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miércoles, 14 de mayo de 2014

César Rengifo, Padre del Realismo Poético





 César Rengifo
1915-2014



César Rengifo, Padre del Realismo Poético



Este 14 de mayo de 2014 se celebraron 99 años del nacimiento de César Rengifo, uno de los artistas venezolanos integrales, mas importantes del Siglo XX, que dedicó su vida y obra a proyectar el realismo social y poético de nuestros pueblos originarios, de nuestros pueblos campesinos y de nuestras barriadas obreras.

Su obra plástica, su obra dramática y su poesía, tejen el imaginario de un pueblo agrario marcado por la pobreza, al que se le agudizaron sus condiciones de vida con la llegada del auge Petrolero. Por lo tanto el Realismo Social que caracteriza toda su creación es testimonio claro de los que no tenían voz.

Su obra es el registro de su conciencia social. Su estética cultural es, sin duda, antítesis de la estética burguesa, con toda razón el Ceramonauta Jesús Mujica me decía en días pasado: “la obra de César obedece al Realismo Poético”.

Se nutrió de los grandes movimientos artísticos de su época. Sobretodo de los muralistas mexicanos, y en su condición de Intelectual Integral no se divorció de los movimientos sociales venezolanos y latinoamericanos y supo hacerse del arte para narrar a través de diversas formas expresivas, la poética de los excluidos, los campesinos, los obreros.

Los rostros de su obra plástica, son los de nuestros campesinos, indígenas, son los rostros de los pobres de la tierra. Dentro de su filosofía como artista supo ser consecuente con su pensamiento: “Creo en el arte en función de la humanidad”.

Para Cesar Rengifo “toda la cultura venía del pueblo, emergía de su esencia, del trabajo creador de las masas” y para ello dedicó su obra pictórica y drámatica a representar expresiones del pueblo tácito, excluido e innombrado.

Para nuestro Maestro la esencia del pueblo tiene un contexto histórico amplio; la cultura indígena no desaparece con la cultura colonial. Nuestros indígenas del periodo colonial son los mismos campesinos de la gesta libertadora, son los mismos obreros petroleros de la Venezuela Saudita.

El poder latifundista, oligarca y burgués que atropella a las mayorías es denunciado en su obra así como es reflejada la conciencia y la lucha de clases que reside en la conciencia de los excluidos, marginados, los pobres.

Fue merecedor del Premio Nacional de Artes Plásticas en 1954 y en 1980 del Premio Nacional de Teatro, pero la vida no le permitió recibir tan importante premio de la mano de las estructuras oficiales del momento, a cambio lo recibe desde el momento de su muerte física, en cada acción desarrollada desde su obra por el Teatro Obrero, el Teatro de Calle, desde la redimensión social de los espacios a los que respalda su nombre.

Hoy la burguesía venezolana plantea recobrar el poder perdido en las urnas electorales con una lucha de guarimbas, carente de conciencia de clases. Los que aún poseen los medios de producción espera que regrese un estado que les devuelva su hegemonía.

A los 99 años de su nacimiento, sus personajes de la pintura y el teatro salen a las calles a preservar los derechos de los marginados a dignificarlos y a hacer revoluciones para las mayorías a las que César Rengifo escribió, pintó, y para las que vivió en ese convulso siglo XX.

Hoy comienza la ruta hacia su centenario. Por ello artistas, poetas, pintores, actores, dramaturgos, editores, pero sobretodo obreros, estudiantes, agricultores, campesinos, sigamos construyendo el Realismo Poético de Nuestro César.



leeresentender@gmail.com

caracas

miércoles, 7 de mayo de 2014

A los 79 años de Ramón Palomares. Brevísima selección

 
Fotografía: Enrique Hernández de Jesús

  

 

Ramón Palomares

(Escuque, Venezuela. 7/mayo/1935)



Hace 79 años vió la luz del mundo el lenguaje andino hecho hombre, el paisaje andino hecho palabra, la palabra andina hecha aliento.

