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jueves, 26 de marzo de 2015

José Javier Sánchez: “Si no fuese escritor fuese escritor”



José Javier Sánchez: “Si no fuese escritor fuese escritor”

Por Diana Moncada*

Quizás sean sus ojos miopes entrecerrados -cerquitas del objeto mirado-, una imagen que bien retrata a José Javier Sánchez, un poeta que ha traducido el palpito citadino en poesía. Su miopía, paradójicamente, quizás es la mejor testigo de las huellas que la fiesta popular ha dejado y continúa dejando en Caracas, su ciudad matriarca, y la palabra, su grito, su llanto y su esperanza.

La Maga y el aprendiz
La infancia de José Javier transcurrió bajo las faldas de una Maga que sembró en su pequeño aprendiz el valor de la fe, y le enseñó entre tantas otras cosasa desenterrar lombrices y misterios de la tierra1. Doña Isola Linares de Sánchez -su abuela- se ocupó de su crianza procurando su compañía en las misas, funerales, en el mercado y todos aquellos eventos adjetivadospara adultos. Entre ellos hubo una relación de complicidad y amor fervoroso que configuraría la personalidad del futuro poeta. Cuando la Maga murió: 
Cuando ella murió, supe también que ella era el hogar;
el techo, el piso, las paredes,
las ventanas y hasta las mismas cuerdas
donde colgaba mi espíritu cuando era derrotado.

Y con su brisa me secaba los dolores.

Y me reanimaba con la gran oración de sus abrazos.


La relación con su abuela, lo llevó a defender la convivencia de lo que él percibe como ideas contradictorias: a pesar de ser un tipo de izquierda es un hombre muy religioso. Confiesa que sus amigos se burlan de él diciendo: ¡tú eres marxista y te la pasas rezándole al niño Jesús!. Sin embargo él replica: Yo no creo en la existencia de un Dios como un hombre con chiva que nos va a salvar. La esencia de Dios es la esencia de la naturaleza. Creo en la gente, en el poder de cambio, en las acciones, pero por esa relación con mi abuela soy rezandero, echo agua, le rezo a mis amigos cuando se mueren. Es una contradicción que no es el fin del mundo.
Un barrio de Los Mecedores ha sido el escenario del parrandero, teatrero, casi monaguillo y escritor. A los 9 años, una edad que él recuerda como decisiva, comenzó hacer teatro en el Centro Cultural de su zona, con estudiantes y militantes izquierdistas. En ese entonces sus pequeños pasos iban y venían de la escuela, al teatro y de ahí a la biblioteca. Con tan solo 12 años fue miembro fundador de dos agrupaciones teatrales y fue seducido por Aquiles Nazoa, César Rengifo, Máximo Gorki y otros, acercándose por vez primera a ideas revolucionarias, mientras, paradójicamente, su abuela lo había inscrito enLa Legión de María, una organización de la Iglesia Católica, de cuyo seno escaparía para formar parte de los Boys Scouts.
Aquella época fue fértil en el cultivo de las ideas, fue fundamental también su participación en la Federación Revolucionaria de Educación Media, donde participó en diversas actividades contra la represión política de los años ochenta.

La acción cultural
El poeta perteneció a un grupo de payasos llamados Los Torritos, que brindaba apoyo a las escuelas de la Pastora y San José y visitaba orfanatos y sectores populares:era un trabajo social y político. Nadie nos pagaba ni medio. Conseguimos recursos haciendo shows en el Boulevard de Sabana Grande para comprar maquillaje para pintar a los chamos y materiales para hacer las fiestas en los barrios. El colectivo se articularía a la gran red de comunidades que lucharon a finales de los años ochenta, contra el proyecto de la cota mil que amenazaba con desalojar a miles de familias de los sectores y barrios adyacentes para su expansión desde San José hasta La Guaira. Fue un trabajo popular intenso, que nos permitió enlazar el trabajo cultural con los problemas sociales que aquejaban a nuestra comunidad para ese momento.
Aquello representó un importante logro que lo convenció del poder de la acción colectiva, además le permitió madurar en él la relación entre el arte y la política, presente en su escritura. No necesariamente escribir con conciencia política es hacer panfleto, explica, pero no podemos negar la realidad y desvincularnos de lo que pasa alrededor. La palabra tiene un compromiso más allá de la belleza y la poesía puede servir para gritar ante la injusticia social.

