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miércoles, 7 de mayo de 2014

A los 79 años de Ramón Palomares. Brevísima selección

 
Fotografía: Enrique Hernández de Jesús

  

 

Ramón Palomares

(Escuque, Venezuela. 7/mayo/1935)



Hace 79 años vió la luz del mundo el lenguaje andino hecho hombre, el paisaje andino hecho palabra, la palabra andina hecha aliento.

 

Ramón Palomares resemantizó la voz de la humildad, del campo, de la sierra. Revivió los ancestros y trajo de regreso el habla de los Cuicas, la cadencia del labrador, el misterio que se oculta en la mirada de los difuntos de la sierra andina. 

 

Los licores tienen otro sabor en su poema, caliz de los pájaros, sudor del que cultiva en un frailejón todos los dialectos. 

 

En los territorios de su poesía, los difuntos están más vivos que los hombres. 

 

Su poesía es la poesía del lenguaje, del dialecto, del habla.

 

Ramón Palomares logró y logra en sus poemas, al igual que Juan Rulfo en sus relatos, registrar toda una poética del campo, con la intensión de hacer registro de la grandeza oral de nuestros pueblos.

 

El imaginario es creado, asumido y ejercido por los hombres que fundan con el habla un territorio y Ramón Palomares es protagonista como creador y como poeta del lenguaje de los pueblos andinos.

 

Salve Maestro, tu humildad y tu palabra, en estos 79 años, la cual se ha eternizado en nuestra poesía venezolana y latinoamericana.

 

 

 

 


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MÁSCARAS

 
He aquí que existimos en el límite de la mentira
Que nuestra vida es impalpable
Que estas personas representadas pertenecen
A un dueño de otro orden
Cumplimos cabalmente en escena
Ante el gran público. Así recreamos bajo los astros
Y acudimos a una cita en los vientos
Saliendo al paso de nuestras fiestas.
Nuestro corazón está prestado a otros personajes,
Murmuramos un sueño y nuestros labios no son responsables,
Somos bellos o nobles según la circunstancia.
Nos asalta un delirio azaroso
Y caemos en los escenarios bajo una voluntad extraña.
Y no tenemos vida,
Pues andamos sobre ruedas en un país desconocido
Cuyas flores nos interesan de manera frívola
Y cuyas mujeres nos aman en alcobas de falsedad.
Producimos un fuego y su corazón azul
Crepita con más fuerza que el nuestro
En tanto arden los leños a la manera de sangre.
Nos permitimos ser extraños. Falsos.
Llevar una emoción no sincera.
Mientras andamos, desterramos de nuestro cuerpo
En un interminable paseo

 

 

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ELEGÍA A LA MUERTE DE MI PADRE

 