 

Ramón Palomares resemantizó la voz de la humildad, del campo, de la sierra. Revivió los ancestros y trajo de regreso el habla de los Cuicas, la cadencia del labrador, el misterio que se oculta en la mirada de los difuntos de la sierra andina. 

 

Los licores tienen otro sabor en su poema, caliz de los pájaros, sudor del que cultiva en un frailejón todos los dialectos. 

 

En los territorios de su poesía, los difuntos están más vivos que los hombres. 

 

Su poesía es la poesía del lenguaje, del dialecto, del habla.

 

Ramón Palomares logró y logra en sus poemas, al igual que Juan Rulfo en sus relatos, registrar toda una poética del campo, con la intensión de hacer registro de la grandeza oral de nuestros pueblos.

 

El imaginario es creado, asumido y ejercido por los hombres que fundan con el habla un territorio y Ramón Palomares es protagonista como creador y como poeta del lenguaje de los pueblos andinos.

 

Salve Maestro, tu humildad y tu palabra, en estos 79 años, la cual se ha eternizado en nuestra poesía venezolana y latinoamericana.

 

 

 

 


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MÁSCARAS

 
He aquí que existimos en el límite de la mentira
Que nuestra vida es impalpable
Que estas personas representadas pertenecen
A un dueño de otro orden
Cumplimos cabalmente en escena
Ante el gran público. Así recreamos bajo los astros
Y acudimos a una cita en los vientos
Saliendo al paso de nuestras fiestas.
Nuestro corazón está prestado a otros personajes,
Murmuramos un sueño y nuestros labios no son responsables,
Somos bellos o nobles según la circunstancia.
Nos asalta un delirio azaroso
Y caemos en los escenarios bajo una voluntad extraña.
Y no tenemos vida,
Pues andamos sobre ruedas en un país desconocido
Cuyas flores nos interesan de manera frívola
Y cuyas mujeres nos aman en alcobas de falsedad.
Producimos un fuego y su corazón azul
Crepita con más fuerza que el nuestro
En tanto arden los leños a la manera de sangre.
Nos permitimos ser extraños. Falsos.
Llevar una emoción no sincera.
Mientras andamos, desterramos de nuestro cuerpo
En un interminable paseo

 

 

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ELEGÍA A LA MUERTE DE MI PADRE

 