La poesía llegó con la parranda
Si no fuese escritor fuese escritor, si no fuese poeta fuese poetasentencia. La poesía, según sus palabras, está sucediendo constantemente y ante ella se debe conservar la capacidad de sorpresa ante lo cotidiano y lo mágico, expresa, cuando tus entrañas se mueven ante un hecho y tratas de buscar la mejor palabra para manifestar lo que generó ese hecho en ti, es muy difícil separarse ya del proceso escritural. El oficio de escritor para José Javier requiere especialmente de voluntad: escribir y leer todos los días, en estado de atención Hay que alimentarse de lo que sucede alrededor, de la historia de lo que estás escribiendo. La humildad de recibir lo que la realidad pone en tus manos, en tus pies, en tus ojos, te posibilita ver las cosas que la arrogancia no deja ver.
Si hay un origen de su encuentro con la poesía, este se remonta a su contacto con la música popular. Su pertenencia a una agrupación musical que desde hace 20 años realiza el culto a la Cruz de Mayo en La Pastora, entretejió su relación con la palabra, en la composición musical de la Cruz de Mayo, teníamos que estar versando todo el tiempo. Se establece una relación con el verbo y con la rima, se repiten los versos y luego comienzas a crear tus propios versos que rezan sobre la relación de lo religioso con la cotidianidad. Pero llegó un momento en que me fastidié de que todo rimara y comencé a fracturar los versos y con ello a encontrar otros contactos con lo poético, y así fue como las palabras comenzaron a danzar en su pecho.
A José Javier le interesa lo cotidiano, lo urbano y sus ruralidades. En su poesía se vive la ciudad cuerpo a cuerpo con sus tragedias y sus magias, con sus miserias y sus grandezas. El imaginario religioso está presente junto a lo profano, junto a la lucha de clases, la pobreza, el dolor y la esperanza, porque José Javier es un tipo muy esperanzado. Estos son los temas que, a pesar de la autonomía y particularidad de cada libro, se repiten en sus poemarios Fragmentos para una memoria, Hasta que el recuerdo lo permita y Código postal 1010.
José Javier es un poeta de la cuidad, quizás un cronista enamorado. En su Oración a la ciudad, la ciudad es una madre, una matriarca.

Ciudad

Caracas mi ciudad

de edificios intoxicados y borrachos vagando por autopistas

de recitales en medio de balas

de velorios de cruz

de libros lloviendo en bulevares

de plazas ebrias

de bellas desandando universidades hospitales iglesias

de vírgenes en burdeles en ranchos en tiendas de ropa y en quebradas

de mujeres hermosas


La palabra como desembocadura
Los proyectos de José Javier parecen siempre desembocar en una relación amorosa con la palabra. Desde 2004 coordinó el proyecto de promoción de lectura Leer es entender, cuya estrategia pedagógica fue desarrollada por Juan Antonio Calzadilla Arreaza, con el propósito de establecer círculos de lectura en las comunidades, el proyecto partió de un proceso -mágico para mí- de aproximación a la lectura y la escritura a través de la lectura sensible, la lectura crítica y la lectura escritora A su vez estuvo basado en la experiencia practicada por los surrealistas de desautomatizar el lenguaje, de convertirlo en un ejercicio de libertad. Con ese sueño nos fuimos a fundar círculos de lectura por todo el país y en todas partes, escuelas, fabricas, comunidades, penitenciarías, hospitales, etc, una experiencia que el poeta califica de renovadora y que sin embargoconcluyó por la falta de seguimiento institucional y por debilidad en las articulaciones interinstitucionales de los entes de ese tiempo.
La experiencia de José Javier como promotor de lectura es vasta y rica, tuvo la fortuna y la responsabilidad de desempañar esas funciones en varias instituciones y proyectos en los que fue acumulando un conocimiento amplio del panorama de la literatura infantil en Venezuela, llegando así, como un río a su cauce, a publicar en el 2013 con la editorial Estrella Roja, la Antología de literatura infantil venezolana: Esta antología es una aproximación a mis experiencias como lector y como promotor. Por razones de extensión no pude incluir todo lo que seleccioné, pero como primer intento creo que resultó formidable para los lectores y los escritores venezolanos
La antología fue el resultado también de una red inmensa que comenzó a tejer desde la infancia en la biblioteca de su barrio a la que asistió innumerables veces a satisfacer su voracidad lectora. Aunado a ello, el estímulo de su tío Alí Sánchez, librero de la recordada Librería El Gusano de Luz, quien le traía mágicos libros y juegos, sembró en el pequeño el gusto por la literatura y en ese recorrido, fundó junto algunos amigos la Biblioteca Popular José María Characo, dotada por una rica lista de libros de literatura infantil y juvenil gracias a la ayuda de su amiga Solanger Ortiz, con quién trabajó más tarde en el Banco del libro.
La palabra sigue siendo su arma, su fe, la esperanza que lo conduce a continuar recorriendo los caminos en los que la literatura y la vida se funden contra las vicisitudes, las decepciones y la arrogancia. En esa cabeza soñadora siguen tejiéndose grandes y pequeños proyectos que llevan la lectura y la escritura como bandera y como oficio de liberación y amor.












1Fragmento del poema Una abuela es una casa de José Javier Sánchez

*Diana Moncada. Poeta, Periodista, Fotógrafa, Actriz, Licenciada en Comunicación Social por la UCSAR. Ganadora del Concurso para Obras de Autores Inéditos de Monte Avila Editores en 2013, con su libro Cuerpo Crepuscular.