, la Cantata Fabricio Ojeda, la Nueva trova cubana, a Silvio y Pablo, pero también desde su lectura sentida de Gustavo Pereira, Víctor “El Chino” Valera Mora y Roque Dalton.


Me aproximo a estos versos y en ellos leo el registro de otra época. Una época que envuelve a héroes anónimos. En este libro se presencia el registro de una época, de un sentimiento y de un ideal, sustentados en sueños revolucionarios, presentados desde la visión de la autora como la coprotagonista, como hija de la conspiración y de la lucha clandestina por la revolución.


Acordes del mañana es el producto de una formación política e ideológica con sustento en el afecto familiar y en los valores. Desde esta obra nos aproximamos a la militancia que se construye desde la formación en la familia, con los amigos de los padres, con los tíos militantes que frecuentan la casa familiar, que hablan de una sociedad idealizada por la revolución y que crecen, se desarrollan y viven cumpliendo con una disciplina revolucionaria.


Este libro es la manifestación de un espíritu formado desde esa compañía, esa presencia perenne, y desde ese aprendizaje, del saber leer la época, desde la mirada, desde el rol, desde el compromiso que toca a los hijos de los revolucionarios, de los utópicos. La utopía se asume desde la cotidianidad, la cotidianidad es alimentada por el espíritu de la conspiración y la voz de este libro no es la voz del líder revolucionario, no es la voz del mártir, es la voz del que acompaña y sabe nutrirse de cada atmósfera, de cada aire, de cada conversa, de cada canción, de cada poema leído en voz alta, de cada café o té compartido en rededor de una conversa militante.


La clandestinidad se construye en familia en una escala de valores donde el niño, el joven, el padre y la madre saben cuándo y de qué hablar. Donde el niño reconoce el peligro de la represión y hace crítica, donde cuestiona a un sistema que toca a las multitudes a través de la proliferación de la represión, la violencia, la corrupción y los antivalores.


Este libro evoca en mí una época juvenil que abrió las puertas a las filas de la revolución desde la militancia sustentada en la sensibilidad social, en la utopía de la construcción de una sociedad sin clases sociales, sin ricos ni pobres, sin polizontes ni milicos.


Este libro es en mi opinión el registro de una intensa experiencia de sensibilidad vivida en el terreno de los revolucionarios, el afecto de este libro no es el afecto de los pequeños burgueses, ni de los melómanos salseros, ni de las hermanitas descalzas: es el de los revolucionarios. 


En Acordes del mañana Sofía es la utopía cultivada en el espíritu, el sueño porvenir, es la tarea futura de cada soñador de revoluciones. Sofía es la semilla que germina para reinventar el mundo desde el sueño labrado con trabajo con ética revolucionaria:


“¿QUIÉN ES SOFÍA?”
Sofía ama. Sofía sueña. Sofía siembra. Sofía es néctar. Sofía hermosa. Sofía cuenta mariposas. Sofía lucha. Sofía sabe. Sofía señala. Sofía recuerda. Sofía no perdona. Sofía no olvida. Sofía tiene miedo Sofía no llora (…).
Vuelve a nacer multiplicada”[4] 

En el Poema “Adentro se lloraba el amor” recibimos una postal desde la clandestinidad materna, la clandestinidad militante y conspirativa a favor del hombre nuevo. En este poema la madre es la memoria de la represión sufrida por los mártires de los años sesenta y la poeta de manera profundamente sensible nos dice:


“Nunca vi morir a los nuestros
Pero bebí su sangre de tu seno
Que adentro se lloraba el amor”.[5]


En este libro nuestra autora se asume como hija del futuro como corresponsable de la construcción de un mundo mejor:



“Aprendimos a remedar los jirones del horror
Cultivar la esperanza
Sin jardín

(…)
Comprendimos que la vida del que lucha
No se acaba
Reverdece en nuestras manos
(…)
Estamos
Vivos
Para siempre
Y de pie”[6]



Acordes del mañana es un libro que nos sorprende desde la primera página, desde el primer epígrafe, desde el primer aliento de la poeta, en cada poema que sucede nos vamos cargando de una sensibilidad, de una nostalgia, de una memoria. Es un libro escrito por Aquarela aproximadamente a sus dieciséis años, y es un libro que nos da lecciones de vida.


El verso comprometido con el hacer, con la praxis, con el sentir desde la piel desde la entraña.


La poeta después de diez años sigue militando con la poesía desde la fotografía, desde el audiovisual, desde la formación que ha gestado en los niños de sectores humildes como es el caso de los niños del barrio Las Torres de Los Mecedores a los que acompañó desde el aliento de Sofía, a desarrollar talleres de foto-lata que les permitieran dibujar el mundo desde su mirada infantil, fresca.


