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jueves, 6 de noviembre de 2014

La lluvia como poética de la ciudad




La lluvia como poética de la ciudad


La lluvia tiene un vago secreto de ternura,
algo de soñolencia resignada y amable,
una música humilde se despierta con ella
que hace vibrar el alma dormida del paisaje.
Federico García Lorca

Generar un espacio de encuentro para presentar distintas aproximaciones a la poesía contemporánea venezolana específicamente de escritores nacidos a partir de 1970, no solo es la posibilidad de presentar voces consolidadas en la poesía actual que pueden dar fe de nuevas propuestas poéticas, de avances y continuidad dentro de un legado de voces particularmente venezolanas, sino que también debe ser el espacio para resaltar todo el esfuerzo editorial hecho desde el Estado venezolano y desde colectivos privados y no gubernametales, como cooperativas, fondos editoriales para visibilizar voces de nuestra poesía que desde sus propuestas no hacen otra cosa que ampliar y transformar los principios y preceptos, las estéticas y los estilos de la poesía venezolana como género, que cada vez coge más fuerza y gana más espacio entre los lectores.

Entre otras cosas quizá la más importante de resaltar en los últimos diez años ha sido por una parte la posibilidad real que como país hemos tenido para elevar de forma masiva la producción editorial y por otra parte la cantidad de poetas jóvenes que han visto materializado un proyecto editorial, cosa imposible para las mayorías en todo el siglo XX

Por ello este encuentro que convoca a presentar en cierto sentido el modo como nos hemos aproximado a la lectura de estos nuevos actores y creadores, en cierta forma amplía la ruta de todo libro que en cierta medida espera ser reseñado, o tocado por la crítica para cumplir con un ciclo que ilustre a los lectores en esa lectura crítica que bien señala Juan Antonio Calzadilla en “Modulo para talleres de promoción de lectura” y nos lleva a colectivizar la mirada a nuestros autores contemporáneos. Afortunadamente queda lluvia por caer. Y sobre ella voy a tratar de coloquiar en este encuentro. Sobre una de sus formas manifiestas “el temporal”.

Es la lluvia, símbolo renovador de la fertilidad, elixir creador, capaz de fundir semilla y tierra para renovar la vida. La lluvia limpia el paisaje y lo transforma. Renueva la naturaleza, restaura la idea primigenia de la creación. Restaura el ciclo del agua como símbolo permanente de renacer. Sus aguas mueven nuestro espíritu y lo conectan con múltiples sensaciones, la lluvia exorciza los males del espíritu y hace visible nuestro estado de ánimo.

Quizá sea la nostalgia que nos envuelve en cada lluvia y el deseo de superarla la que permitió dar origen a la vida humana en la tierra.

Es la lluvia de Kattia Piñango (1975) que llega como llovizna fresca que baña la urbe y refresca el imaginario de nuestras ciudades, amplias y sin márgenes. 

El margen en la ciudad lo impuso la colonia junto al burgués, al párroco y al alcalde, pero las ciudades funcionan, se desarrollan, se transforman y se reinventan a cada segundo desde múltiples escenarios. 

Lo que ayer fue fiel estética de una tradición colonial, hoy esta trastocada por las nuevas generaciones, por las condiciones geográficas, climáticas, sociales, políticas, culturales, su ritmo define el desarrollo de una nueva geopolítica de las urbes.

Temporal, libro editado por la Cooperativa Editorial La Mancha (2008) y reeditado en una coedición junto al la Fundación Editorial el perro y la rana (2010), es ese viento fuerte en el que se debate nuestro espíritu cercano a ser tormenta, cercano a la calma. Es la tensión que nos hace humanos y animales, que permite que la calma no nos duerma por completo y que la tormenta no nos arrastre al fin. Por lo tanto no es el cuento de Isabel viendo llover sobre Macondo. En este poemario nuestra poeta avanza, evoluciona, reflexiona bajo una lluvia permanente que se desata en todo el libro con una dialéctica del siglo XXI.