Esto dijéronme:
Tu padre ha muerto, más nunca habrás de verlo.
Ábrele los ojos por última vez
Y huélelo y tócalo por última vez.
Con la terrible mano tuya recórrelo
Y huélelo como siguiendo el rastro de su muerte
Y entreábrele los ojos por si pudieras
Mirar adonde ahora se encuentra.
Ya los gavilanes han dejado su garra en la cumbre
Y en el aire dejaron pedazos de sus alas,
Con una sombra triste y dura se perdieron
Como amenazando la noche con sus picos rojos.
Las potentes mandíbulas del jaguar se han abandonado
A la noche se han abandonado como corderos
O como mansos puercos pintados de arroyos;
Vélos abrirse paso en el fondo del bosque
Junto a los ríos que buscan su lecho subterráneo.
Y de esos mirtos y de esas rosas blancas
Toma el perfume entre las manos y échalo lejos,
Lejos, donde haya un hacha y un árbol derribado.
Ya entró la terrible oscuridad
Y con sus inexorables potencias cubre las bahías
Y hunde las aldeas en su vientre peludo.
Toma ahora el jarro de dulce leche
Y tíralo al viento para que al regarse
Salpique de estrellas la tiniebla.
Pero aquel cuerpo que como una piedra descansa
Húndelo en la tierra y cúbrelo
Y profundízalo hasta hacerlo de fuego
Y que el vapor se hunda con sus exánimes miembros
Y que su fuerza descoyuntada desaparezca
Como en el mes de mayo desaparecen algunas aves
Que se van, errantes, y nadie las distinguirá jamás.
La joven vestida de primavera,
La habitante en colinas más verdes,
La del jardín más bello de la comarca,
La del amante de las lluvias;
La joven vestida de primavera se ha marchado,
Inconstante, como los aires, como las palomas,
Como el fuego triste que ilumina las noches.
Así pues:
Que tus manos no muevan más esos cabellos,
Que tus ojos no escudriñen más esos ojos,
Pues se cansa el caminante que en la cumbre se detuvo
Y que el camino no pudo determinar su fin.
Pon sobre los lechos tela limpia,
Arrójate como el vencido por el sueño
Y como si fueras sobre los campos, sobre los mares,
Sobre los cielos, y más, y más aún:
Duérmete, como se duerme todo,
Pues el limpio sueño nos levanta las manos y nos independiza
De esta intemperie, de esta soledad,
De esta enorme superficie sin salida.
Dijéronme:
Tu padre ha muerto, más nunca habrás de verlo.
Abréle por última vez los ojos
Y huélelo y tócalo por última vez:
Como se toca la flor para la amada, así tócalo;
Como se miran los extraños mundos de un crepúsculo, así míralo;
Como se huelan las casas que habitamos un tiempo, así huélelo.
Ya los zamuros se retiraron a las viejas montañas
Y también los lobos, las serpientes,
Y no saldrán hacia los claros bellos de la luna
Y no escucharán el canto de las estrellas silvestres
Y no detendrán el suave viento que mueve las hojas.
Voltearon y se fueron y ya no quieren más las claridades,
Las claridades que bailan serenamente en las copas.
Ya las flores nacidas anoche,
Como el lirio, como la amapola, como la orquídea blanca;
Las flores nacidas anoche han desaparecido
Y sólo cuelgan con olores tristes de los gajos.
No mires más a los arroyos que se llevaron las aguas,
Las de ayer, las de hoy, las de ahora mismo,
Y por la lejanía no dejes vagar tu mirada
Acuciada por el dolor de los pájaros presos,
Por el dolor de quienes dejaron partir a la amada,
Por el dolor de quien no puede marchar más nunca a su país.
Hace poco tiempo han pasado ante tus ojos
Sobre la tarde gris, por el cielo inhóspito,
Ciertas aves migratorias llenas de tristeza. 






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DICE QUE YA NO LE HACEN FALTA FLORES

                                                    A Baica
 

Dice que ya no le hacen falta flores que paqué 
Que se las guarden pa la fosa —dice
Que se las lleven a la Inmaculada —dice
 —Yo No 
     A mí no 
 
 Por eso está cortando todo
                                          Por allí por allá
 
 No deja nada con cabeza
                Los almendrones se pusieron blancos cuando
                                                        pring!
 
                comenzó a darles encaramado en la escalera                 
                                               El que vive envenenado 

 —A las gallinas 
     Al perro 
     A las matas de rosa 
     A todo A todo lo voy a fregar —dice 
 
 —Paqué flores 
     Paqué tanto animal  
     Pa puro echar jaretas! 
 
     Y Pring,
 
     Suena el machete en la ramita
 
     Corta el filo y en el tronco 
 
 —Que se friegue todo 
     Que se fuña
 
     Y ya en la casa no es más que afanar 
     Y corta que te corta
                                      Y "¡Bajemeeso!"
 Y "¡Tumbemeeso!"
 
 "Qué caray"


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Pajarito que venis tan cansado 


Pajarito que venís tan cansado
y que te arrecostás en la piedra a beber, decíme:
¿no sos Polimnia?
Toda la tarde estuvo mirándome desde no sé donde

Toda la tarde

Y ahora que te veo caigo en cuenta:
venís a consolarme.
Vos que siempre estuviste para consolar
Te figuras ahora un pájaro ¡ah pájaro esponjadito!
Mansamente en la tierra y por la hierbita te acercás:
"yo soy Polimnia" y con razón que una luz de resucitados
ha caido aquí mismo.
Polimnia riéndote,
Polimnia echándote la bendición.
Corazón purísimo.
Pajarito que llegas del cielo,
figuración de un alma.
Ya quisiera yo meterte aquí en el pecho,
darte de comer, meterte aquí en pecho,
Y que te quedaras allí
Lo más del corazón


viernes, 2 de mayo de 2014

Fragmentos de Literatura. Breve selección





Fragmentos de Literatura. Breve selección


Como una manera de acercar al lector a grandes obras de la literatura universal, ofrecemos pequeños fragmentos de novelas, de  grandes escritores contemporáneos, que puedan servir como abreboca para atrevernos a penetrar el mundo de los libros, sin el temor de salir atropellados, aterrados, desilusionados o lo que puede ser peor, sin el animo de poder leer. 

