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sábado, 25 de febrero de 2012

Febrero en el Corazón (crónica testimonial del 27F)


Febrero en el corazón.*


Alguien tenía que quedarse a redactar los epitafios
Alguien tenía la necesidad de traducir el mundo en llanto…
Alguien tenía que poder a una hora imprecisa
Seguir tuteándose amorosamente con los muertos”
Gonzalo Ramírez


La memoria no se talla con un buril, ni se amolda en un torno de pedales, tampoco una tejedora acuña los hilos que la componen. Algunos recuerdos no son cuentos ejemplares ni clásicos de la literatura ni se embullen dentro de la semiótica de Eco. Están cargados de ira, de tristeza, de frustraciones lejanas, que nos han permitido levantarnos. Perduran en nosotros no para consagrarnos en la escritura sino para salvaguardar los momentos en los que se construye la historia de un país y si alguna vez se llegan a escribir habrán sido escritos para preservar la memoria no para pasar por los laboratorios la crítica.
Cuando uno tiene diecinueve años es cierto que se tiene la vitalidad suficiente para comerse al mundo de tres bocados, pero la inexperiencia, las expectativas, los sueños frustrados antes de dar el primer paso, muchas veces, permiten que sea el mundo el que nos devore. Cuando uno cumple dieciocho los padres, los tíos, los abuelos, le dicen a uno que ya uno se ha convertido en todo un hombre, que es dueño de sus pasos y de sus responsabilidades, que si por alguna razón se ha dejado de estudiar se debe buscar algún trabajo que contribuya a engordar la despensa de los alimentos.
Pero resulta que uno tiene diecinueve años y es el año de 1989 y un presidente acaba de coronarse en su país y toma el poder cual Miss Universo y prepara una fiesta enorme donde el único que no pudo asistir fue Juan Pablo II. Claro que vinieron todos los de un lado y los de otro. Esa fue la única vez que vi a Fidel y cuando al día siguiente vi su foto en el diario 2001 entendía menos, yo un adolescente, ñángara, con ganas de acabar con la Asamblea legislativa y con sus diputados, que había votado por Raúl Esté para liberar a unos presos políticos, estaba bastante confundido con la fiesta y el bacanal.
Al tipo lo coronaron y hubo lágrimas y la gente decía con los adecos siempre se vive mejor. Creo que no pasaron quince días, no lo recuerdo bien y la verdad no he tenido tiempo de ir a la hemeroteca. Lo cierto es que el hombre universo, obligado, transado y comprado por los norteamericanos y la burguesía venezolana dio su segundo debut con una serie de medidas que si no me equivoco hoy, casi veinte años después, le llamaron el paquete
Este pueblo, acostumbrado a las medidas populistas, a su plancha de zinc, a su pote de lactovisoy y a su telenovela, donde lo único malo que pasa, le pasa a las mujeres de la telenovela, que se enamoran mal pero el llanto siempre les garantiza un vestido blanco, se quedaba sin sueños. Míster Universo declaró aumento de gasolina, que para un país petrolero como este era un abuso, una estafa, una especulación. Mucha gente que voto por él, quería pan y circo pero este señor, como bien recuerdo, pedía sacrificio y esfuerzo y la gente no lograba descifrar la relación entre el esfuerzo que este hombrecito pedía a la gente y el esfuerzo que la gente vio hacer a todos los invitados del planeta el día de la coronación, tomando dieciocho años, durmiendo en las Suites del Hilton, bañándose en Los Roques. Claro que yo entendía un poquito, algo, para eso uno estaba en una célula y que clandestina, para eso uno se había reunido con los curas jesuitas y con los benedictinos de San José del Ávila, para eso uno había decidido a los doce años que uno quería ser del Frente Farabundo Martín o del M -19
Pero la gente que estaba comenzado a entender, la misma que asistió a las urnas de votación creyendo depositar una esperanza entendió que había depositado su condena.
Que vivan los estudiantes jardín de nuestra alegría… había escuchado cantar a mercedes y por eso cada vez que, primero en el Liceo Lino Gallardo y luego en Las Tres Gracias de la UCV, me calzaba una capucha, lo hacía pensando que cada piedra lanzada era una bala contra el imperio.
Yo era un militante de la revolución, de un partido que no vale la pena reseñar en estas líneas, pero que en ese momento era mi alternativa. Ellos eran cinco gatos y yo un ratón de bibliotecas tolerado por su jauría.
Ellos organizaban conmigo colectas para los heroicos guerrilleros de su frente, para las movilizaciones, para la propaganda. Ellos eran un grupo que tenía varios hombres en las montañas y casi el mismo grupo de hombres en el Cuartel San Carlos como presos políticos.