Temporal es el rito que la naturaleza le brinda a la ciudad devolviéndole lo que sus ancestros hicieron para con ella. Es el rito que se cumple más allá de la evocación. Se manifiesta en cada espacio de esta ciudad para dar testimonio de vida. La vida que sucede, que se realiza que se desarrolla y sigue su curso en esta ciudad donde tú decides ser protagonista, espectador o ambos roles, pero jamás tendrás la opción de ser inanimada estatua. 

En Temporal siempre está presente la lluvia en múltiples formas, en sensaciones e imágenes, en sentido pero en algún momento cesa:

Al fin la lluvia dejó su parranda interminable
secándose sobre los techos de zinc

En esos momentos la ciudad y sus ciudadanos se restauran, se engrandecen los oficios y como si nuevamente germinará en un semillero, la vida renace, se reinventa y con alegría o con dolor salimos a darle curso a nuestros sueños.

La lluvia es ese espacio que también nos detiene para hacernos pensar cuán carcomidos estamos por una ciudad que decidió ser inhumana y nos roe el espíritu, nos muele y remuele aspirando convertirnos en autómatas. 

Nos hace pensar y vernos hundidos en una dinámica de tráficos, de gentes colgadas en el autobús, de oficinas públicas que se asemejan a cárceles, donde la burocracia y la rutina son fuerzas estériles.

Una lluvia que nos da tiempo para reflexionar sobre la dinámica a la que quiere condenarse a la mujer como producto, sexual, mercantil, banal.

Es en este punto donde el temporal sopla con mayor fuerza y se hace ver como una voz contestataria, donde nuestra poeta desde su voz de mujer se impone como renovación y reivindicación de género, y se niega a ser objeto, sin ser víctima, denuncia, no a un individuo sino a un sistema que pretende condenar a la veneración banal del objeto mujer a todo lo que constituye la naturaleza de la mujer.

La lluvia fertiliza y la mujer no niega las dimensiones del amor de pareja y exalta la condición de madre, sin dejarse manipular. La mujer no es el sexo débil y tampoco es la tirana que sustituye al machismo. En Temporal el ser está ligado a la esencia humana y esa esencia no es condicionada por el rol que se tenga que jugar en algún momento. Para la Poeta el lema es:
ni hija ni madre ni padre
ser es primero

Kattia Piñango es la poeta que se hace del verso libre para irrumpir en la primera década del siglo XXI con una voz que denuncia sin ser panfleto, que seduce sin edulcorar, y que deja sentada su posición de mujer combatiente con la palabra que en su denuncia moja, humedece y empapa su compromiso social y político.

Sin hacer de su poesía un vulgar panfleto, fractura las estéticas tradicionales del poema amoroso, aunque el amor circule en sus versos como el agua del río en sus cauces, como la lluvia en la ciudad, no se deja seducir por las trampas esteticistas de la mal llamada belleza burguesa. Lo doméstico en su poema es la lucha de la mujer por sobrevivir a un sistema que pretende condenarla al silencio, y que se niega a dejar que este la engulla.

En estos poemas realza la realidad de la mujer latinoamericana que sale todos los días a construir una nación a desarrollar un país a realizar un sueño. El sueño de los pueblos, de las barriadas, de los campos. 

Latinoamérica camina en este temporal. Y sobretodo el Caribe y sus estéticas. La salsa se deja colar en los epígrafes como eco que talla su propuesta, como la crónica que desnuda amores, que refunda escaleras, que se abre paso, a tiempos mejores.

La violencia de las calles sube y baja las escaleras de este libro, pero no es cliché, no doblega, no aterra, se vive a pesar de ella y se combate con trabajo, con sueños, con solidaridad.

En Temporal, Kattia Piñango no inventa un país, exalta el país real, exalta la ciudad real y el barrio real, con sus aciertos y sus fallas.
Ella rompe el cliché que quieren imponerles a nuestras mujeres, y lo denuncia abiertamente:

yo no modelo camino.