Los fragmentos son como pequeños trailers de película, como estractos de historias escuchadas al azar en autobuses, en restaurantes , en nuestras casas, que necesariamente nos obligan a ir a ellas. 

Espero que esta selección ayude a los no lectores a adentrarse en estas obras y  a su vez a los ratones de bibliotecas, a los voraces lectores, les permita estar de acuerdo conmigo o en el mejor de los casos llevarme la contraria y hacer referencia, en este espacio, en este blog, de esos trozos de la literatura que pueden convertirse en excelentes aperitivos literarios 


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Gabriel García Márquez

Colombia 
(1927-2014)






Cien años de soledad

(fragmento)

 
"Aureliano sonrió, la levantó por la cintura con las dos manos, como una maceta de begonias, y la tiró boca arriba en la cama. De un tirón brutal, la despojó de la túnica de baño antes de que ella tuviera tiempo de impedirlo, y se asomó al abismo de una desnudez recién lavada que no tenía un matiz de la piel, ni una veta de vellos, ni un lunar recóndito que él no hubiera imaginado en las tinieblas de otros cuartos. Amaranta Úrsula se defendía sinceramente, con astucias de hembra sabia, comadrejeando el escurridizo y flexible y fragante cuerpo de comadreja, mientras trataba de destroncarle los riñones con las rodillas y le alacraneaba la cara con las uñas, pero sin que él ni ella emitieran un suspiro que no pudiera confundirse con la respiración de alguien que contemplara el parsimonioso crepúsculo de abril por la ventana abierta. Era una lucha feroz, una batalla a muerte, que, sin embargo, parecía desprovista de toda violencia, porque estaba hecha de agresiones distorsionadas y evasivas espectrales, lentas, cautelosas, solemnes, de modo que entre una y otra había tiempo para que volvieran a florecer las petunias y Gastón olvidara sus sueños de aeronauta en el cuarto vecino, como si fueran dos amantes enemigos tratando de reconciliarse en el fondo de un estanque diáfano. En el fragor del encarnizado y ceremonioso forcejeo, Amaranta Úrsula comprendió que la meticulosidad de su silencio era tan irracional, que habría podido despertar las sospechas del marido contiguo, mucho más que los estrépitos de guerra que trataban de evitar. Entonces empezó a reír con los labios apretados, sin renunciar a la lucha, pero defendiéndose con mordiscos falsos y descomadrejeando el cuerpo poco a poco, hasta que ambos tuvieron conciencia de ser al mismo tiempo adversarios y cómplices, y la brega degeneró en un retozo convencional y las agresiones se volvieron caricias. De pronto, casi jugando, como una travesura más, Amaranta Úrsula descuidó la defensa, y cuando trató de reaccionar, asustada de lo que ella misma había hecho posible, ya era demasiado tarde. Una conmoción descomunal la inmovilizó en su centro de gravedad, la sembró en su sitio, y su voluntad defensiva fue demolida por la ansiedad irresistible de descubrir qué eran los silbos anaranjados y los globos invisibles que la esperaban al otro lado de la muerte. Apenas tuvo tiempo de estirar la mano y buscar a ciegas la toalla, y meterse una mordaza entre los dientes, para que no se le salieran los chillidos de gata que ya le estaban desgarrando las entrañas."