Cuando esto pasó ya Douglas se había pacificado, ya el PRV había desaparecido ya la digepol y la Disip habían ejecutado las masacres de Cantaura, de Yumare y de El Amparo. Demasiada sangre derramada y pocos culpables.
Muchos saben pero pocos reseñan que en Guarenas comenzó la cosa,
No, yo no soy de Guarenas, siempre viví en la pastora, en una casa sembrada en el Ávila, rodeada de mangos, aguacates, motos y muchos carajitos que no paraban de gritar entre sus juegos por ese laberinto que forman los callejones
Pero lo pastoreño no quita lo cortes
Yo estaba muy arrecho con lo del gocho pal ochenta y ocho, lo de Ismenia pal sesenta y nueve y lo de Carlos Andrés hasta el noventas y tres y ojo que yo no era copeyano ni mucho menos estaba conmovido, porque un tigre se hubiera ido a pasar una noche en un rancho caraqueño para igualmente salir derrotado en las boletas. Que boleta.
En ese tiempo yo no estaba estudiando. Lo mío era el teatro y el grupo de payasos populares, que nos salvábamos, porque un enano que después termino siendo antropólogo para que no lo siguieran estudiando a él, se ganaba la carcajada de los presentes. Lo mío también era la música, me la pasaba con un grupo de muchachos entrándole a un cuatro, a unas tamboras, cantando parrandas, fulias y aguinaldos por esos callejones.
Uno tenia una alegría que le hacía sombra a las tristezas, uno sabia que iba a llegar el momento de echarse plomo con el gobierno. Uno pensaba que podía salir en una foto como los mártires de yumare o que le podían incendiar los pulmones como a los camaradas de Cantaura. Al final todos éramos camaradas.
Pero uno tenia que dar un paso fuerte y vuelvo y repito que la cosa comenzó por Guarenas. Lo primero fue el discurso del gocho casicalvo, sus medidas y el aumento de la gasolina. Allí comenzaron a engrisarce las guirnaldas de su coronación. Después fue lo del aumento del pasaje. Todos sabíamos que cuando se anunciaba aumento del pasaje se anunciaba aumento de la carne, el arroz, las sardinas, el papel toalet, el pan, la margarina, la jugada mínima y siempre los estudiantes salían a protestar.
Comenzaron a trancar la cosa en Menca de Leoni y Guarenas comenzó a arder y ardió para que ardiera todo el país.
Recuerdo que esa mañana del veintisiete de febrero de 1989, Leonardo me fue a buscar a la casa y nos fuimos con Picardito y Rubén hasta el cafetín de economía.
La vaina se estaba calentando y los doce del patíbulo ya estaban en el frente de batalla con sus molotov y sus piedras apostando a tomar el poder o por lo menos a partirle la cabeza a algún casco blanco
Nosotros llegamos nos cambiamos de ropa y nos encapuchamos. Allí nos dieron una botellita con vinagre para las lacrimógenas y nos fuimos a librar esa batalla, como dice Richard Leal “El Quimiquito”, de piedras contra balas
La policía ese día no estuvo como los días anteriores. Nos echaron perdigones y lacrimógenas como hasta las tres de la tarde pero no había muchos policías
A Yulimar Reyes la habían entrevistado a eso de las diez de la mañana y caracas era un infierno de almas desbocadas por la ira que producía tanta desesperanza: el acaparamiento, el aumento del pasaje, el aumento de la gasolina.
Al final la propia gente decidió darse su circo.
Recuerdo que nos movimos por varios puntos. Primero en las tres gracias y después nos movilizamos hacia jardín botánico. Allí, la cosa estaba más fea
Yo me fui hacia delante con otros encapuchados y cegato como era y como lo sigo siendo tenía que esperar a que me dieran la señal porque si no me tocaba acercarme demasiado
En ese momento decidí acercarme más de la cuenta y fui recibido por una ráfaga de balas. Esos no eran perdigones, eran tiros de un 38 Especial Smith & Weashon, que caían sobre el grupo de encapuchados. Uno de los nuestros fue herido en una pierna y nos tocó arrastrarlo hasta la cabina de los vigilantes donde los bomberos de “El clínico” le prestaron primeros auxilios
La cosa estaba demasiado caliente. Nos llegaron noticias de que estaban saqueando en Guarenas y saqueo era una palabra que yo había escuchado en las marchas y que alguna vez ejecuté en una tienda de franelas. Saqueo era una palabra muy dura que a partir de ese momento se iba a convertir en una palabra dolorosa no solo para mí sino para la gran mayoría de los habitantes de este territorio.
