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FOTO: ENRIQUE HERNÁNDEZ DE JÉSUS |
WILFREDO MACHADO*
LARA (1956)
SELECCIÓN DE CUENTOS
LA INVENCIÓN DEL FUEGO
En el sueño la mujer entró en el vagón y vino a sentarse justo a su
lado. A esa hora la estación del metro estaba vacía. Los trenes viajaban
a gran velocidad. No daba ni siquiera tiempo de leer los carteles que desaparecían
como manchas brillantes sobre el muro y que quedaban atrás sumidos en la
oscuridad de los túneles. Recordó que la mujer olía al humo de mil bares y al
deseo de tantas preguntas sin respuesta que se habían quedado flotando en el
aire turbio del salón bajo la música de la orquesta. Corazón de sombra. Pensó
que era un buen título para un bolero.
—¿Qué
estación es ésta? —, preguntó con cierta urgencia, como si de ello dependiera
su vida.
—No sé—,
respondió. Es difícil reconocer las estaciones a esta hora.
—¿Para dónde
vas?—
—Dos
caminos—
—¡Ah, eres
de los indecisos!—, dijo con cierta ironía.
Fue en ese
preciso momento que sacó un un cigarrillo de su bolso y le pidió fuego.
—Yo no
fumo—, respondió cortésmente.
Entonces,
acercándose, le susurró casi al oído ¿por qué ese gran incendio sobre tu cama?
Cuando
despertó, el apartamento ardía en llamas. Apenas tuvo tiempo de huir escaleras
abajo para salvar la vida. Por instrucciones del Cuerpo de Bomberos todos los
inquilinos debieron abandonar el edificio esa misma noche. Su
corazón, su vida, sus huesos olían a humo. Se sentó en la acera a observar como
las llamas iban desapareciendo entre los escombros. No había nada que hacer.
Cuando más tarde tomó el metro —casi al amanecer, entre obreros de la
construcción y estudiantes somnolientos—, la mujer todavía estaba allí, en el
mismo vagón, aguardándolo. El cigarrillo apagado colgando entre los
labios.
MAGO
El niño con el
pote de pega cruzaba la calle, somnoliento, cuando un autobús lo embistió con
violencia, dejándolo muerto sobre la acera. Todos quedaron conmovidos frente al
cadáver del infante. Nadie supo de dónde salió el mago, quien cubrió el
cuerpecito con una sábana blanca. El mago comenzó a realizar una serie de pases
mágicos sobre la sábana que brillaba bajo el sol. Un grupo enfurecido de los
que allí estaba se acercó al mago e, insultándolo, lo golpeó con violencia.
“Qué te has creído” ¡Cabrón! “¿No respetas el dolor de la gente?” El mago
desapareció del lugar antes de ser linchado. Cuando al fin llegaron los
paramédicos en una ambulancia, levantaron la sábana con cuidado. Algunos
curiosos que llegaron tarde sólo vieron la bandada de palomas que elevaba su
vuelo desde la sábana manchada de sangre hacia los edificios grises. Todos
aplaudían con lágrimas en los ojos.
FÁBULA DEL UNICORNIO
Cuando Noé vio el cuerno que sobresalía de
la espesa crin en la frente, no dudó ni un instante sobre la identidad del
animal que pedía humildemente ser aceptado en el Arca ante la inminencia del
Diluvio.
Jamás había visto a un unicornio, pero los
libros antiguos lo describían como un animal más bien pequeño, semejante a una
cabra y de carácter huidizo; con un largo cuerno rematado en una afilada punta,
parecido a ciertas especies de caracol no muy abundantes en estos días.
Cuenta la tradición que, finalizado el
Diluvio y agotados los pájaros para ir y venir a través de la tormenta y de la
noche, Noé envió al unicornio a comprobar si había bajado el nivel de las
aguas. El unicornio se arrojó a la oscuridad y al tocar el líquido comenzó a
hundirse. Ante la cercanía de la muerte rogó a un dios por su vida. Este lo
transformó en un narval, dejándolo conservar sólo el cuerno como memoria de un
pasado que desaparecía en el océano del tiempo.
En las noches claras, cuando el viento
rompe el crepúsculo del agua en ondas oscuras, añora galopar bajo el vientre de
una doncella desnuda como la luna como una pecera de fondo.
A veces atraviesa a algunos bañistas con su
afilado cuerno buscando a Noé desde tiempos remotos.
