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miércoles, 2 de septiembre de 2015

Cuatro gatos callejeros espantando las fieras desde el poema



                           



















Cuatro gatos callejeros espantando las fieras desde el poema






Ser de poesía, constituirse de poemas, trascender el verso, quizá sea práctica inconsciente de la humanidad, que por dinámica, por movida, por golpeada, no hace consciente su aporte a la construcción de eso que llamamos vivir.






“La poesía debe ser hecha por todos” pregonaba el Conde de Lautréamont y lo cierto es que la poesía es hecha por cada ser viviente que habita el mundo. La poesía surge ante la vida y no todos tenemos el poder, el privilegio o la suerte de descifrarla, y no por incapaces y si por desatentos, entretenidos, sobre ocupados, rudos, caprichosos. Pero cierto es que todos somos en cierta medida coprotagonistas del poema que está por escribirse.






No se debe negar la existencia de la poesía en la eclosión de la flor, en la caída de la lluvia, en el vuelo del pájaro, en el beso robado de los amantes furtivos, en la manifestación feligresa, como tampoco puede negar la poesía manifiesta en nuestra relación ante la vida y la muerte, ante el atropello, la violencia y la injusticia, y mas allá de ello, la poesía que vive en los sueños, en las diversas formas como deseamos el amor, y como esperamos construir la existencia.






Cuatro gatos callejeros
representan un grito postergado desde los tiempos del juglar, son el maullar de un sentido que celebra la vida, que la hace crónica, fiesta, verbena, domingo de plaza. Es la relación amorosa con múltiples seres que van fijando la dermis y epidermis del poema, es la relación con los muertos, con la memoria, es el canto desgarrado de la pérdida, y el aferrarse desde la palabra y el aliento a continuar conformando imágenes que trascienden lo real, lo finito.






La antología poética Cuatro gatos callejeros es la suma de diversas manifestaciones y aproximaciones al poema, desde el canto juglar, el romance, la oda, la elegía y el verso libre. Desde el poema ingenuo hasta el poema abstracto, la creación se hace presente para dibujar diversos universos desde el lenguaje.






Cuatro gatos callejeros
son poetas que han llegado a la poesía por distintos senderos, por el canto juglar, por el cultivo de la décima, por la valoración del trabajo social y educativo, por la apuesta al teatro, a la música, a la animación cultural, por la investigación y la lectura de la poesía venezolana y de sus autores, por el empecinamiento de forjar espacios para la lectura de poesía en voz alta, por el empeño en visibilizar las voces mudas, por quitar de una vez y para siempre la telaraña que cubre el margen, lo bajo, lo oscuro para hacer visible el lugar desde donde emergen las luces que hacen realidad nuestro imaginario.






Cuatro gatos callejeros
son docentes, músicos, trabajadores comunitarios. Cultores de cruz de mayo y parranda de niño. Son editores de periódicos comunitarios, de antologías de expresividad literaria escrita por jóvenes en situación de calle, por privados de libertad, por amas de casas y vecinos que se inscriben en un taller a cielo abierto. Han insistido estos Cuatro gatos en cambiar la dinámica de las oficinas públicas, aunque más de una vez se han sentido derrotados. Apuestan a transformar el mundo con cada granito de arena que puedan sumar a esta tarea de todos.






Como buenos gatos han sido territoriales, no se reúnen, no forman una logia poética, no se leen todas las noches los unos a los otros. Pero la coyuntura, así como lo estratégico los une en un canto que espera sumar la lectura de una ciudad, de un país, de un universo.






Freddy Herrera (1962) es el juglar del verso atropellado, del verso lúdico, que trastoca la rima, que irrespeta la métrica, que es jovial, que con su canto y su alegría dibuja la dinámica de un movimiento de calle que revitaliza la ciudad desde los callejones recónditos del barrio. Sus rimas apuestan a los amores apasionados; a la fiesta, al culto y el poeta se vuelve fenómeno natural, manifestación:



“Rio


Corres como el viento

caballo alado

tras un sueño

(…)”







Alejandro Serrano (1964) decimista de oficio y militante del verso libre, se apropia de ambos recursos para llevarnos a experimentar desde el romance y la prosa poética en un canto, a la ausencia como sensación de pérdida, de duelo. Las ciudades cada día hacen a sus habitantes más solitarios, más melancólicos, pero más profundos a la hora de experimentar los sabores de la soledad. En estos versos se dibujan múltiples ausencias que encuentran desahogo en la poesía



“busco el sueño con premura
para tratar de soñarla
quiero escribirle mil versos
y tengo una hoja blanca.
y todos mis pensamientos
los he dejado en la almohada”






La poeta Lennis Pérez (1968) única mujer presente en este trabajo, trae la fuerza de un verso maduro, amalgamado por la experiencia de trascender el dolor. Su relación en la poesía con la vida y la muerte, con los símbolos oscuros de la ciudad, con el amor y el dolor, con el afecto a los hijos, con la grandeza de la maternidad, pero sobretodo con el compromiso vivo desde la escritura de contribuir con la transformación cultural del país y el continente se hace presente en cada poema:


“Toma el fusil de tu lengua, límpialo con las lágrimas de esos huérfanos, 
de los latinos sacrificados por el confort. Levanta tu cara señora, huele 
el aire y respira el miedo del imperio, los descalzados están despertando 
                        y ahora viajan por toda América del Sur.”






José Javier Sánchez (1970) le escribe a la ciudad, a sus protagonistas y a sus manifestaciones culturales, desde distintas dimensiones. En sus poemas la ciudad trasciende la composición colonial de plaza mayor y dieciséis manzanas, la ciudad se extiende a los márgenes, a las barriadas, a las quebradas. Los ciudadanos son abuelas humildes, borrachos, prostitutas, gatos callejeros a los que rinde tributo”






“Dios te bendiga bella
y borre la vanidad y el machismo
que tú, nuestra ciudad, sigas siendo montaña y río
Montaña firme río en cauce
así como en mi pecho
Ciudad me habitas
mi Ciudad mi Caracas”




Tú, has visto a Cuatro gatos callejeros en recitales públicos, en plazas, en ferias, en festivales. Pero también en el calor de las calles, de las barriadas caraqueñas, en caseríos de Táchira, de Aragua, de Yaracuy, de Lara, de Trujillo, de Nueva Esparta. Visitando las cárceles, llevando sonrisa a los hospitales, en sus voces habita la ternura de los gatos que se hacen millones a la vista de todos, que se multiplican, que no se hacen imprescindibles, pero que están allí, espantando las fieras para que la vida sea más vivible.







El cuarto gato