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jueves, 30 de agosto de 2012

Hablemos de lectores. Escribir sobre la lectura. Una experiencia sobre Promoción de Lectura y Escritura Creativa

Hablemos de lectores. Escribir sobre la lectura
 


Por: José Javier Sánchez, escritor venezolano, invitado a las Rondas de lectores en Aguachica

Aguachica nos recibió con suma delicadeza. Llegamos a un Parque a cielo abierto “El Limonar” y apenas entramos fuimos bendecidos por la lluvia de una mañana que amenazaba con humedecernos la jornada pero que terminó siendo un cáliz de frescura para el resto del día. Las emociones brotaron por toda la grama del parque, los niños y jóvenes no se intimidaron con las aguas, sino que cual peces de un mar abierto o semillas de un caracolí, nadaron por todo el parque y brotaron para florecer en sus experiencias de lectura.

Lo más importante de estas rondas literarias es que un grupo de promotores de lectura fuimos a validar, sin aspirar a ser dioses o jueces, la relación de una comunidad de niños y jóvenes sensibilizada con los libros y la lectura, pero también a reafirmar la vigencia e importancia del trabajo de promotores de lectura y bibliotecarias entregados a proyectos de esta índole y a reconocer el valor de políticas acertadas en el campo de la promoción del libro y la lectura por instituciones oficiales.

Por cosas de la literatura me tocó coordinar la jornada con un grupo de jóvenes de edades comprendidas entre 13 y 17 años, provenientes de las poblaciones de Gamarra y Río de Oro.

El sitio donde nos reunimos no pudo ser mejor, más especial, un árbol frondoso que por suerte contenía la lluvia que acababa de caer en Aguachica nos dio cobijo. Allí nos dimos sombra, sitio fresco donde corría brisa, expansivo donde fue imposible atropellarnos. Nos sentamos en círculo, sobre sillas blancas, en rededor de este árbol, que fue techo para nosotros, y que nos ayudó al igual que la lluvia previa a sentir el frescor del ambiente durante todo el desarrollo de la ronda
Nuestra jornada se inició con una presentación informal para que los jóvenes se integraran a partir de actividades lúdicas, que pudieran decir sus nombres gesticulando de forma histriónica y que a su vez, a manera de eco, el grupo repitiera el nombre de cada joven que pasara a la ronda.

Nombrarnos, llamarnos por nuestro nombre real, reconocernos con ese nombre ante el público, sentir orgullo de él, nos da un aire de representación personal que una vez asumido abre paso a cualquier experiencia comunicativa, dentro del colectivo, nos ayuda romper el miedo al ridículo y nos aglutina como generación o grupo humano que se reúne con el fin de recrearnos, escucharnos, discutir.

Después de la primera presentación, los jóvenes se distribuyeron en parejas y conversaron sobre su sitio de procedencia, el lugar donde estudiaban y sus últimas lecturas, tratando de familiarizarse en la comunicación con intereses y necesidades comunes.

Al hablar en este espacio de la lectura y los libros traté de que lo hicieran sin más pretensiones que socializar y sin mayores evaluaciones que compartir experiencias de lectura, por más pequeñas o grandes que parecieran, pero valorando la importancia de que el aporte, por más pequeño que pueda llegar a ser, alimenta el quehacer del lector. En esta conversación surgieron sus últimas lecturas con énfasis en lo académico y en las tareas escolares. Luego, por parejas socializaron las conversaciones y cada uno habló del otro.

Las mayores lecturas al momento de socializar fueron: María de Jorge Isaac. El coronel no tiene quien le escriba de Gabriel García Márquez. El túnel de Ernesto Sábato. Alguno de ellos nombro a Paulo Coelho y otros un material instructivo.

Lo gratificante fue que este intercambio se desarrolló entre un joven de Gamarra y uno de Río de Oro. Para este momento ya el ambiente de encuentro y de intercambio comenzó a materializarse y las rondas fueron dinámicas de grupo donde se socializaron las expectativa con las que habían llegado al encuentro y se comenzó a encender en ellos la necesidad de seguir intercambiando en un futuro próximo.

Luego hablamos de la lectura sensible, del leer, del sentir, del pensar y del escribir. Escribir en un principio con palabras de otros y después buscar nuestras propias palabras como vía de expresión escrita. Hablamos de escribir como ejercicio de comunicación y expresión de nuestras ideas.