EL AMOR DE LAS SIRENAS
Una
de las sirenas había seguido al Arca durante varios días a través de un mar
tempestuoso que prometía echar a pique la frágil embarcación a la menor falsa
maniobra. A veces perdía el rastro, para luego, más adelante, encontrarlo en
algún pez muerto que devoraba con fruición de un solo bocado, o en el vuelo
lejano de un grupo de gaviotas que acompañaba al Arca en su ruta desconocida.
Ella pensó que era como una cáscara de nuez a la deriva, o una tortuga flotando
muerta o dormida en el océano.
La
noche de la tormenta, al noveno día, Noé pensaba en la sirena mientras
finalizaba sus notas. Recordaba los ojos huidizos que comenzaban en aquel
momento a hundirse en el agua y que sabía perdidos para siempre. La memoria era
un débil coleóptero sobrevolando la escasa luz del candil, una máscara gastada
por el tiempo y arrojada a la calle. Recordó como en un sueño un grupo de
mujeres vendidas en una subasta pública la noche del gran incendio de
Alejandría. Recordó a otras que había poseído en la intimidad de una alcoba a
las orillas del Tana, a otras que nunca conocería, porque sus días estaban
contados como las estrellas del cielo.
Lo
último que sintió al apagarse el candil y ser arrastrado por la tormenta al
fondo del agua, fue la mirada más triste del mundo a su lado, la cabellera de
algas verdinegras, las manos húmedas que lo desnudaban en el silencio de las
profundidades y unos diminutos dientes de pez que comenzaban a devorarlo
despacio, casi amorosamente
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*Wilfredo Machado
Narrador, y
compilador, nacido en Barquisimeto, estado Lara, 1956. Estudió Letras en la
Universidad de Los Andes (ULA) y en 1993 realizó estudios en la ciudad de Nueva
York. Sus comienzos literarios están vinculados al Taller Autónomo de
Literatura (TAL) en la ciudad de Mérida en el que participó a finales de los
años sesenta.
Ha combinado
su labor literaria con importantes cargos públicos que le han permitido
difundir y promover la literatura venezolana: en 1988 fue coordinador de
talleres literarios del departamento de producción de Fundarte; entre 1990 y
1992, coordinó el Programa de Talleres de Literatura de la Dirección General
Sectorial de Literatura del Consejo Nacional de la Cultura (CONAC); también fue
Coordinador de Relaciones Institucionales de la Fundación Kuai-mare del Libro
Venezolano, entre el 2000 y el 2002; Gerente Editorial de Monte Ávila Editores,
1996-1999. Se desempeñó como Agregado Cultural de la República Bolivariana de
Venezuela en Brasil.
Su narrativa,
de corte fantástica, se desarrolla en cuentos breves que conjugan el humor, la
sorpresa y la picardía. Además de sus libros, muchos de sus relatos están
recogidos en antologías nacionales e internacionales
Premios
Primer Premio XLI Concurso de Cuentos de El Nacional, 1986,
por “Contracuerpo”. Mención de honor en XLII Concurso de Cuentos de El
Nacional, 1989. Segundo Premio del Concurso Literario Narrativa Breve,
Instituto de Cooperación Iberoamericana (ICI), Embajada de España, 1992. Premio
Municipal de Narrativa del Distrito Federal, mención Cuento, 1995 por Libro
de animales. Primer Premio Fundación para la Cultura Urbana, 2003, por Poética
del Humo. Beca “Julio Garmendia”, Centro Nacional del Libro, 2003. Premio
Ministerio de la Cultura, 2010, por Diario de la gentepájaro.
Obra
Cuento
Contracuerpo. Caracas: Fundarte,
1988. Fábula y muerte del ángel. Maracaibo: Dharma, 1991. Manuscrito.
Caracas: Ananda, 1994. Libro de Animales. Caracas: Monte Ávila Editores,
1994 [Coedición Alfadil-CENAL (Prólogo de Salvador Garmendia), 2003]. Wilfredo
Machado. Martes de Narrativa. Caracas: Fundación Espacios Unión/Banco Unión
(Cuadernillo No 41), 2000. Poética del Humo. Caracas: Fundación para la
Cultura Urbana, 2003.
Novela
Diario de la gentepájaro.
Caracas: Fundación Editorial El perro y la rana, 2008.
me encantó ... el mago
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