Y yo asumo este lema de Kattia Piñango que al igual que muchas mujeres del siglo XXI en este trabajo poético renuncia a modelarle a un sistema consumista. La poeta se niega a ser objeto de consumo y mercancía y por ello camina hacia adelante, avanza, no se deja envolver por un sistema de consumismo, de banalidad, camina y avanza al igual que su viento interior al igual que hace avanzar impulsada por un temporal a la gente de la Cota 905, del barrio San Miguel, a esas mujeres que aún estando en sus casas avanzan, porque desde allí forman a sus hijos para el trabajo, para el estudio, para el amor.

Sirva este temporal para leer la estética de aquellas mujeres que se niegan en sus poemas a hacer crónicas sexuales, orgásmicas, que están conscientes, que todo un sistema a diario cultiva la estética de la opresión de la mujer mercancía. Ella niega en su verso la posibilidad de convertirse en mujer de lata y denuncia:

Esta cara de este implacable espejo reconoce que nada
se ha dicho que no sea en tu contra
y que solo basta nacer niña para oír las voces
quejumbrosas que le reprochan su imperfecta desnudez:
Agárrate bien a tu marido
(…)
cerveza-tetas,
cerveza-nalgas
cerveza-desnudez perfecta operada
cerveza-hembra
mujer-lata

Quiero resaltar de manera especial la solidaridad de la poeta con las mujeres que viven en zonas en conflicto, solidaridad que plasma haciéndonos ver en sus versos, la suerte que se vive en estas regiones y nos deja un espacio para que como metalectura reflexionemos sobre qué tanto hacemos desde nuestra realidad para que esta sea hábitat en estos escenarios de terror:

Creyeron que habían venido a salvar a las mujeres y a los niños
pero se llevaron sus pertenencias
Una a una de las mujeres recogieron en una maleta improvisada
los recuerdos de aquel lugar
para los niños y las niñas no hubo juguete de recuerdo
aquellos que vinieron a salvarlos se fueron con las ruinas e
instauraron el silencio.

Temporal es una experiencia que se quedará en el lector acelerando la mirada hacia otras lluvias, que permitirá leer a la ciudad desde las aguas que corren barrio abajo, que limpian, que renuevan y de seguro le dará un toque particular a la bohemia, a la forma de fumarnos el mundo, de reinventarlo, de lloverlo. 

Kattia Piñango no pacta con la banalidad, con las poses, con el preciosismo. Que pasó por la Academia, bebió, pero también ofreció sus aguas, y rompe en su escritura con todo lo que nos dicen las escuelas de Letras sobre el tema que debe ser la poesía. En ella no encontraremos un verso preciosista, ella canta desde sus adentros, desde el alma desde la entraña, y no maquilla su verso, lo presenta como testimonio de un momento social, político y cultural.

La celebro y la siento cercana a voces como las de nuestra reina del desenfado, de la irreverencia y la denuncia Lydda Franco Farías, y a su verso “no nací para ocupar un espacio y nada más”, a Alejandra Pizarnik, a Olga Orozco y a las grandes latinoamericanas que saben cantar de otra manera. Temporal es el inicio de un tránsito por las letras que consolidarán su voz como una de las fuertes de la poesía venezolana contemporánea.

Nuestra querida poeta formó parte de la antología Amanecieron de bala (2007), editada por el perro y la rana, y su presencia en esta antología es también signo de una generación que se rebela contra las formas tradicionales de la poesía, ella junto a otras voces, se hace sentir como una generación que ya tiene un espacio en la literatura venezolana. 

Pero en Temporal deja su testimonio personal, su propuesta poética, eleva la condición de la mujer latinoamericana, realza las dimensiones de la ciudad, critica la burocracia, el consumismo, el machismo y deja ver a partir de este su primer libro, todo el impulso que está dispuesta a dar desde el género poético a nuestras letras contemporáneas.


viernes, 17 de agosto de 2012

CINCO POETAS CARAQUEÑAS DE SANGRE Y CORAZON




POETAS CARAQUEÑAS DE SANGRE Y CORAZON

Estas mujeres, jóvenes, poetas, llevan la ciudad en ellas. Y en sus voces aflora como magia que celebra y denuncia, acaricia, moldea.

Sus voces son eco de todos los rincones, suburbios. Alma mater, bohemia y compromiso social político familiar

Su moral, es la ciudad en constante movimiento y ellas no son seres pasivos, se saben corresponsables de la estética, del ideal, de la utopía y el sueño materializado en sus acciones.