Como tributo a la lluvia desarrollamos una dinámica llamada pesca de ideas. Para este ejercicio tomé como referencia el “Manual de expresividad literaria y poética” de Juan Antonio Calzadilla Arreaza, que consiste en capturar, a partir de la lectura de un poema, frases o imágenes al azar que tengan que ver con lo que más llame la atención, lo que más guste a los participantes. Las mismas deberán ser escritas tal cual como se escuchan y serán colocadas en forma de poema sobre el papel en blanco. Les pedí que las imágenes no deberían ser menos de tres, para por lo menos pescar un pequeño Haikú y para ello, como referencia un poema que me gusta mucho y que he trabajado con grupos de jóvenes en Venezuela, porque a su vez fue una manera de rendir tributo a la lluvia y al espacio que nos dio hospedaje en ese parque, esa mañana. El poema seleccionado fue escrito por el poeta venezolano Elí Galindo

HOY ME SIENTO UN ÁRBOL CARGADO DE LLUVIA. De Eli Galindo

Hoy me siento tendido bajo una gran oscuridad
estoy como una piedra
y fluye sobre mí cubriendo todas las aguas y se hunde
es un sonido suspendido igual a esos animales
que viven del aire y se desplazan

Hoy me siento un árbol cargado de lluvia
que alguien sacude bruscamente.
Pienso en mis antepasados
un soplo que recorre mi sombra
esa línea puesta allí como un animal sediento
por manos extrañas
que será cortada por manos extrañas
Cerrado como un círculo.

hoy no doy paso
sino a esas cosas vagas
que levantan mi cabeza
que descienden
sobre mis cinco espíritus muertos


Después de la lectura pedí a los jóvenes que leyeran lo que habían logrado escribir y estas fueron algunas respuestas:

I

Hoy me siento tendido bajo una gran oscuridad
Cerrado como un círculo
sobre mis cinco espíritus muertos

II

Bajo una gran oscuridad
estoy como una piedra
Hoy me siento un árbol cargado de lluvia
que alguien sacude bruscamente

III

Hoy me siento un árbol cargado de lluvia
un soplo que recorre mi sombra
que levanta mi cabeza.

Debo reconocer que no todos hicieron este primer ejercicio y no todos quisieron leer, pero yo estaba convencido de que sus lecturas, su edad, su vivencia, daba para escribir y para leerse mucho mas y con gran profundidad.

Después de esa lectura hablé con ellos sobre los afectos y sobre un tema común en la adolescencia: los primeros amores y el desamor. Les pregunté su concepto de ruptura, despecho y guayabos. Les pedí que conversaran sobre la música vallenata y sobre los poemas de amor y desamor que conocían. Para complementar esa conversa les dije que la gente escribe poesía muchas veces tal cual como siente poesía, que en un primer momento se debe expresar todo lo que se lleva contenido en el pecho, en el corazón, en el cerebro, y que luego uno puede limpiar, editar, borrar, corregir, mejorar, pero que ese primer impulso es el que nos lleva a expresar lo que realmente estamos sintiendo y que de una u otra forma nos libera de cargas, de sensaciones y nos permite socializar nuestro verdadero sentido.

Para poner un ejemplo de esas sensaciones les leí el poema de un joven venezolano, Ennio Tucci, nacido en el estado Mérida, que tenía una forma muy particular de hablar del despecho, del guayabo y de pedir retorno o reconciliación y les leí el poema de la flaca.

POEMA DE LA FLACA. De Ennio Tucci

Flaca
córtame una pierna
hoy quiero faltar al trabajo
y hacerte desayuno
me quedaré contigo
y el sonido del día al otro lado de la ventana
córtame la pierna por hoy
mañana regresaré al trabajo y al mundo
sabes que no puedo pasar tanto tiempo fuera del mundo
por eso te digo flaca
córtame una pierna y deja el cepillo donde está
hoy no me lavaré la cara
no cepillaré mis dientes
sólo te prepararé el desayuno
córtame una pierna y regresa a la cama
no la prepares para el almuerzo
quédate conmigo y ayunemos juntos
sólo por hoy
hazlo
córtame una pierna y regresa a la cama.