Si siguen los aumentos saqueo popular.
Si asesinan al pueblo saqueo popular.
Si aumentan el pasaje saqueo popular.
Si el pueblo pasa hambre saqueo popular.
Después que resolvimos lo del tiroteado, comenzaron a acabarse las municiones, estábamos agotados y no teníamos ojos ni pulmones. Los doce del patíbulo tomaron un camión de pollos beneficiados y nos los repartimos entre los encapuchados, los bomberos y algunos obreros y vigilantes que nos acompañaban.
No se había desarrollado la fiesta de los pollos cuando llamó el catire para decir que habían herido a Yulimar y que la traían para el hospital clínico. Supimos que la cosa estaba fuerte en la calle y entendimos que pronto debíamos evacuar la universidad. Después de la noticia de Yuli, se nos fue cayendo la moral poquito a poquito. Teníamos un presentimiento oscuro y todo se hizo silencio.
No pasó una hora y el llanto fue la orden para todos. Yulimar había sido asesinada por un vil casco blanco, que por un salario mínimo, ejercía la justicia del exterminio a la esperanza, a los sueños, a la posibilidad de construir un país con justicia social para los desposeídos, para los sin justicia, para los de arriba, los del cerro.
Esa primera muerte juvenil, estudiante, futurista, muerte de inocencia utópica, de los revolucionarios universitarios. Esa primera muerte de los que soñamos con ser profesionales para transformar muestro país en un mejor país. Acababa de apagar un lucero y se encendieron miles de hogueras que fueron a decirle a Gochicalvo que si se trataba de convertirlos en pobres a cucharadas ellos decretaban el caos.
La sangre de Yulimar, el precio de la gasolina y el engaño del gochicalvo. Desataron la ira de la gente. La gente decidió tomar por sus propias manos la justicia. La gente soñó y en ese sueño se apropió de cocinas, neveras, lavadoras, latas de sardina y potes de cloro. Los jóvenes se apoderaron de los frascos de licores y cuando abrieron los depósitos apareció el café la azúcar la harina y el aceite que se habían convertido en productos en peligro de extinción y revelamos que los señores de los abastos acaparaban productos para subirlos de precio y la gente tomo esos productos, pero también tomo las vitrinas, los muebles, las cajas registradoras y por cosas del diablo los mismos casco blanco que asesinaron a yuli comenzaron a derribar las santamarías con sus motos para que la gente hiciera fiesta y los organizaron en colas y les dijeron que si no había orden iba a ver plomo y después esos casco blanco esperaban a los niños a las señoras y a los hombres que iban llegando a su casa con un tobo lleno de salsa de tomate y esponjas scoth britte y se las quitaban y se les metían a los ranchos y les robaban también los televisores. Y el que no entregaba la mercancía le daban plomo como le habían dado plomo a yuli y el que se les alzaba le daban plomo y si por alguna razón ellos veían a un grupo de gente en una tienda de electrodomésticos tratando de saquear un televisor para poder ver sus telenovelas o un minicomponente para escuchar mejor sus carreras de caballo, esos casco blanco, los mismos que asesinaron a Yuli, los mismos que robaban a las saqueadores en las esquinas, llegaban disparando para que la gente desalojara los locales y ellos luego poder robarse todo lo que querían y cuando disparaban mataban gente porque ellos eran parte del vandalismo
Gochicalvo se quedo callado y Venevisión, RCTV y VTV comenzaron a transmitir los saqueos de caracas y a partir de ese momento el saqueo comenzó a ser nacional y la gente saqueaba abastos, bodegas carnicerías, panaderías, zapaterías, chucherías, mondonguerías. Y fue todo una apología a los saqueos.
El gochicalvo trató de hablar y no pudo, sus ministros trataron de hablar y no pudieron…

Llegaron los criminales por las calles y avenidas
Matando gente en los barrios dejando al pueblo sin vida”
Luis "Beto" Ochoa
Le dieron la tarea a un general de centroderecha, formado en la escuela de las américas, que era ministro del gochicalvo y de sus intereses, no del país.
Gatillo Allegro quedo registrado para la historia como el general ministro de defensa que aplicó el plan Ávila en los sucesos de febrero de 1989.
Al país después de la fiestas de las botellas de salsa inglesa y mayonesa, después del festín de las sardinas y los diablitos, después de la delicadeza del cloro y el jabón azul, le tocaba ahora resistir el hecho más sangriento de los últimos tiempos de su historia. Yo no recuerdo un derramamiento de sangre tan vil, ni una masacre tan abominable como esa.