Hoy, diez años después, nuestra poeta prepara una nueva propuesta literaria desde la casa madre Monte Ávila Editores y estamos seguros de que su voz,  su lente, su aliento, seguirán apuntando para preservar cada paso logrado por los revolucionarios y podrá con armonía continuar afinando melodías y rítmicas para proseguir construyendo los Acordes del mañana. Acordes que florecen en cada conquista en los espacios del amor, de la solidaridad, del trabajo colectivo, del respeto al otro y  del respeto a uno mismo.


Sus acordes seguirán llegando para hacerse canción, poema, grito, batalla y victoria. Para abrir sendas a los nóveles poetas, con una sensibilidad social que me estremece. Pero sobre todas las cosas, la poesía de Aquarela del Sol Padilla seguirá germinando, floreciendo y estallando para preservar un espacio que ya se ha forjado en las alturas de nuestra poesía venezolana.






[1] HERNANDEZ, Miguel. Poemas sociales, de guerra y muerte. Madrid. Alianza Editorial. 1977.
[2] PADILLA, Aquarela del Sol. Acordes del Mañana. Colección Cada día un libro. Caracas. Ministerio de la Cultura. Consejo Nacional de la Cultura. 2005
[3] ORTEGA; Julio. El hacer poético. Vol. II. Colección Testimoniales. Caracas. Monte Ávila Editores. 2012
[4] PADILLA, Aquarela del Sol. Acordes del Mañana. Colección Cada día un libro. Caracas. Ministerio de la Cultura. Consejo Nacional de la Cultura. 2005
[5] Ibidem
[6] Ibidem






martes, 20 de octubre de 2015

Pajarito que venís tan cansado, de Ramón Palomares.





PAJARITO QUE VENÍS TAN CANSADO


Pajarito que venís tan cansado

y que te arrecostás en la piedra a beber

Decíme. ¿No sos Polimnia?

Toda la tarde estuvo mirándome desde No sé dónde

Toda la tarde

Y ahora que te veo caigo en cuenta

Venís a consolarme

Vos que siempre estuviste para consolar

Te figurás ahora un pájaro

Ah pájaro esponjadito

Mansamente en la piedra y por la yerbita te acercás

-“Yo soy Polimnia”

Y con razón que una luz de resucitados ha caído aquí mismo

Polimnia riéndote

Polimnia echándome la bendición

-Corazón purísimo.

Pajarito que llegas del cielo

Figuración de un alma

Yo quisiera yo meterte aquí en el pecho

darte de comer

Meterte aquí en el pecho

Y que te quedaras allí

lo más del corazón. 


Ramón Palomares





miércoles, 9 de septiembre de 2015

Álcalis una ciudad con nombre de mujer









Álcalis una ciudad con nombre de mujer


“Como me gusta complicar a mis amigos, los vivo nombrando
El diablo no me va a llevar a mi sólo”
Víctor Valera Mora


En Álcalis (2006) la ciudad es bohemia, nocturnidad, melancolía y llanto. Es el sueño que oculto en la faena de obreros, motorizados, secretarias, maestras y asalariados  estalla en la noche, en rededor de un universo que construyen espíritus salidos de callejones, bares y plazas públicas. Es lamento, guaguancó, rockola vibrante, trago recién bebido. La ciudad es neblina de madrugada,  velo del amor, la promiscuidad y la lujuria.

La ciudad es una chica que insiste en que te quedes y la bailes. Es la resistencia a una cultura feligresa de una Iglesia Mayor, desde bares y prostíbulos que adornan una paupérrima avenida. Para ello hay pista, tumbadora y una procesión de callejones que entre bailes de salsa reafirman la vida de los ciudadanos.

William Torrealba (1959) es trovador,  salsero, melómano y sibarita. Hizo su aparición editorial en la antología Ciudad satélite de Caricuao (1985)  propuesta que sumó la voz de poetas del suroeste caraqueño. Con Álcalis resultó ganador del Certamen Mayor de las Artes y Las Letras “Cada día un libro”, publicado por el Ministerio de La Cultura (2006). Luego participó en antologías como:  70 poetas en Solidaridad con Irak, El Líbano y Palestina y Esa Bolera es nuestra. Alto Aliento y Después de la Noche, son dos libros inéditos que pronto verán la luz.

Poeta, Docente y Licenciado en Educación con Post grado en Literatura Venezolana. Participó en el Festival de Poesía de La Habana y en diversas ediciones del Festival Mundial de Poesía de Venezuela.