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Alejo Carpentier

Cuba 
(1904-1980)

 


El Reino de este mundo


(fragmento)
"Ti Noel comprendió obscuramente que aquel repudio de los gansos era un castigo a su cobardía. Mackandal se había disfrazado de animal, durante años, para servir a los hombres, no para desertar del terreno de los hombres. En aquel momento, vuelto a la condición humana, el anciano tuvo un supremo instante de lucidez. Vivió, en el espacio de un palpito, los momentos capitales de su vida; volvió a ver a los héroes que le habían revelado la fuerza y la abundancia de sus lejanos antepasados del África, haciéndole creer en las posibles germinaciones del porvenir. Se sintió viejo de siglos incontables. Uncansancio cósmico, de planeta cargado de piedras, caía sobre sus hombros descarnados por tantos golpes, sudores y rebeldías. Tí Noel había gastado su herencia y, a pesar de haber llegado a la última miseria, dejaba la misma herencia recibida. Era un cuerpo de carne transcurrida. Y comprendía, ahora, que el hombre nunca sabe para quién padece y
espera. Padece y espera y trabaja para gentes que nunca conocerá, y que a su vez padecerán y esperarán y trabajarán para otros que tampoco serán felices, pues el hombre ansía siempre una felicidad situada más allá de la porción que le es otorga
da. Pero la grandeza del hombre está precisamente en querer mejorar lo que es. En imponerse Tareas.
En el Reino de los Cielos no hay grandeza que conquistar, puesto que allá todo es jerarquía establecida, incógnita despejada, existir sin término, imposibilidad de sacrificio, reposo y deleite. Por ello, agobiado de penas y de Tareas, hermoso dentro de su miseria, capaz de amar en medio de las plagas, el hombre sólo puede hallar su grandeza, su máxima medida en el Reino de este Mundo"




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Julio Cortazar

(1914-1984)




Rayuela

7

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella.
Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.


(-8)



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 Juan Rulfo

Mexico
(1917-1986)
















Pedro Páramo 


(Fragmento)





Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría; pues ella estaba por morirse y yo en plan de prometerlo todo. «No dejes de ir a visitarlo -me recomendó-. Se llama de otro modo y de este otro. Estoy segura de que le dará gusto conocerte.» Entonces no pude hacer otra cosa sino decirle que así lo haría, y de tanto decírselo se lo seguí diciendo aun después que a mis manos les costó trabajo zafarse de sus manos muertas. 
 

Todavía antes me había dicho:


-No vayas a pedirle nada. Exígele lo nuestro. Lo que estuvo obligado a darme y nunca me dio... El olvido en que nos tuvo, mi hijo, cóbraselo caro.

-Así lo haré, madre. 
 

Pero no pensé cumplir mi promesa. Hasta que ahora pronto comencé a llenarme de sueños, a darle vuelo a las ilusiones. Y de este modo se me fue formando un mundo alrededor de la esperanza que era aquel señor llamado Pedro Páramo, el marido de mi madre. Por eso vine a Comala.







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                                                    Teresa de la Parra

Venezuela 
(1889-1936)



Ifigenia


(fragmento)

"Y por primera vez, en aquel instante profético, sintiendo todavía en mi brazo la suave presión del brazo de Abuelita, vi nítidamente en toda su fealdad, la garra abierta de este monstruo que se complace ahora en cerrarme con llave todas las puertas de mi porvenir, este monstruo que ha ido cegando uno después de otro los ojos azules de mis anhelos; este monstruo feísimo que se sienta de noche en mi cama y me agarra la cabeza con sus manos de hielo; éste que durante el día camina incesantemente tras de mí, pisándome los talones; éste que se extiende como un humo espesísimo cuando por la ventana busco hacia lo alto la verde alegría de los naranjos del patio; éste que me ha obligado a coger la pluma y a abrirme el alma con la pluma, y a exprimir de su fondo con substancia de palabras que te envío, muchas cosas que de mí, yo misma ignoraba; éste que instalado de fijo aquí en la casa es como un hijo de Abuelita y como un hermano mayor de tía Clara; sí; éste: ¡el Fastidio, Cristina!... ¡el cruel, el perseverante, el malvado, el asesino Fastidio!..."