El gatillo sacó a las fuerzas armadas para la calle, las tanquetas, los proyectiles, los fusiles y a su ejército. Un grupo de soldados de todas las fuerzas, jóvenes todos, entre dieciocho y veintiún años, comandados por uno que otro teniente. Y el gatillo hizo un enroque con las guarniciones y los del norte se fueron al sur y viceversa y los de oriente a occidente y viceversa. La orden era que la gente estaba armada y ellos tenían que rescatar y preservar la democracia. Le dieron de comer pólvora para que ellos le dieran pólvora a la gente y desde ese momento todo fue muerte.
No hubo célula clandestina ni grupo de izquierda, ni insurgente, que orientaran, que coordinaran, que fueran la vanguardia de toda la gente que arrasó con bodegas, abastos, carnicerías, panaderías y no hubo Dios que doblegara a un ejército que disparó contra niños, ancianos y mujeres embarazadas.
Acusaron a la gente de violenta porque para ellos no era violencia el acaparamiento, el aumento del pasaje, el aumento de la gasolina, el engaño de las campañas electoreras, las planchas de zinc o el lactovisoy
Gochicalvo apareció cuando ya habían destruido toda la ciudad y llamó al orden e instauro un toque de queda, suspendió garantías y a partir de ese momento se legalizó el saqueo a la vida.
Todas las noches a partir de ese momento hubo ráfagas de bala. Yulimar estaba muerta y también en las avenidas de la ciudad, en la puerta de los abastos, en los apartamentos de el valle, coche y el 23 de enero, en las escaleras y callejones de Catia, Petare y el cementerio, estaban siendo asesinadas más de cinco mil personas por un grupo de soldaditos de plomo presos en su miedo
Gochicalvo y el gatillo tenían que tapar el caos que estaban generando y recuerdo que los camiones del aseo recogían a los muertos y los fueron depositando unos encima de otros en el sector La Peste del Cementerio General del Sur.
Recuerdo que dentro de los muertos de Petare había un camarada de la célula y un amigo que había sido payaso con nosotros murió en los jardines del valle. Pedro Mosquitón, que en paz descanse, me narró días después como habían acribillado a un grupo de mujeres que hacían una cola en un abasto en coche
Yo sentía que se estaba muriendo el país, yo estaba viviendo en un país condenado a la tristeza, al terror, al abuso de su propio ejército
Yo, que había estrellado mis piedras ante unos cascos blanco días antes., estaba rodeado de militares que, bien sabía, no dudarían es dispararle a lo que fuera.
Nos costó demasiado sobreponernos a tanta muerte, a tanto atropello, a tanto abuso.
Los que estábamos en células entendimos que no éramos vanguardia de nadie, que cuando los pueblos se levantan puede pasar lo que sea, que no hay decreto que imponga directrices.
Era necesario trabajar más cerca de la gente, con la gente.
Un graffiti en una pared, una patrulla incendiada, doce bombas molotov, no transforman un país, sólo calman la angustia de un grupo de jóvenes inquietos.
Entendimos que cualquiera puede tomar la dirección si no hay trabajo de hormiguitas y que la gente estaba por encima de nosotros. Que había que tener varias opciones.
Muchos meses después, cuando gochicalvo se sintió más seguro, creo, restablecieron las garantías, a mi no se me quitó del cuerpo la sensación de la muerte y entre La Vega y el 23 de enero, nos comenzamos a reunir un grupo de músicos que hicimos una cantata para denunciar los abusos del ejército. Se hicieron guardias nocturnas en La Peste para que no desaparecieran a los muertos y salieron madres reclamando a sus hijos
El gatillo dijo que solo eran doscientos sesenta y nueve muertos, nosotros calculamos diez mil en todo el país y la consigna fue denunciar y denunciar pero no, no había respuestas, del otro lado todo fue ignorarnos y silencio
Y cada vez que estábamos en las calles nos mandaban a un comando de la GN
El gordo Edgar, Luís Luna, Alejandrina, Ricardo, Beto e Indira junto conmigo y muchos artistas plásticos, músicos y gente de teatro, dejamos las piedras y comenzamos a disparar canciones, poemas, performances, ante tanto atropello y Gochicalvo se sentía indestructible. Nosotros decidimos apostar al tiempo y el gordo Edgar desarrolló a los Caribes de Itagua en La Vega, Alejandrina se fajó junto a la Esquina del Callejón y Luis Luna con la cantata y Ricardo en los cueros e Indira con la radio, el cine y los títeres fuimos llenando algunos barrios de alegría y de esperanza y nosotros también comenzamos a respirar mejor (esta crónica continuará)