Kattia Piñango, Lennis Pérez, Sylvia Paola Sabogal, Yanuva León y Liber Aquarella del Sol Padilla, inician este ciclo por las voces de jóvenes mujeres caraqueñas


Bebamos de ellas




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Kattia Piñango














Me dejo arrastrar por la serpiente donde
los buses dejan sus almas partidas
Con pasajeros que se pierden en
los mal abreviados mensajes de textos
y las maletas de los carros
Todos quieren uno
La fiebre del último modelo
Lo último en tecnología móvil
La última moda de tener lo que todos tienen
El cancer de los comerciales
metiéndose en la fibra de concreto
deambulando por el cerebro de sus víctimas
Siempre se trata de parecer
El resto es obviable
Así como aquella niña que aprendió
A caminar viendo para arriba
Como le enseñaron
El país de la mujeres bellas
(Ella es una reina)
“la venezolana no camina: modela”
Pero yo
Que soy venezolana
No modelo
Camino
No es pasarela
Es la vía
En la que aprendo
Con la lluvia
Pegándome en el lomo
Sin paragua
Sin prisa
Sin poses de damita adiestrada

Yo no modelo,
Camino
Como me enseñó mi madre
Como me enseñaron mis abuelas.

(2008)



A David

Sorpresa fue
que luego de la brisa
y la cerveza
y la conversación
te quedaste
sosteniendo cada minuto
y descubrí demasiado tarde
el momento en que ya tus manos
eran necesarias
y tu inseguridad
te traía a mi
como un hombre abandonado
después de una guerra de mil años

Demasiado tarde descubrí el momento
en que la prisa de tenerte al otro lado de la cama
no era sólo el lleva y trae de una noche
rodeada de semén y olvido
sino la de un día en que
ver una película
y jugar al encuentro irrestricto y necesario
sería esa otra parte
que aquella noche nos ocultó tras sus dientes.

No sé si servirá de algo decir
lo que tantas veces
una se calla
con la irresistible advertencia
de arrepentirse luego.

La cuestión,
-y no te miento-
no es la marchita noche del encuentro
ni los días que brincaron al unísono
gritando que el viento siempre
trae palabras repetidas.

La cuestión
es que quererse
siempre es un derecho
del que nos vedamos
para no parecer
inútiles y tontos ante los demás.

Para mi ya cuentas
en los días en que
tomarse un café
y compartir un desayuno
destrona todas las noches
en que me había empeñado
en marcar siempre las horas de salidas.

Para mi ya cuentas
a partir del momento
en que el olor a óxido
fue reemplazado
por sábanas limpias
y almohadas compartidas.
(2007)


(de: Temporal (2008) )





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Lennis Pérez










Mi cuerpo lleno de eneros sufragó a perder en la vida para ganarle a la muerte, parió mariposas de colores en mayo y diciembre, sintió los embates de la lluvia en el tiempo. La música dejó marcas visibles al amor. Estoy satisfecha, hay amores en la sombra, bajo la tierra en el jardín, hay amores a la falda de la montaña, otro que luego de caminar largos días espera ansioso los fragmentos de una sonrisa. Otro que solo pide a cambio mi mudez. Fui cosechando flores y largos espinos, sin querer amé los silencios. Fiesta de colores, manos que me abrigaron. Mi cuerpo pentagrama de caricias, negro, blanco, mudo, bemoles de la desnudez, danzarina clave de sol. Fa. Do. Cifrado día que demora, notas entre líneas, migajas marcando rumbo peregrino. Al final herrumbre de grafías, cabriola de llamas evocando sombras, lecho solas que aguarda, hoja en blanco ansiosa a que le cuente, yermo expío, el polvo de mis zapatos deletreando el camino, la afonía del verbo, mirada intacta en un fondo sepia. Mi cuerpo lleno de eneros aun aguarda.















