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jueves, 21 de marzo de 2013

Cartas a Sebastián para que no me olvide


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 Orlando Araujo

(Calderas, Barinas, 1928  - Caracas, 1987)




Cartas a Sebastián para que no me olvide


Orlando Araujo, representa para la literatura venezolana la mayor expresión de ternura poética y el compromiso profundo con los destinos de su pueblo, signado por alcanzar la mayor justicia social. El afecto, la solidaridad, la ternura y la sabiduría son ingredientes que conforman su poética. Su literatura esta íntimamente ligada a los afectos, y de forma aguerrida a la denuncia social. Orlando Araujo, fue un excelente ensayista, poeta de la sensibilidad y narrador del imaginario de un país, que entre la ruralidad y la urbe fue forjando en su creación, una estética del hombre sensible.

Con olor a guayaba dulce, floreado de apamate, con el dulzor del mango. Cabalgando sobre el caballo blanco de Bolívar, inspirado en el canto de krasnomir, con el afecto de Trina y la grandeza del mar, llega Orlando Araujo, a través de las cartas a sus hijos, Juancho y Sebastían, para hablarnos del amor, de la justicia, de la solidaridad y de la historia.

Vistiendo su guayabera blanca, espera perpetuarse en la memoria, desde cada una de estas cartas. Al escucharle podemos “abrir los ojos y sentir por dentro”, para encontrarnos con la dimensión del poeta, del padre y del líder social. Su poesía se vuelve canción y pasamos a ser sus hijos cuando le escuchamos y buenos padres cuando en voz alta la compartimos con la gente.

Cartas a Sebastián para que no me olvide, simboliza un universo colmado de ideales, valores y afectos, que contribuyen a fortalecer el espíritu de la gente sensible. La valoración de la infancia, la amistad y el amor, orienta la relación afectiva entre el autor y sus hijos. A través de estas cartas nos convertimos en primogénitos de su poética y llegamos a contemplar la recreación de un universo transformado por la palabra del poeta

Ofrecemos tres de las cartas que componen esta obra, como una invitación al deleite y la grata experiencia que de seguro nos llevará a disfrutarla en su totalidad.






UN AMIGO 
 
Un amigo es el refugio de los miedos que sentimos noche y día, alguien que te mira sonriendo cuando tú lo hieres.
Un amigo te levanta cuando caes y no espera saber que te has caído. Es como si de pronto estás solo y alguien te llama para decirte que lo esperes.
Un amigo es el guante de tu corazón cuando hace frío, el bolsillo donde guardas las cosas que no muestras, el abrigo contra la lluvia del odio, un pararrayos aun cuando no haya tempestad, y una tempestad si en la calma te atormentan.
Un amigo es el espejo donde tú eres él; no apagues esa luz y no le falles en cualquier oscuridad.
 
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LA CARTA DEL PADRE

Soy inevitable, fui tu padre como tú lo serás cuan seas tuyo: y entonces amarás desde lejitos.
Hay hijos que esperaron y buscaron a su padre, Telémaco entre ellos. Telémaco, el hijo de Ulises, el padre que se fue muy lejos y el hijo creció para buscarlo y encontrarlo, veinte años después.
Hay padre que jamás buscaron ni esperaron. Hijos también.
Tengo las manos extendidas porque de vez en cuando hay un padre desconocido. Por calles y caminos busco siempre a un hijo.
Esta es la carta de un padre que amanece con una estrella en la mano.
Soy tan tuyo como mio y dibujo en el recuerdo el mar que te regalo.
Cuando seas capitán, saluda al sol y llévame contigo como si no me vieras.
Soy tu hijo.








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PORQUE HABLO MUCHO DE AMORES PREGUNTAS QUE ES EL AMOR

Una escalera de aguas blancas con anteojos azules, esa guacharaca que canta en la mañana más allá del río, el salto de un niño sobre el pozo que la lluvia le dejó en la calle con el sol adentro, el amor eres tú y soy yo cuando conversamos en silencio.

El amor es la tetagira, una pepita de oro, flor silvestre y venenosa que nace y crece y guinda junto a los manantiales debajo de un árbol de trompillo. Cuando seas viejo y muerdas un mango, el amor es tú infancia.

El amor es una viejita pobre, calva y solitaria llamada victoria, tú la has visto registrando los basureros allá cerca del río, para dar de comer a los perros flacos y realengos que recoge en su rancho.

El amor es un amigo que se muere o que se va o que pelea con uno. El amor son las ovejitas de plata del Yagrumo cuando la niebla pasea por los andes, la luna cuando la penetra el sol, el sol de las mandarinas en la tarde y un caballo blanco en la mañana.

El amor es a veces una cuna, a veces una cama, y a veces una tumba.

El amor es poder abrir los ojos y sentir por dentro.

El amor es una mujer, una amiga, una compañera que te de vida sin pedir la tuya. El amor eres tú cuando haces lo mismo.

El amor es dios si de verdad dios es uno y siendo uno anda en todo lugar y en todo tiempo.

El amor, Sebastián, me matará sin que yo sepa, me guardará en sus brazos y me recordará para resucitarme.

Cuando lances una piedra procura no pegarle a nadie. Y si la lanzas de verdad y pegas, es porque a veces el amor se oculta, como el sol.

Duerme, entonces, para que amanezca. 






Cartas a Sebastián para que no me olvide. Araujo, Orlando.  Monte Avila Editores. Colección Biblioteca Básica Infantil y Juvenil. Primera edición, 2007, 95 pp.