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lunes, 24 de septiembre de 2012

Cuatro Poetas Venezolanas de Nuestra Geografía





Nuestra poesía contemporánea venezolana, es escrita por múltiples voces de toda nuestra geografía. Distintas generaciones dibujan un país, exteriorizan sueños, exorcizan fantasmas y construyen nuevas estéticas. Nuestra poesía alza su voz al mundo y dice presente con toda la sencillez y la fuerza de la que se ha compuesto. Múltiples voces, rostros, creencias, conceptos. Una verdadera revolución y nuestras mujeres, nuestras jóvenes se hacen de un espacio con mucha fuerza. Sin revanchismos han sabido dignamente hacerse presente en todo el imaginario. Al leerlas vemos un país en pleno movimiento, un país escrito también por  ellas, nuestras mujeres, criticas, políticas, románticas, sensibles, luchadoras y lideres. Conscientes de que ellas son nuestras mujeres, pero que también nosotros les pertenecemos. Como país nos debemos los unos a los otros, nos acompañamos, nos apoyamos y juntos construimos el presente para que el futuro brote de nuestro acto creador
Hoy asistimos al encuentro con cuatro grandes jóvenes, Karelyn Buenaño, Vielsi Arias, Daniela Saidman y Coral Pérez. Poetas que han sabido hacerse un espacio en nuestros afectos. Algunas premiadas, algunas reconocidas por su labor periodística, como editoras, como investigadoras o talleristas. Los invito a que las lean, busquen sus libros, las reconozcan y las hagan suyas. Por que ellas son también la voz que reescribe nuestra historia poética















Karelyn Buenaño

La Loca

Toda buena ama de casa
despeinada
sin ambages
con el vientre lleno de orquídeas y canciones
se hamaquea
en las esquinas del amparo
y a tientas
reconoce
el luto de cualquier sonrisa limpia
de ojos bajos
como cuando reconoce
alguna fruta madura
pequeñita
caída
muy temprano

Toda buena ama de casa
impregna el pan
y la mesa
con el perfume de su alma
Las manos
son las mismas
aunque su mundo de verdad
se murió
con la evolución de los almanaques
y con la mortaja
misma
que las nostalgias mismas se tejieron

Toda buena ama de casa
no envejece
se detiene
y entre sus alegres desmemorias
todavía sabe qué día es domingo
por la plegaria de los árboles
la edad del aire
el color del cielo


Toda ama de casa
toda puta
toda nacida de mujer
sabe en su pecho la mentira universal:
que domingo
no es día de descanso
y cada vez menos el día del señor
más bien
es día perfecto
para agarrar las maletas y largarse
ver películas
en fin
no hacer un coño
Es ese día de decir
no me muero
no amo
no rezo
no me acuesto más con nadie
no paro más
no me quejo
no lloro
ya no me calo este madero
de mierda
no joda
cómanse un cerro
cabrones
coños de madre
porque no quiero
porque no vivo
y porque no me da la perra gana.












ORIGAMIA



(réquiem por el Chino Valera Mora)


Por el lado más ajado
me agrandas siempre;
doblas mis carnes
de tal manera
que multiplicas mis cejas magulladas;
y tal vez con ellas
los mandalas que soy.
Poseo exactamente
cincuenta y siete pliegues subterráneos
de los cuales
sólo cincuenta y seis
admitirán posibles reescrituras.

Las láminas de adentro
me arrugan fuerte
para acunar hormigas extraviadas.
Algunos himenópteros
me confunden con la central de las colmenas.
¡Abejas de la sed, venid a mí!

Creo en la sagrada rotación
de los ángulos
que imaginaron en mí
otra gaviota escalena.
A ver si ahora me dices
en cuál de tantas alas
comienza el festival de tus oficios






CONTRA LA GRAN COSTUMBRE

Los pelos de la raíz
ya no podrán multiplicarme

Mi bucle más brillante
crece y se complica
sin mayor pasado

A menudo
los flequillos tapan todo

(Por eso no los cargo)

Este cabello
no se parece al tuyo
pero los dos somos odiosamente intransferibles.

































Vielsi Arias


También nos mira en tí

a Víctor Arias, mi padre

Bajo el alcohol
eras el mismo niño, desvalido y hambriento
a los pies de mi abuelo.
Mi abuelo Pedro,
el que te obligaba a ir con él
a beber con su soledad.
Mi abuelo, el que no conocí,
el que te tenía durmiendo en el piso.
El que se ahogó con una espina de pescado
frente a todos, mientras comían.
Mi abuelo,
el que está sentado en el sillón rojo,
con su dureza y su culpa.

También nos mira en ti
que terminaste siendo su sombra.






Cómo crece el tiempo en la tierra

Abuelo: enséñame hacer conucos,
dime cómo se siembra el maíz,
cómo crece el tiempo en la tierra.

Abuelo, qué son los espantapájaros.
Qué son esos muñecos de trapo.

Abuela cómo se pega un botón.
Cómo se corta un patrón de camisa.
Cómo se teje un mantel.
Cómo se enhebra el hilo en estos nudos de la soledad.
Cómo se hace una torta.
Cómo se hace la costumbre del oficio.

Abuela, por qué pariste tantos hijos.
Quién te enseño la medida de cada uno.
Exacto y sereno.









VAMOS EN EL MISMO AUTOBÚS

No había caminos cercanos
para llegar a la escuela.

El horario de la infancia
era igual al horario de un obrero:
Vamos en el mismo autobús
y tenemos el mismo destino.