SOL DE GUAYAMURÍ

¿Qué tiene que ver tu nombre con la espuma?
¿Con la niebla que te arropa?
El oleaje quiere alcanzarte, la mar desea regodear tu cumbre
Guayamurí con la cabeza en las nubes
¿Qué secretos condensa el agua que te baña?
De coral, de peces, de lágrimas de pescador
La mañana se evapora para rociar tu cima y tú te
Deshaces en agua, tierra, árbol y cardón
¿Cuantos deseos te grita el viento?
Sortilegios, mantras, oración del que vive a los pies
De tu falda, gallos cantarines de tres a seis
Sonata con fondo marino, soliloquio, verde mudes
Te derrites en arcilla y viento, dejas descubierto
Tu hueso calcáreo. Pescador de río revuelto
El amor revienta semilla-pájaro cardón florido
Serías válvula quizás Guayamurí?
Garganta- borrasca- soplo que te custodia
El cardon brotó tratando de asir el cielo
La luz del sol que siempre te adorne
La lluvia que te bañe
No te desdibujes Guayamurí
Oye mi canto






A Juan Calzadilla

Llevo la tristeza a cuestas cual caracol, las penas contenidas y recontadas en una noche estrellada se niegan a desalojar la habitación que ocupo, no sé que espero no entiendo que falta. Una mirada al carrusel descompuesto, al payaso que tomo la corbata y los libros en serio, la muchacha sentada a la orilla de la playa contando los granos de arena en espera de la barcaza que no llega, así soy. Me perdí entre macondo y las casas muertas y traté de no adoptar las letras huérfanas. No sé de mis tristezas, las silencio, me las mastico en el café de la mañana, las oculto tras el maquillaje de la oficina. La vida me jugó una broma, nací a destiempo para no encontrarte sino al final del camino y allí estabas quieto esperando, a primera vista lo notaste. No me sirve de nada el talento la tristeza me abruma y me doblega, veo mas la espina que la rosa, me juego la vida y me retrato en el manual para inconformistas, no entiendo de fórmulas dadaístas pero de eso se trata, de llevar a cuestas esta tristeza iluminada con tu sonrisa tratando de encontrar respuestas en el corporal barroco de tu escritura.






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Sylvia Paola Sabogal






Nunca, jamás, siempre y sólo Caracas

Caracas juega a aniquilarnos
mientras se consume a sí misma
en el espejo de lata de un desfigurado narciso

Caracas trata de negarnos
condena al olvido a todos sus pobres
reconoce sólo a los héroes

Caracas es una pradera despiadada
donde el amor se hace a escondidas

Sucursal del Hades,
bacanal,
lupanar,
basurero,

cementerio de esperanzas

dulce néctar de concreto
bastión olvidado por los sueños

Todo eso y cualquier otra cosa es Caracas
nunca tan terrible como pudiera
jamás tan pacífica como parece
siempre viva para quien se atreva
sólo real para quien la acepte







Varias caracas Caracas VII

No te me disfraces de día, Caracas
a qué tanta pompa y falso vestido
si tú y yo sabemos la noche
que llevamos dentro






Varias caras Caracas III

Tus rosados me invitan a beberme la nostalgia.
Amanece, y la noche no pudo acabar la melancolía.

¿Qué nos queda?

Esperar a que se vaya el día
y se enciendan los postes

Esperar a que se sinceren los puentes
y resuciten los fantasmas

Esperar de nuevo tu noche
para que todos bailemos otra vez
la danza de los olvidados

¿Qué más nos queda, Caracas
si no tratar de morir en ti?




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Yanuva León                






TENGO NORTE de cangrejo y una ridícula sonrisa fuera de
tono, esta cápsula comprada a fuerza de párpados cerrados
es un grosero perfume para vomitar flores plásticas, detrás
la tierra andrajosa se llena de piojos, rastro de uñas en la pared,
agua sucia en las miradas, niños al ajillo en el último banquete
imperial, mar abierto al pez muerte, ajedrez perpetuo en el
jaque, carroña esperanza en muebles de rey, detrás dios abierta
la boca se ríe de Chaplin, tosen los pájaros con rigor de fin en las
plumas, un televisor con piernas de hembra coquetea con las
últimas neuronas y aquí burbuja procaz estos cuentos repulsivos
de palabrotas acartonadas, una promesa envejecida vierte talco
en la letrina, fórmulas de tinta resuelven la ecuación-mundo en
treinta tomos, es mejor un brocado luengo grita sin pudor un
maldito sabio parapeto, óperas, gritos, gaudeamus, pan roto.
Mientras la realidad huele a majada yo pensé en mariposas y en
ti, que no me conceda nadie el perdón.