Italo Calvino en Las ciudades invisibles, describe desde múltiples mujeres una ciudad infinita  y William Torrealba, hace de Álcalis la mujer como ciudad multiplicada en si misma, en avenidas, calles, plazas, que se redimensiona al abordar el amor, la sexualidad, la sensualidad, la existencia, la vida misma.

Álcalis es la dama que nace cada día en el regazo del poeta. Pudo nacer en Caricuao, El Valle, La Pastora o en un callejón de San José, dentro de un Jepp escalando los cerros de La Vega o Carapita. Álcalis tiene las batatas gordas, es de rasgos  Caribe,  morena, de cabello largo y baila con pasión. Con amor desbordado se entrega para hacer de las primeras horas del día, continuidad del baile y el beso madrugador.

Mujer pródiga, grande, el poeta sueña a Álcalis  vestida de novia, o corriendo desnuda en una playa. Se ve con ella atravesando la ciudad de humo, la ciudad metralla. Imagina que lo lee, que duerme con él, que se beben el uno al otro.

Luego del intento de muchos libros, Álcalis es el caleidoscopio que dibuja la visión de la nocturnidad caraqueña y sus bemoles. Fragmento del “Callejón de la puñalada” y muchos de sus personajes. Canto al sueño primitivo del deseo carnal, al deseo hecho ruego,  suplica que se concentra en la ciudad ideal del poeta

“Sé que hay otros reinos
pero en éste
de la ciudad mía habitas tú”[1]

Este libro transcurre en la noche, inmerso en los suburbios de una ciudad que se abre a los cantos de la bohemia, a la danza Caribe de la salsa, al canto de Areta Franklin, al trino de un Saxo en medio del bulevar. El poeta  traza un mapa en el que incluye  la  avenida  Lecuna, la Baralt, la Solano y la  Plaza Oleary  como centro de la metrópolis donde los bares son el espacio para la recreación y el gozo:

“La noche es una ciudad perdida
En faros y neones muertos”[2]


           “En solano cantan las latas
            Y a tientas se arrastran los ebrios
          Brotes fugaces de melodía
          Vapor
          Oscuridad y abismo”[3]

En el poema Callejón, le rinde tributo a la noche, a los símbolos anónimos de una época signada por la bohemia y al "Callejón de la Puñalada", lugar de poetas,  teatreros, pintores, músicos y artesanos, que se congregan a celebrar el encuentro con los significantes de una época.

El poeta carga con una generación en su inconsciente, Víctor “El chino” Valera Mora, el poeta Acevedo, Angel Malavé, Nomar Oporte, Andrés Mejía, Hermes Vargas, Rosa Anka, Gabriel Jiménez Emán, Eleazar León, William Osuna, todos ellos, poetas, libreros, bohemios, bebedores, que dibujaron una época de esta ciudad y de este territorio, habitan el sueño del poeta, donde la noche es una eternidad y el día una suerte de encantamiento que pocos vivian despiertos.

“a veces es como de día
En esa calle”[4]

Pero William Torrealba evoca al “Callejón de la puñalada”, nombrando a héroes invisibles. Felipe, Antonio, Elena, Erick, que deambulan cual espíritus en pena, escribiendo una historia con el hígado, las lágrimas, la ilusión añeja. Cada noche su presencia va adornando los rescoldos de este brazo del bulevar de sabana grande, torrente sanguíneo de la ciudad de caracas.

“entonces
unos cantan su mejor
canción
leen su mejor poema
otros permanecen callados
-la mejor arma-”[5]

El poeta canta a múltiples mujeres: Claudia, Eneida, Beatriz, Alix. Las celebra, las posee, las observa. Pero es Álcalis quien logra seducirlo, robarle el corazón, enloquecerlo. Álcalis es la belleza y el misterio de la mujer y a su vez es la belleza y el misterio de la ciudad.

Toda la ciudad sucede en Álcalis, para el poeta todo lo que representa la historia,  la crónica, la bohemia, está dentro de ella. Álcalis es una ciudad andante. Se adentra en ella, en sus sueños para cantarle, para celebrarla, para hacerla suya:

“Y si algún verso de Verlaine te hace llorar
Dile que yo te vi primero
                                   que develé tu belleza un día
Que me adentré en tus sueños
                                   con el privilegio de los versos”[6]

Quedan a disposición del lector veinte poemas que cantan a una Caracas nocturna y bohemia; cantan a la memoria, pasión y al baile. Al paisaje y los signos de una historia reciente de la ciudad y la noche.









[1] ALCALIS Pg
[2] BARALT. Pg 21
[3] SOLANO. Pg 26
[4] CALLEJÓN. Pg 38
[5] Ibidem
[6] ALCALIS. Pg 16