Allí socializamos sobre las distintas lecturas o nombres que se le pueden dar a las cosas en distintas partes no solo del mundo sino del país. Hicimos énfasis en el hecho de que en cada uno de nosotros pueden existir lecturas personales del mundo que se complementan una vez socializadas y que eso no nos hace ni más pequeños ni más grandes, sino que nos hace seres socializadores ya que al final lo más importante es que cada quien pueda expresar su punto de vista de cómo ve las cosas, de cómo percibe e interpretas el mundo.

Luego, uno de los jóvenes participantes en la ronda, Roque Rizo leyó un poema de su autoría que tocaba de manera especial el tema de la casa. A partir de esta lectura y dándole continuidad al ritmo de conversa, intercambiamos sobre la lectura que cada joven tiene de su casa. La casa como ese primer territorio donde recibimos la primera formación, los valores humanos y los rasgos que forjan nuestra personalidad. La importancia de los objetos y los símbolos que se encuentran en ella. Los espacios de calidez y de tormento. Los personajes que la habitan los que imaginamos. Los fantasmas que viven en ella, las mascotas. La casa en nosotros y nuestra casa en la comunidad.

Les invité no a socializar sino que reflexionar. A realizar una lectura personal e íntima de cómo ven cada uno su casa. Qué salvan de ella. Qué sobresale para sí. Cuánto afecto contienen sus paredes. Qué valor tiene cada casa para cada uno de ellos hoy.

Después de la reflexión personal e íntima los invité a escribir un breve poema de exaltación a su casa, inspirado en la reflexión que acababan de sostener con ellos mismos y el producto final me sorprendió. Todos escribieron. Todos tenían algo que contar. Todos tenían algo que exaltar que valorar y sobretodo todos lograron construir imágenes poéticas que tienen que ver no solo de como perciben su realidad sino de cuanto han ganado a nivel del lenguaje en sus escritos. Este ejercicio tiene que ver con sus percepciones con su sentimiento pero también con su lectura no solo la personal la propia sino la que le han dado los libros.

Algunos ejercicios de escritura fueron los siguientes:

CASA

Tienes ladrillos de barro y yo los poseo de miedo...
tienes cuartos pequeños y los míos son vacios de gracia
tienes un lugar sagrado la cama y mi lugar sagrado la conciencia
tienes muebles viejos y yo tengo recuerdos...
tienes una mascota Yo sólo tengo soledad...
tienes adornos que te hacen bella yo solo tengo huellas que no me embellecen...
tienes a alguien que te limpia y yo sólo me siento limpio cuando escribo...
Casa eres perfecta y yo sólo un agobiado de imperfección

Alexandra Bujato Rizo 15 años
Rio de Oro, Cesar


CASA VIEJA

El tiempo pasa por cada una de tus paredes,
rincones, aquellos oscuros tenebrosos
que con solo verlos penetraban en mi terror.
Aquella puerta que desde niña veo
aquel sonido en las noches en el techo
ese de zinc que con el mínimo paso de mi gato
retumba mis oídos
El baño que no soy capaz de ver a media noche
Mi aliado perfecto, el computador
mi hermosa casa vieja
con cada uno de sus objetos que en ella lleva
no es lujosa ni brillante
pero sí calurosa y tierna
donde en cada una de sus paredes lleva mis anhelos y metas
aquella con oídos y ojos
aquella cuya parte de mi vida debo
eres tu quien me ha visto crecer
Mi casa vieja

Maira Alejandra Badillo Quintero. 15 años
Gamarra, Cesar

La Casa

No tiene una gran puerta
No tiene largos pasillos
No tiene nada en el patio
pero a pesar de todo eso
ella inspira confianza
ella inspira calor
ella es una bella casa

Tania Liceth Durán García 15 años
Rio de Oro, Cesar
Mi casa

Mi casa es un castillo de naipes
que se va cayendo paso a paso
carta a carta
adios a una voz alta

mi casa es un mapa
cada espacio con su río
algunos rincones mas húmedos

Poco espacio seco
fea para todos memos para mí
que te he hecho a mi semejanza

Roque Rizo Osorio
Rio de Oro, Cesar



Después de sus lecturas nos despedimos con una dinámica que tenía como fin llevarlos a almorzar, convertidos en un equipo mínimamente cohesionados y desarrollamos un juego cooperativo llamada “el nudo”, reunidos en círculo cada participante colocó las manos al frente y todo el grupo caminó al centro del círculo. Cerraron los ojos y movieron las manos en distintas direcciones. Seguido de esto cada participante tomó al azar una mano con su mano izquierda y otra mano con su mano derecha. Abrieron los ojos y tuvieron conciencia de que estaban enredados el juego consistió en lograr de desenredar el nudo sin soltarse las manos, sin gritarse, sin atropellarse. El grupo logró desenredarse y al final se habían logrado formar tres círculos. Lo más importante fue que pudieron desenredarse sin agredirse y sin desesperarse. Lo que nos dejó ver que estaban listos también para desenredar cualquier otro problema que se les presentara en la jornada y sobretodo que estaban dispuestos a escucharse.