                                                                     a Miguel Ángel Asturias

Y ya no hay santo, Dios
ni tú estás más en la boca del caído
del fiel atrás del pan
sin él
se perdió en vuelo negro
el bendito nombre que te hicieron las mesas de lujo
dónde estás pobre pie de sandalias
resucitador de hombres
multiplicador de peces
cuánta nostalgia en tu pupila desaparecida
ni el fuego rojo en la llaga hereje quiere dejar cicatriz
vuelve sólo el hechizo de mis almas vegetales
mis gigantes calcáreos
el maíz en hoja seca de Diablo Grande
el de Asturias con su humo sagrado
qué poco tu reino en mi tierra
qué enana y fácil de superar tu cuesta
ni olivos ni montes
el mar bravío en mis playas
te desnombra
hoy vuelve a vibrar el canto y el embrujo en las semillas
en las manos
en la piel
ese libro tuyo papel-mentira

quedó para azuzar la llama
en los ojos de este cosmos
que por fin se desviste
de tu miseria
sepulcro roído.


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Aquarela del Sol Padilla





Alma y la lluvia

Nadie dijo que llovería y sin embargo el cielo bajó y se nos sentó a un lado. Como el hombre que esperó su muerte en la entrada de su casa, nosotras, como hojas , como árboles tristes esperamos en silencio la lluvia y su olor de tierra mojada. No sé si llegaremos y sin embargo al mirar sé que de ti, del latido que te vive es suficiente. No pido más. Llegará la lluvia y con ella los pájaros no tendrán sed, y con ella reiremos adentro, bajo un techo amplio para que nadie sepa nuestro secreto placer de gotas frías. Tú, respiración de verde brisa, sabes cuál será el tono en que nombrarás la lluvia, acompañandola.

Para no quedarse con ese trozo de espanto en la boca
Para no negarse a una saliva histórica
Que rebulle en la punta de la lengua y que casi siempre es sal
Congestión del mar y de su orilla
Y que casi siempre deja en blanco lo que toca

Mataron a la serpiente y sólo así
Nos negaron la humedad de la mañana en que nacimos

El corazón no es lo único que late
Tocaba su verdor para que me hablara
Y la hoja se quedó inmóvil como la mano
Como la gravedad que nos sostiene



Ir a comerme una manzana con Eva y plantarme indecente, poco refnada,
frente a su cuerpo marino, rondarle su cabellera  líquida y azul, rescatarla
de  ese  viejo  egoísta  que  se  hace  llamar  todopoderoso.  Sentarnos  toda  la tarde a comer manzanas, las más rojas, las más blandas y jugosas manzanas del supuesto pecado; comilonas, acostarnos frente al sol y celebrar la festa rebelde, de seguro Adán andará buscando hojas para taparse  la desnudez, tan cobarde como siempre. Hablar en otro idioma nunca impuesto, quizás como los pájaros, como los peces o culebras, un idioma vegetal como esta tarde. Sacarle la lengua al mundo y reírnos eternamente, danzando como lluvia, empapando todo lo que sabe a fores. Plantarle otro árbol a la noche para que venga  a  recoger  sus  lunas  redondas  como naranjas. Las monjas arrugadas, tediosas, todas despavoridas huyendo de los conventos, gritando el fn del mundo  ¡Eva planta árboles prohibidos con otra mujer desnuda! Adán se tapa los ojos, ¡Qué horror! El Papa seguro morirá de un infarto. No verá la rebelión desnuda y sin costilla de Adán. Eva y yo, descalzas entre las líneas de un libro bien aburrido, decidimos escapar con la mochila cargada de manzanas, para  todas  las Evas que  esperan  ansiosas  el  gran mordisco jugoso de la libertad.
Amén.