Esto dijéronme:
Tu padre ha muerto, más nunca habrás de verlo.
Ábrele los ojos por última vez
Y huélelo y tócalo por última vez.
Con la terrible mano tuya recórrelo
Y huélelo como siguiendo el rastro de su muerte
Y entreábrele los ojos por si pudieras
Mirar adonde ahora se encuentra.
Ya los gavilanes han dejado su garra en la cumbre
Y en el aire dejaron pedazos de sus alas,
Con una sombra triste y dura se perdieron
Como amenazando la noche con sus picos rojos.
Las potentes mandíbulas del jaguar se han abandonado
A la noche se han abandonado como corderos
O como mansos puercos pintados de arroyos;
Vélos abrirse paso en el fondo del bosque
Junto a los ríos que buscan su lecho subterráneo.
Y de esos mirtos y de esas rosas blancas
Toma el perfume entre las manos y échalo lejos,
Lejos, donde haya un hacha y un árbol derribado.
Ya entró la terrible oscuridad
Y con sus inexorables potencias cubre las bahías
Y hunde las aldeas en su vientre peludo.
Toma ahora el jarro de dulce leche
Y tíralo al viento para que al regarse
Salpique de estrellas la tiniebla.
Pero aquel cuerpo que como una piedra descansa
Húndelo en la tierra y cúbrelo
Y profundízalo hasta hacerlo de fuego
Y que el vapor se hunda con sus exánimes miembros
Y que su fuerza descoyuntada desaparezca
Como en el mes de mayo desaparecen algunas aves
Que se van, errantes, y nadie las distinguirá jamás.
La joven vestida de primavera,
La habitante en colinas más verdes,
La del jardín más bello de la comarca,
La del amante de las lluvias;
La joven vestida de primavera se ha marchado,
Inconstante, como los aires, como las palomas,
Como el fuego triste que ilumina las noches.
Así pues:
Que tus manos no muevan más esos cabellos,
Que tus ojos no escudriñen más esos ojos,
Pues se cansa el caminante que en la cumbre se detuvo
Y que el camino no pudo determinar su fin.
Pon sobre los lechos tela limpia,
Arrójate como el vencido por el sueño
Y como si fueras sobre los campos, sobre los mares,
Sobre los cielos, y más, y más aún:
Duérmete, como se duerme todo,
Pues el limpio sueño nos levanta las manos y nos independiza
De esta intemperie, de esta soledad,
De esta enorme superficie sin salida.
Dijéronme:
Tu padre ha muerto, más nunca habrás de verlo.
Abréle por última vez los ojos
Y huélelo y tócalo por última vez:
Como se toca la flor para la amada, así tócalo;
Como se miran los extraños mundos de un crepúsculo, así míralo;
Como se huelan las casas que habitamos un tiempo, así huélelo.
Ya los zamuros se retiraron a las viejas montañas
Y también los lobos, las serpientes,
Y no saldrán hacia los claros bellos de la luna
Y no escucharán el canto de las estrellas silvestres
Y no detendrán el suave viento que mueve las hojas.
Voltearon y se fueron y ya no quieren más las claridades,
Las claridades que bailan serenamente en las copas.
Ya las flores nacidas anoche,
Como el lirio, como la amapola, como la orquídea blanca;
Las flores nacidas anoche han desaparecido
Y sólo cuelgan con olores tristes de los gajos.
No mires más a los arroyos que se llevaron las aguas,
Las de ayer, las de hoy, las de ahora mismo,
Y por la lejanía no dejes vagar tu mirada
Acuciada por el dolor de los pájaros presos,
Por el dolor de quienes dejaron partir a la amada,
Por el dolor de quien no puede marchar más nunca a su país.
Hace poco tiempo han pasado ante tus ojos
Sobre la tarde gris, por el cielo inhóspito,
Ciertas aves migratorias llenas de tristeza. 






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DICE QUE YA NO LE HACEN FALTA FLORES

                                                    A Baica
 

Dice que ya no le hacen falta flores que paqué 
Que se las guarden pa la fosa —dice
Que se las lleven a la Inmaculada —dice
 —Yo No 
     A mí no 
 
 Por eso está cortando todo
                                          Por allí por allá
 
 No deja nada con cabeza
                Los almendrones se pusieron blancos cuando
                                                        pring!
 
                comenzó a darles encaramado en la escalera                 
                                               El que vive envenenado 

 —A las gallinas 
     Al perro 
     A las matas de rosa 
     A todo A todo lo voy a fregar —dice 
 
 —Paqué flores 
     Paqué tanto animal  
     Pa puro echar jaretas! 
 
     Y Pring,
 
     Suena el machete en la ramita
 
     Corta el filo y en el tronco 
 
 —Que se friegue todo 
     Que se fuña
 
     Y ya en la casa no es más que afanar 
     Y corta que te corta
                                      Y "¡Bajemeeso!"
 Y "¡Tumbemeeso!"
 
 "Qué caray"


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Pajarito que venis tan cansado 


Pajarito que venís tan cansado
y que te arrecostás en la piedra a beber, decíme:
¿no sos Polimnia?
Toda la tarde estuvo mirándome desde no sé donde

Toda la tarde

Y ahora que te veo caigo en cuenta:
venís a consolarme.
Vos que siempre estuviste para consolar
Te figuras ahora un pájaro ¡ah pájaro esponjadito!
Mansamente en la tierra y por la hierbita te acercás:
"yo soy Polimnia" y con razón que una luz de resucitados
ha caido aquí mismo.
Polimnia riéndote,
Polimnia echándote la bendición.
Corazón purísimo.
Pajarito que llegas del cielo,
figuración de un alma.
Ya quisiera yo meterte aquí en el pecho,
darte de comer, meterte aquí en pecho,
Y que te quedaras allí
Lo más del corazón