Daniela Saidman



Ángeles despedidos



Andenes repletos de despedidas
Manos augurando sueños
Y una boca nombra los olvidos
maíz azúcar tabaco
trenes despoblados
mañanas tantadas de sudores
así siento-veo este siglo que se pierde
entre edificios desplomándose
entre niños que matan niños
y ángeles derroteros
convencidos de dios y wall street.





Huele a sueños

A tierra húmeda y milenaria
pasos que pasan
mientras queda el hambre, el miedo
las manos curtidas
una madre india con su niño en brazos
lleva los latigazos de una blanca madre
en una ciudad que podría ser y que es
más allá una madre negra
y otra musulmana y una judía,
otra palestina, una mestiza
todas cargan el mismo sueño en el vientre
mientras siguen sin mirarse el ombligo








Jazz.



a JR


Un jazz de Chet Baker
suena en esta portátil
que sabe de algunas asignaciones
de trámites y denuncias
notas de prensa
política regional
izquierdas y derechas
pero poco de tu nombre
de la consecuencia de desearte
en esta noche entrada en ausencias

tampoco sabe de ti
de la sonrisa después del placer
el invento de anudarme a tu cintura
de creerme inocente en el roce
de salvarme de todo
incluso de lo que no puedo salvarme

te reinvento en la noche
en que quisiera me esperaras
en la que cuento apenas con unas líneas
parpadeando en la pantalla
y el saxo sonando insomnios














Coral Pérez

La muerte de mi padre

esa misma caprichosa memoria me confirma el viejo verso de Lezama:

la primera muerte de un hombre comienza con la muerte de su madre

aunque en otro verso: deseoso fuera el que huye de su madre.
Casualmente la voz del cantor repite y da en el blanco:
la muerte de mi madre me ha hecho ver toda mi cobardía
ahora esta mi vida me restriega cara a cara:
la muerte de mi padre es como un segundo exilio imposible
un segundo exilio sería una segunda muerte
puedo regresar la mirada al rastro de unas palabras pulsadas y gastadas
en la máquina que no sonará ni de día ni de noche
ni en el irrepetible tiempo de mi cuarto
en mis papeles de antes copié, pero no es otra la voz que me lo repite:
                       
un nuevo rostro al que tenemos amor es espejo del pasado
no he visto otra vez al amigo
veo y recuerdo de nuevo su cuadro pop
esa bandera en rojo y verde
con una hermosa y tremenda propaganda por estrella: la palabra tempo
como una vieja y visionaria verdad dicha en dos sentidoso tiempos opuestos
que es esa otra y misma bandera suya
lavada y lavada por el tiempo
hasta la transparente blancura fantasmal persistente hasta la muerte
casualmente en este punto todo tiene que ver
sólo pido fuerzas para recordar
y no algún insano don para recordarlo todo









Tres anécdotas                       
                               
I
en la puerta de un bar de la Baralt
una mujer más de la calle que de su carne
desafía a un hombre conocido
ni la armonía ni el método
ni cualquier danza moderna
se podría imitar esos códigos precisos lanzados como piedras
ni cada giro de gesto que amenaza
y se adelanta más sutil a la palabra

II
cuando el Golpe, un hombre desde la televisión clamaba
que devolvieran al presidente
qué carajo le importaban sus dedos su mano rota hasta el
hueso
con su mano gritaba más que con su sangre
más que con su lengua en la sangre
entonces, creí más

III
quién sabe
soberanos perros callejeros andan en lo suyo
directo a lo suyo con un destino que parece seguro
uno y otro que pasa sin detenerse
y de un instante sale un cuento
las coplas no tienen dueño
se sabe, la Historia está en la calle.


















Tengo un poema escrito más de mil veces,
en él repito siempre que mientras alguien
proponga muerte sobre la tierra
y se fabriquen armas para la guerra
yo pisaré esos campos sobreviviendo
(...)
y no puedo olvidarme lo de Hiroshima
(...)
ando por este mundo sobreviviendo.

“Me preguntaron”, Víctor Heredia


EL PERRO que va a cruzar la calle, el tráfico
El tiempo de una bomba invisible
El avión suspendido en el centro del vacío
El plasma del feto que iba a seguir siendo
porque alguien no se imagina ápice de buen futuro,
también quien de antemano se niega a dar vida, que es otra
forma de no creer
La gota de agua, la misma, la que creemos que va a

regresarnos mañanas a las manos,
vieja ley de la naturaleza
Las 1500 toneladas de papel nacional que necesita la imprenta.
La maquila, en la balanza pesa más la materia muerta que la viva,
más la estadística, el número de repetición infinita
La isla de los sueños hundida en su propio mar,
la isla, la del más nunca
el mar, el del más nunca

Cuándo no será que cada 15 minutos 15 minutos de propaganda

(en este poema lo dejo dicho)
La loca con sus mismas de todos y propias locuras a cuesta


Le vi la cara en el bulevar unos segundos, y a la noche no la     

recordaba
podría no cruzarme otra vez con ella


La loca que se envuelve en plástico y se sienta sobre sal o cal
cada vez la veo en el mismo sitio
ella es otro rostro de nuestra costumbre y rutina
(qué hace en este poema si no es problema de uno ni de todos,
quién decide mejor afuera que dentro
cuál afuera y cuál adentro, desde cuál afuera y adentro,
ellos no tienen afuera ni adentro)


Nosotros los atrapados por la ciudad, el terrible centro,
la vigilia del caos
La ciudad, con más epifanías de toda clase a cada esquina
con sus mil caminos y mil lenguas
como las tantas luces de los cerros cuando son en realidad
menos que cada tramo de vida.