El almuerzo fue gratificante. Nos reunimos los facilitadores e intercambiamos impresiones sobre los grupos. ¿Cómo te fue? se convirtió en pregunta obligatoria para cada uno de los que llegábamos animados con los grupos y con el entusiasmo de validarnos como hacedores de un oficio que recuperaba una vez más su vigencia en ese parque. Entre los facilitadores intercambiamos la crónica oral de nuestras rutinas y nos quedó en el paladar el sabor del intercambio futuro de nuestras experiencias, o tal vez el deseo de seguir siendo jóvenes y leernos en los parques bajo la sombra de los árboles colmados de lluvia.

La tarde nos recibió con la dinámica veloz de intercambiar las experiencias lectoras de los jóvenes en los años anteriores. Orientado por los responsables de los nodos, por la directiva de la biblioteca y por el espíritu de estos jóvenes, recurrí a la dinámica de pedirles que recomendaran lecturas compartidas en su experiencia lectora y que argumentaran el por qué las recomendaban. Nuevamente organizados en pares, tríos y uno que otro grupo de cuatro jóvenes, iniciaron pequeños debates grupales que luego fueron presentados en asambleas o rondas literarias.

Al escucharlos recomendar lecturas, imaginé mi experiencia en instituciones como Banco del Libro Cenal y Biblioteca Nacional de Venezuela, mis encuentros entre especialistas del Cerlalc y organizadores de planes de lectura de América Latina. Lo cierto es que estaba presenciando discusiones de lectores, conscientes de su experiencia lectora, con argumentos de altura, sobre todo para su edad y lo más importante, jóvenes convencidos de que no eran dramatizaciones sus discursos sino sentimientos y apreciaciones reales, maduradas en un proceso lector de acompañamiento con el libro, con la socialización de la experiencia y con la argumentación precisa, que no dejaba duda de que la mayoría poseía una experiencia personal, íntima y profunda con la literatura y con los libros.

Lo más resaltante dentro de sus recomendaciones fue el debate generado a partir de la lectura del Quijote, la apreciación del papel del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha. Sus sueños libertarios, la interpretación, manifestación del deseo. El ejercicio de Libertad alcanzado por el autor a través de la escritura. Libertad que no poseía en ese momento, pues Miguel de Cervantes escribió el quijote desde la cárcel, pero que logra trasladarla al Ingenioso Hidalgo, y a su humilde escudero Sancho Panza.

Las lecturas y los argumentos que estos jóvenes expusieron en sus rondas son un abre boca, un primer paso para cualquier creación de papel o periódico literario que pueda difundir sus experiencias en la red departamental. Este grupo de jóvenes posee un nivel de lectura que les permite colocarlos en otro nivel de lectores y que deja un testimonio sembrado para la posteridad, del valor de estas rondas y de los talleres literarios. Sus gustos se expanden desde la ficción. La novela picaresca. El realismo mágico. García Márquez es querido hoy, reconocido por este grupo de jóvenes. Cien años de soledad es una novela que nos les atemoriza, se lee como la historia familiar. La personalidad de Remedios la bella, la construcción del personaje, su psicología cautiva y enamora a estos jóvenes. La relación del Coronel con su gallo, con su esposa y la espera infinita de una carta que no termina de llegar, que es la esperanza a la que se aferra la derrota en El Coronel no tiene quien le escriba tiene una verosimilitud en la realidades de estos jóvenes que la ven cercana a sus comunidades, a sus casas.

El compromiso fue de volver a encontrarse, de seguir leyendo y tratar de forjar espacios que les permitan publicar sus experiencias de lectura. Para ello el “Taller de Creación Literaria Caracolí del Cesar”, su página web, sus coordinadores y su directora tienen todo el empeño, todas las ganas y lo más importante para materializar un proyecto, toda la posibilidad de seguir haciéndolo real y visible.